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miércoles, 31 de julio de 2019

De foto-espeleo en la Sima del Bancal de la Nevera (Tragacete)


Seguimos ganando metros. Descendiendo cada vez un poco más abajo. Si en la última sima a la que bajamos (Sima del Tío Feliciano) se llegaba a una cota de 78 metros bajo la superficie, esta vez hemos sumado 20 metros más de descenso, hasta la cota -98 metros que es el punto más bajo de la sima del Bancal de la Nevera (también llamada Sima de Peña Hundida).


En esta ocasión formamos un grupo de 5 personas para llevar a cabo una sesión de espeleo-fotografía. Para esta misión estábamos: Edu (el cámara), Jorge, Javi, Hermano Errante y yo.

Nos desplazamos hasta el refugio de la Alconera en dos coches (un turismo y un todo-terreno), y allí dejamos aparcado el turismo para meter todo el material y apretarnos en el todo-terreno que nos acercaría hasta la boca de la sima. Desde el refugio de la Alconera parte el camino que debemos seguir durante unos 2 kilómetros, y que forma parte del GR-66, con lo cual está marcado con franjas roja y blanca. Este camino pasa por la boca de la sima y desciende hasta el pueblo de Tragacete, que está bastante cerca. Estamos al Norte de la Muela de la Madera, en las inmediaciones del Cerro de la Bandera, de 1.794 metros.

Una vez aparcado el todo-terreno, sacamos todo el material y preparamos el ataque a la sima.

Aprovecho para explicar una circunstancia que quizá no sea muy conocida y, sin embargo, puede dar un buen susto a alguien. En Cuenca, desde hace un par de años se vienen dando casos de disminución de oxígeno en algunas simas, sobre todo en época estival. Miembros del Grupo de espeleología conquense ARA, durante una jornada de tecnificación para sus nuevos integrantes, se dieron un susto en la Sima de las Palomas al bajar con un cursillista que, en la base del pozo comenzó a tener problemas de respiración, dado que era asmático. Salieron de la sima sin problemas y pidieron a la Federación Castellano Manchega de Espeleología y Cañones un medidor de oxígeno para registrar los valores de esa cavidad y de algunas otras. Se determinó que había una concentración de oxígeno menor de la que debería haber, a pesar de ser una sima de amplia boca y bien ventilada. A raíz de ahí se llevó el medidor a otras simas y cuevas de la provincia resultando que, algunas de ellas en época estival, pierden concentración de oxígeno y su aire se vuelve enrarecido y casi 'mortal'. Sin ir más lejos, Jorge (que nos acompañaba en esta salida) nos contó que este año, sólo 5 metros más abajo de la boca de la Sima de Tierra Muerta la concentración de oxígeno es muy baja; tanto como para dejarte KO en solo unos pocos minutos. Hay que tener cuidado con esto y, si al comenzar a descender a una sima nos falta el aire o notamos que no podemos respirar con normalidad, hay que salir rápidamente y dejar la actividad para otra época. Si queréis echar un vistazo al estudio en diferentes cavidades, os dejo aquí un enlace: https://www.fcme.org/mediciones-02-cavidades-provincia-cuenca-21-24-agosto-2017/

Menos mal que Jorge, que es un tipo precavido, se trajo un detector de oxígeno que compró por su cuenta, y que el primero que iba montando la instalación (que fue Hermano Errante) se lo enganchó entre sus aparatos para que, en caso de que el oxígeno bajase de una cifra prudente y el medidor comenzase a pitar, pudiera dar la alarma y abandonásemos todos la cavidad. Por suerte, esta sima tiene unos valores de oxígeno normales (entre un 19,1 y un 19,6%) en todo su recorrido y no hubo ningún problema. El medidor también controla temperatura y humedad. En este caso la temperatura oscilaba entre 9 y 10 grados centígrados, con una humedad superior al 90%. Fresquito que notamos durante las esperas para hacer las fotos...

Topografía de la Sima del Bancal de la Nevera (o Peña Hundida) realizada por la Asociación Espeleológica Conquense Lobetum en 1.985. Ésta imagen es la re-edición hecha por el Grupo Espeleológico Viana y está sacada de su página web.

Vamos al lío. Ya, con el traje de faena puesto y todo el material cargado en las sacas, nos hacemos la foto de grupo:

De izquierda a derecha: Javi, Jorge, Edu, Hermano Errante y yo.

Y nos dirigimos al sendero que nos lleva a la boca de la sima. Hay que andar unos 200 metros por el GR-66 desde donde hemos dejado el todoterreno, ya que aquí se convierte en un sendero poco marcado.

Vídeo de la boca de esta sima mientras preparábamos el material para entrar.

Una vez en la boca, Hermano Errante se pone a montar la instalación.

Hermano Errante comenzando a montar mientras Edu va tirando ya alguna foto.

Boca de entrada vista desde otro lado.

Hermano Errante montando mientras Edu hace alguna foto. Lleva el medidor de oxígeno, por si acaso.

Una vez me da el libre, le sigo y comienzo mi descenso, luchando contra los miles de mosquitos que pululan por la boca de la sima. Después de pasar el primer fraccionamiento, doy el libre a Javi, que comienza a descender detrás de mí.

Vamos pasando fraccionamientos y bajando metros, hasta la repisa, a 50 metros de la boca, donde hay que montar un pasamanos de seguridad y anclar otra cuerda para bajar la última tirada de 19 metros hasta la base del pozo de entrada. Hago estas dos fotos a Hermano Errante mientras monta el último fraccionamiento:

Montando el anclaje para la última tirada de cuerda hasta el fondo del pozo de entrada.

Salida de la repisa a -50 metros.

Y aprovecho el descanso en la repisa para grabar este vídeo:



Vídeo grabado desde el pasamanos de la repisa, a -50 metros.


Desde aquí se baja en un rápel espectacular hasta la base del pozo de entrada, que es una rampa muy empinada donde los primeros exploradores de esta cavidad (la gente de la Asociación Espeleológica Conquense Lobetum, a la que pertenezco) tuvieron que meter una motosierra, ya que estaba taponada por un montón de troncos de árboles que habían caído antaño a la sima. Aquí, durante unas Jornadas espeleológicas organizadas por Lobetum, hace años se encontró un tesoro. A ver, os lo explico. En esas jornadas, un miembro de Lobetum encontró en este punto un botón de oro. Extrañados, se pusieron a buscar más objetos brillantes encontrando semienterrado un trozo de tela con hilos de oro y plata. En el cercano pueblo de Tragacete, en años de la Guerra Civil, un vecino del pueblo 'robó' el manto de la Virgen que hay en la iglesia de dicha localidad, con la intención de salvarlo de posibles represalias por parte del bando rojo, y lo tiró a la sima más profunda de la zona. Ese fue el único dato que dicho vecino aportó antes de morir, y aquello quedó en el olvido durante muchos años. Pues bien, el botón y el trozo de tela que encontró la Asociación Espeleológica Lobetum en esa ocasión, era parte del manto desaparecido en la Guerra Civil. En un acto oficial hicieron entrega de su hallazgo al pueblo de Tragacete, a quien pertenece el tesoro.

Aquí grabé el siguiente vídeo de Javi mientras bajaba la última tirada de cuerda:

Vídeo desde la base del pozo de 69 metros de entrada, desde donde se ve la claridad de la boca.

Ya aquí, fue donde nos quedamos fríos los tres primeros que habíamos bajado (Hermano Errante, Javi y yo). A parte de estar incómodos, manteniendo el equilibrio sobre una empinada rampa de barro con piedras y troncos empotrados, al estar inactivo en un ambiente con tana humedad, te hielas muy rápido. Mientras, Edu y Jorge hacían algunas fotos arriba, lo cual lleva su tiempo... eso sí, merece la pena.

Os dejo una de esas fotos espectaculares que Edu se curró en la sesión.

Fotaza de Edu a Jorge mientras pasaba los primeros fraccionamientos.

Al rato ya estamos todos en la base del pozo, pero al bajar Edu, quiere hacer una foto desde este punto, por lo que Hermano Errante se ve obligado a trepar unos 10 metros de cuerda para colocarse como modelo, y los demás porteamos los flashes y permanecemos fuera de plano.

La foto que sale de este punto es espectacular también...

Foto realizada por Edu desde la base del pozo de entrada. De modelo, colgado en la cuerda, Hermano Errante.

Una vez hecha la foto, comenzamos a descender por la rampa. La base del pozo de acceso se encuentra a 69 metros bajo la boca, pero esta rampa desciende hasta los - 90 metros aproximadamente. Hay que tener cuidado con esta rampa, ya que resbala mucho. Conforme vamos bajando, vamos viendo las primeras formaciones calcáreas de esta cavidad.

Formas gibosas en la pared derecha al final de la rampa.

También se ve algún tronco empotrado, a unos 15 metros sobre nuestras cabezas, dando fe de que se trata de una cavidad susceptible de inundarse.

Formaciones al final de la rampa.

Avanzamos un poco más, hasta situarnos encima de un pozo con agua cristalina que es el punto más bajo de la cavidad. A este pozo no descenderemos. Es más, vamos a hacer lo contrario. Vamos a escalar.

Jorge en la parte final de la escalada de 20 metros para acceder a los lagos colgados.


En este punto las paredes se estrechan y, donde parece que termina la cueva, tenemos que realizar una trepada de unos 20 metros entre formaciones y troncos empotrados y calcificados. Jorge, que ya había estado anteriormente en esta cavidad, se ofrece a subir el primero y colocar una cuerda de seguro arriba. Si bien la cuerda no es necesaria, da bastante seguridad a la hora de trepar este tramo, donde una caída tonta podría causar un grave accidente.

Tras Jorge vamos subiendo uno a uno. Esta trepada te lleva a un par de lagos colgados. El primero es corto y se supera en oposición sin dificultades, ya que aquí las paredes se estrechan bastante. El segundo lago, tiene colocados 3 spits (agujeros con un taco metálico roscado en su interior) para montar un pasamanos, ya que las paredes están algo más alejadas. Jorge se encarga de esta tarea.

Tras él, paso yo y después me sigue Javi. Una vez pasado el lago sin mojarnos, Javi y yo nos quedamos escondidos tras un recodo mientras Edu hace algunas fotos a alguien en el pasamanos.

Este sería el punto más alejado de la boca de la sima al que llegamos, y allí las paredes eran 'coliflores' como las que se muestran en las dos siguientes fotos:

Detalle de la forma de las rocas en la parte final de la sima.

Todo este rincón de la parte final de la sima tenía esta textura.

En este punto había una trepada bastante expuesta y delicada que da acceso a una pequeña galería superior, pero ya estábamos contentos con haber llegado hasta aquí, y no nos arriesgamos a subir.

Tras esto, tocaba volver a hacer el pasamanos (que te pone bien fuerte si no quieres tocar agua), destrepar los 20 metros con cuidado, subir por la empinada rampa y enfrentarse a los 69 metros del pozo de entrada, subiendo palmo a palmo.

Sube Edu primero, le sigo yo, detrás sube Javi y desmontando suben Jorge y Hermano Errante. En total estuvimos cerca de 5 horas en la cavidad, aunque no descendimos al pozo ciego que hay paralelo a pozo principal, ya que la instalación es muy antigua.


Foto que me hizo Edu en el tramo final de la subida.
Pulsar sobre la imagen para ampliar y ver la gran cantidad de mosquitos que hay a la entrada de la sima.

Javi saliendo de la cavidad.
Y nada, ya tenemos otra sima más apuntada en la lista y otro mundo subterráneo impresionante para mostrar con fotografías.

De esta sima si hay vídeos en Youtube, pero como el blog no me deja subir vídeos de más de 100 megas, he subido el vídeo entero ahí. Lo podéis ver en el siguiente link: https://youtu.be/2R2fTTDXUrU

Y nada... ya estamos pensando en la siguiente. ¿Cuál será? Estén atent@s y en unos cuantos días lo sabrán. ¡Hasta la próxima!

viernes, 21 de junio de 2019

Sima del Tío Seis Dedos, en Tragacete

Volvemos con otra aventura subterránea, cada vez profundizando un poco más en cada sima que visitamos. 

En esta ocasión, el sábado pasado, Hermano Errante y yo nos presentamos en la boca de la Sima del Tío Seis Dedos, cercana a la localidad de Tragacete, con el objetivo de descender los 78 metros de esta cavidad que consta de dos pozos: uno de entrada de 20 metros, y otro de 50 metros. Si bien, según la crónica de la reequipación que hizo el Grupo Espeleológico Viana en 2015, puede que esté mal medido y el pozo inferior, al que se le otorgaban 50 metros de desnivel, quizá tenga algún metro más (dicen que debe rondar los 60, así que hay que tenerlo en cuenta al preparar las cuerdas para llevar a esta cavidad), ya que con la cuerda que llevaban no les cuadraba esa cifra de 50. Están pendientes de re-topografiar la sima para medirla mejor, pero vamos, que ronda los 80 u 80 y pocos metros de desnivel total desde la boca de entrada. En esta entrada me referiré a este pozo como "el pozo de 50" aunque tenga más metros de los reflejados en la topografía.

Esta sima se encuentra a un lado del camino que pasa por la puerta del Refugio de la Alconera y sigue hacia el Norte hasta el Vasallo de Tragacete (donde hay un área recreativa). Se puede llegar hasta ella sin tener que depender de un todoterreno, ya que el camino está aceptable para llevar un turismo (aunque se acaba bastante harto de ir a 30 kilómetros por hora esquivando baches constantemente...). La sima se sitúa en el llamado Barranco de Cuenca, y sale indicada en el mapa de IGN, como se muestra en la siguiente imagen (aunque no sale indicado el nombre):



Aquí está el mapa con un cuadrado rojo señalando la boca de esta sima. Al sur queda el refugio de la Alconera.
Pulsar para ampliar.

Pues bien, una vez tenemos el coche aparcado, nos ponemos todo el material y nos dirigimos a la boca de entrada, un pozo de 20 metros con mucho musgo y una miríada de mosquitos a refugio del calor.

Hermano Errante monta la cuerda de seguro de 50 metros a una roca con dos anclajes. Desde ahí, ya asegurado, se va acercando a la vertical de entrada, re-asegurando con una cinta la cuerda a un pino que hay cerca de la boca. De ahí, ya se empieza a bajar hacia la vertical, donde se anuda la cuerda en "Y" a dos anclajes que se encuentran en la repisa de entrada. Este primer pozo se baja en volado y del tirón, sin pasar fraccionamientos.

Ya está montada la cabecera. Mi turno para empezar a bajar.

Una vez baja, meto la cuerda por mi descensor y le sigo. Los mosquitos son un incordio, y deseamos pasar este tramo lo más rápido posible. Una vez abajo, grabo este vídeo del pozo de entrada:

Pozo de 20 metros que da entrada a la Sima del Tío Seis Dedos.



Tras este primer pozo, tenemos que montar un pasamanos de aproximación a la cabecera del pozo de 50 metros que nos llevará al fondo de la sima.

Aquí dejo un par de vídeos de Hermano Errante currándose el pasamanos con la misma cuerda con la que habíamos bajado el primer pozo. Hay alguna pequeña estalactita, formaciones conocidas como 'dientes de perro' y bastantes mosquitos aún...


Montando el pasamanos de aproximación.


Espeleotemas de esta primera parte de la sima. Los llamados "dientes de perro" junto con algunas estalactitas.

Aquí hay otro vídeo de Hermano Errante terminando de montar el pasamanos al que hay que asegurarse para poder alcanzar la cabecera del pozo, que se ancla en 'Y' al techo.



Cabecera del P-50.


Para bajar este pozo, montamos la cuerda de 80 metros que tenemos, y la re-aseguramos al último anclaje del pasamanos para que, en el improbable caso de que saltasen los dos anclajes del techo, siguiéramos asegurados y no cayésemos al vacío (más adelante se ve el montaje ya terminado en otro vídeo).

Hermano Errante baja. Es una tirada larga (de 35 metros, más o menos la altura del Puente de San Pablo), con lo cual tengo que esperar un buen rato hasta que llega al primer punto donde hay que fraccionar. Se pasa de largo el anclaje, y unos 8 metros más abajo se da cuenta. Cambia los cacharros para subir esos 8 metros, ancla la cuerda a ese fraccionamiento para evitar que roce, y me grita "¡Libre!" para que yo comience a bajar ese tramo de cuerda hasta el fraccionamiento.

A pesar de no bajar muy rápido, el descensor coge bastante temperatura debido al roce con la cuerda.

La última sima que hicimos (entrada anterior) se desarrollaba en una grieta, y la sensación de estar pendiendo sobre el vacío no es tan grande como en esta sima del Tío Seis Dedos, donde la anchura y la profundidad del pozo sobrecogen y hacen que bajes más tenso. Aquí vas bajando 'en volado', es decir, lejos de las paredes, hasta el tramo donde se fracciona por primera vez, donde hay un pequeño estrechamiento tras pasar por una repisa de calcita. Mientras vas bajando ves coladas impolutas y brillantes cubriendo las paredes.

Pasado este fraccionamiento, hay que bajar otra tirada hasta el siguiente. Aquí, he de añadir que la instalación está en muy buen estado y montada en lugares bien escogidos. Nosotros solo fraccionamos este pozo dos veces, para evitar roces, pero hay otros dos fraccionamientos que son opcionales. Estos fraccionamientos opcionales se pueden usar al bajar mucha gente, para agilizar la progresión, pero en realidad fueron concebidos para evitar mojarse, pues esta sima es bastante húmeda durante todo el año, y en la parte final hay un chorreo de agua constante. Nosotros íbamos un poco justos de mosquetones para los fraccionamientos, así que, desde un principio teníamos pensado saltarnos esos fraccionamientos opcionales aunque acabásemos mojados luego mientras salíamos. Si bien es verdad, que luego no nos mojamos tanto...

Bueno, pues tras pasar el último fraccionamiento me reúno con Hermano Errante en la base del pozo. Ya hemos llegado al final. Ésta sima no tiene recorrido horizontal. Una vez se llega abajo, se ve lo que muestra el siguiente vídeo...


Vídeo del fondo de la sima, donde muere abruptamente en una fisura por la que se filtra el agua del constante goteo.


Y otra vez para arriba. Ahora toca paliza...


Subo yo primero, y Hermano Errante se queda esperando a que pase el primer fraccionamiento para seguirme e ir desmontando la instalación (recogiendo los mosquetones que hemos ido poniendo, deshaciendo los nudos de la cuerda y guardándola en la saca). Le doy el 'libre' tras pasarlo y sigo.

La subida, al ser tiradas largas, se hace eterna, pero poco a poco, palmo a palmo, vamos ascendiendo metros. Si bien es verdad que al empezar a subir la cuerda 'chiclea' (rebota) mucho y parece que no se avanza casi, pero luego ya te ves colgado de la cuerda en medio de un vacío del que no ves ni el fondo ni la salida, y te das cuenta de que sí has avanzado, sí. También lo indican los músculos, que se van cargando un poquito a cada 'pedalada' que damos para ascender.

Durante el ascenso vamos gritándonos tonterías de vez en cuando, silbando, tarareando alguna canción o hablando cada uno consigo mismo... éstas son técnicas para quitarte presión de encima. Para olvidarte de que estás colgado de una cuerda de la que depende tu vida, y que si algo fallase, seguramente no saldrías vivo de aquel sitio. Distraemos la mente del miedo, pues el miedo no es buen compañero en estos viajes. Y además, nos echamos unas risas.

Tras un buen rato ascendiendo, me planto en la cabecera del pozo de 50 metros (más bien 60, como dijimos al principio de la entrada que aseguraban los del Grupo Viana... yo les creo), con este careto: 


Quizá éste sea uno de esos momentos en los que piensas fugazmente: "¿Para qué cojones me habré metido yo aquí?",
pero luego quieres más...

Ya me he quitado de en medio la parte más cansada de esto. Me anclo al pasamanos y espero a Hermano Errante mientras grabo algunos vídeos, como éstos:


Informe de situación, ya anclado al pasamanos.


Aquí, grabando cosas y diciendo tonterías, mientras mi hermano sube...

Hasta que veo la luz de Hermano Errante que ya se acerca a la cabecera:


Hermano Errante llega a la cabecera del pozo.

Cambiamos de saca en la rampa que da acceso al pozo de salida. Ahora voy a subir yo el tramo de 20 metros de salida cargado con la saca que lleva la cuerda de 80 metros que hemos usado en el pozo de 50, y Hermano Errante va a desmontar el pasamanos y ensacar la cuerda de 50 metros en la otra saca mientras asciende este pozo de salida.


Pozo de salida. Recuerda, por la forma y el abundante musgo, al de la Sima de las Palomas.

Subo, me peleo con los mosquitos de nuevo en la cabecera del pozo de entrada, y salgo al exterior, donde grabo este par de vídeos mientras Hermano Errante sube:


Informe de situación, ya en el exterior.


Hermano Errante sube desmontando la cabecera del pozo de entrada.

¡Y, ya está! Hemos bajado a 80 metros bajo la superficie y hemos vuelto para poder mostrar en esta entrada la Sima del Tío Seis Dedos (aunque, en realidad, lo hacemos por diversión, y no por el blog).

Otra más para apuntar en la lista.


Nos hacemos el, ya típico, selfie post-espeleo:


Selfie post-cavernadrio de los Hermanos Errantes.


Y vuelta al coche... que por una vez, está a un paso de la boca de la cavidad.

La topografía se puede encontrar en la página del Grupo Espeleológico Viana, quien la reeditó (dejo aquí el enlace). La original es del año 1979 y la llevó a cabo el desaparecido Grupo Espelelógico conquense ONZA.


También, como vengo haciendo últimamente, he subido un vídeo a YouTube con todos los vídeos que hay repartidos por esta entrada. Podéis verlo en este enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=_QrKvPuBMps&feature=youtu.be

Y para la siguiente, ya tenemos echado el ojo a otra sima cercana a ésta, la del Bancal de la Nevera, que próximamente será protagonista de alguna entrada de este blog...

¡Hasta entonces, lectores errantes!

sábado, 22 de diciembre de 2018

Aguantando la ventisca en la Herrería de los Chorros (Tragacete)

Otra entrada fría. Otra entrada con nieve. Mucha nieve. Por algo ayer entramos oficialmente en el invierno... ¿no? Pues frío es lo que toca.

De todos modos, esta entrada será escueta. No tengo mucho material gráfico para ilustrarla, porque ésta no fue una ruta larga. Fue más bien, otro Plan B de esos de los que tienes que tirar cuando falla el Plan A.

El Plan A, era llegar a Calomarde (Teruel) para hacer una ruta allí, pero las quitanieves no habían despejado en esta ocasión el Puerto del Cubillo y tuve que improvisar...

Así que, me planté pronto en el puerto del Cubillo, dejé mi coche en la explanada que hay encima justo de la Herrería de los Chorros (más adelante la carretera estaba casi intransitable), y crucé la carretera para coger un camino que bordea el Cerro de Archilla, a ver qué me encontraba por allí... y me encontré paisajes como éste:

La nevada nocturna había dejado esta bonita estampa.
En este momento no nevaba, pero por allí al fondo se veían nubes revoltosas que luego vendrían en mi dirección.
En el centro de la imagen el Cerro de San Miguel.

El camino iba ascendiendo poco a poco y el espesor de la nieve era de unos 6 - 8 centímetros. No se andaba mal y tampoco hacía viento. La tranquilidad y el silencio que se extendían como el manto blanco de nieve, sólo se veían perturbados por algunos graznidos de un par de cuervos que andaban por la zona haciendo de las suyas.

Al fondo se vislumbra parte del Cerro de la Bandera. Las nubes se movían rápidas alternando claros con momentos de nubosidad total. Los vientos en altura parecían ser muy fuertes, pero a ras de suelo el aire estaba en calma.

Seguí caminando, bordeando el Cerro de Archilla, hasta que apareció un camino poco marcado a mi derecha que comenzaba a ascender hasta la meseta que forma la cumbre de este cerro. En la subida me paré a tomar esta foto, que me gusta mucho:

Cielo sobreexpuesto y suelo subexpuesto. Entre nubes y nieves.
Me encantan este tipo de fotos en la nieve. Las llamo: "Fotos de Sol Invernal" o "Sol Polar de Medianoche".
La subida no era pronunciada. Poco a poco iba ganando altura y viendo más porción de cielo, que me indicaba que por el Norte venían nubes bajas a gran velocidad.

Llegué al llano de la meseta en que se convierte este cerro en su zona superior y busqué un punto donde hacer una parada y grabar un time-lapse.

Panorámica desde la meseta superior del Cerro de Archilla, enfocando hacia el Sur de mi posición. Por el Norte ya venían nubes de ventisca, de modo que puse la 'action cam' a grabar un time-lapse. Abajo, ligeramente a la derecha se puede ver la carretera que sube por el puerto del Cubillo, el caserón de la Herrería de los Chorros y el lugar donde aparqué mi coche. Pulsar imagen para ampliar.

Estaba en un llano y no había donde refugiarse, de modo que me abrigué al máximo y me quedé de pie esperando a que las nubes que venían muy veloces desde el Norte se encontrasen conmigo.

Como decía el montañero ruso Anatoli Bukreev: "Sinceramente, no siento miedo cuando estoy en las montañas. Por el contrario… siento como mis hombros se yergen, se ensanchan; como los pájaros cuando extienden las alas, disfruto la libertad y la altitud. Sólo cuando vuelvo a la vida del llano siento el peso del mundo sobre mis hombros."

Esperando la ventisca. Ya se ve que por los cerros del fondo estaba descargando la nevada.

Grabé tres vídeos desde aquí mientras aguantaba el frío: la ventisca acercándose, la ventisca pasando sobre mí (grabada en un time-lapse) y finalmente la ventisca siguiendo su camino tras haber pasado sobre mí. He unido esos tres vídeos en uno solo. Le he puesto música para ambientarlo y, además, el vídeo dura poquito (1 minuto). Lo he llamado: "Antes, durante y tras la ventisca". Echadle un ojo:

Cuando subí a la cima amesetada de este cerro, no esperaba ver el espectáculo que iba a ver... y me encantó.
Una ventisca de nieve pasando sobre mí en un lugar elevado, totalmente expuesto y sin ninguna protección posible.
La música es de Soulfly - "Arise Again".

Otro vídeo mostrando cómo se aleja la nube que había pasado sobre mí.

Tras la tormenta, mientras aún volvía la calma, hice  esta foto al darme cuenta de que había huellas de cabra montés justo al borde del precipicio cercano a donde había estado grabando los vídeos. Esta foto me encanta. Aún se ven los últimos copos cayendo a contraluz:

En la nieve, a la izquierda se pueden observar huellas de cabra montés, aunque ese día no vi ninguna...
Al fondo, la nube de ventisca que había pasado sobre mí sigue inexorablemente su camino en dirección Norte-Sur.
Una vez había pasado el espectáculo, ya sólo quedaba bajar de nuevo al coche y, como me gusta el riesgo, lo hice por el sitio más directo que pillé, salvando el desnivel de unos 250 metros mientras bajaba resbalando sobre la nieve que acababa de posarse en la inclinada pendiente. De hecho, sufrí una caída sin consecuencias ya casi llegando al final de la bajada, en un tramo de piedras sueltas bajo la nieve.

El recorrido, aunque cortito, me dejó con muy buen sabor de boca tras haber visto como un frente helado de veloces nubes cargadas de nieve pasaba sobre mí. Una experiencia fantástica, siempre que te pille bien abrigado, claro...

Dejo por aquí el mapa del recorrido, con un punto azul marcando el sitio aproximado desde donde grabé la ventisca.

Saliendo de la Herrería de los Chorros, seguí un camino que bordea el Cerro de Archilla hasta encontrar un camino que sube hasta su amesetada cima, desde donde grabé el time-lapse y los vídeos que le acompañan

Y, ya está. Con esto, me despido hasta la siguiente... que será ya el año que viene... ¡Ciao y felices fiestas!

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Subida en nieve por la Umbría del San Felipe

¡Abríguense que viene nevando!

En la entrada que hoy nos ocupa, vuelvo al frío. Vuelvo a las alturas. Vuelvo a una de las cimas de más de 1.800 metros de la provincia de Cuenca. Vuelvo al Cerro San Felipe, con nieve. Mucha nieve.

Ya había subido un par de veces antes a esta cumbre, pero nunca lo había hecho en invierno, en solitario y con casi un palmo de nieve en algunos puntos... así que, a comienzos de febrero me dirigí a Tragacete para intentar la subida al Cerro de San Felipe, por la umbría.

Este sendero viene marcado como PR-CU-79 (ruta de San Blas, San Felipe y Río Cuervo) y partiendo desde el Albergue de San Blas llega hasta el nacimiento del Río Cuervo.
Yo no lo hice integral sino que, saliendo desde el mismo pueblo de Tragacete, pasé junto a el Albergue de San Blas, crucé el estrecho de San Blas, fui en dirección al Estrecho del Infierno (donde nace el río Júcar) y de ahí comencé la subida por la Umbría del San Felipe hasta la cumbre, desde donde tomé un "atajo" para bajar por el camino de las Acebeas de nuevo hasta el pueblo, convirtiendo así la ruta lineal propuesta en la homologación de este sendero PR-CU-79 en una ruta circular, saltándome el final en el nacimiento del Río Cuervo (lo tengo muy visto ya). Este sendero es muy deportivo y salva un importante desnivel, por lo cual esta ruta está catalogada como ruta de dificultad media-alta. Aproximadamente el 80% del recorrido de este sendero se halla a más de 1.500 metros de altitud sobre el nivel del mar.

Esta ruta es muy conocida y transitada, lo que no es tan común es que alguien vaya a hacerla con casi un palmo de nieve, a algún grado bajo cero y en pleno febrero. Ya, bueno... y, ¿qué le voy a hacer, si no me gusta lo común?

Al ser una ruta bastante conocida, y de la que se puede encontrar fácilmente información en internet, no me extenderé en demasía con el texto explicativo.

Bien, empecemos.

Así estaba el panorama en las inmediaciones de Huélamo, a 12 kilómetros de Tragacete, donde tenía que llegar.

Creo recordar que en esta ocasión quería subir a hacer una ruta por el barranco de la Hoz, en Calomarde pero, al parecer, el Puerto del Cubillo iba a estar intransitable, y pensé en un Plan B.

Ese Plan B consistía primeramente en intentar llegar a Tragacete. Esta parte del plan era complicada de llevar a cabo con un deportivo por carreteras serranas donde aún no había pasado ninguna quitanieves... pero finalmente la llevé a cabo sin incidentes.

Una vez en Tragacete, sólo había que aparcar el coche en donde sale el camino que conduce a el Albergue de San Blas y comenzar a andar.

Esta primera parte del recorrido se hace sobre una pista asfaltada hasta que se pasa junto al Albergue de San Blas, donde ya la pista es de tierra. Aunque, en estas condiciones, todo era nieve...

Acercándome al Estrecho de San Blas tras haber pasado junto a el albergue del mismo nombre. Por aquí aún había rastros de gente que había paseado por la zona. Más adelante tuve que abrir huella durante todo el camino.

Alma Errante equipado para el asalto al Cerro de San Felipe.

Tras este estrecho ya no había huellas de gente. A partir de aquí tendría que abrir huella durante todo el camino, con lo que cansa...

Un impoluto manto blanco de silenciosa nieve cubría todo a mi alrededor. Tan solo se oía el lejano silbido del viento y mis pasos aplastando agua helada bajo mis botas. Todo era quietud, hielo y nieve. Todo era paz.

Todo estaba quieto, silencioso y blanco.

Durante toda la ruta estuvo nevando.

Las nubes se tragaban la luz solar y la nieve caía mansamente antes de comenzar la empinada subida. Foto subexpuesta.
Sol de invierno. Fotografía subexpuesta.

Ya estaba cerca del Estrecho del Infierno y debía coger un camino que sale a la izquierda y que inmediatamente empieza a ganar altura. Este camino nos conduce a la Umbría del San Felipe y de ahí a la cima. Son unos 2,5 kilómetros de dura cuesta arriba. La nevada arreciaba por momentos.

Metido en faena, comenzando la subida, la nevada cogió algo de intensidad.

Ya había recorrido más de un tercio de mi ruta. Ahora quedaba lo duro: salvar el desnivel (unos 400 metros) hasta la cumbre.

Mapa del recorrido realizado en esta primera parte de la ruta. Pulsar la imagen para ampliar.

En algunos ventisqueros me hundía casi hasta la rodilla, pero la verdad es que esperaba que hubiese más nieve de la que había. Eso sí, avanzar abriendo huella cansa un montón... y cuesta arriba, más. Además, parar significa quedarte frío en poco tiempo. Te tienes que estar moviendo constantemente.

En la Umbría de San Felipe hice una breve parada para descansar y continuar del tirón hasta la cima. Por aquí ya era todo pino albar, y el camino se había convertido en una estrecha vereda que, a veces, se perdía entre montones de nieve y me hacía dar un rodeo buscando la continuación.

En esta zona ya apenas nevaba. De todos modos, los frondosos pinos albares me resguardaban del viento y los copos.

"Quien a buen árbol se arrima..."
Ya estaba casi llegando a la arista cimera, pero aún debía cruzar ventisqueros y pedregales helados hasta llegar al vértice geodésico, que indica que ya estás en lo más alto.

El siguiente vídeo muestra algún tramo de la subida, el cruce señalizado en el Estrecho del Infierno, la nieve que había en la subida y la llegada final a la cumbre. Todo ello con musiquita para ambientar:

Vídeos grabados con la 'action cam' durante la subida al Cerro San Felipe.
La música es de Skyhook. El tema se llama 'Pont Aeri'.

Una vez en la cima, me hice este selfie:

Selfie en la cima. Casi pierdo la barba por congelación... jajajaja

Y, ya de paso, grabé un vídeo panorámico de toda la zona nevada.

Vídeo panorámico desde la cima del Cerro de San Felipe con nieve.

El paisaje, con toda esa nieve, era realmente increíble. El viento azotaba la cumbre y, tras unos 10 minutos en ella, comencé el descenso. Recordad esto siempre: "la cumbre es sólo la mitad del camino". Nadie vive en una cumbre. Una vez ascendida, hay que bajar. Y, ahí es donde está esperando el peligro... y más con nieve.

En lugar de volver por donde había venido, decidí avanzar un poco más por la arista cimera y buscar un lugar para descender y tomar el camino de las Acebeas, que pasa por debajo de la vertiente Sur-Suroeste del cerro San Felipe. Esto fue lo más peliagudo de la ruta, ya que esa vertiente tiene una gran pendiente y, con la nieve acumulada, bajar por ahí iba a ser una verdadera aventura, o un riesgo innecesario.

Encontré un sitio para bajar, pero tenía que descender un resalte muy escarpado de roca de unos 3 metros. Pensé en descolgarme un poco y saltar, pero al no ver lo que hay bajo la nieve, temí caer mal y partirme un tobillo, así que tuve que destrepar agarrándome con las manos congeladas a las congeladas piedras que tenía alrededor y tras un gran esfuerzo, con las piernas temblando, estaba en una zona desde donde ya podía descender en perpendicular a la pendiente, buscando el camino que me devolvería al pueblo.

Mapa de esta segunda parte del trazado de mi ruta. Subida desde el Estrecho del Infierno al San Felipe por su umbría, y bajada posteriormente por un complicado paso que encontré más adelante, para después seguir el camino de las Acebeas.

Aquí la pista volvía a ser ancha y se andaba más cómodamente. Este camino baja al pueblo por las llanuras que quedan al Noreste del municipio.

Bajando hacia Tragacete por el camino de las Acebeas.
Mapa de esta 3ª parte del recorrido, desde la cima del San Felipe hasta volver a Tragacete.
Y para ir terminando, os dejo el mapa del trazado total de mi ruta, aunque no he logrado que cuadrase en un 'pantallazo' donde la escala muestre mayor detalle...

Mapa de la ruta completa. Lo he tenido que ir presentando a trozos porque no llegaba el 'pantallazo' a cubrir toda la zona donde se desarrolló esta ruta. Aquí está a mayor escala y no se ve bien el detalle. Pulsar la foto para ampliar.

Fuente congelada, ya en Tragacete.


Había completado la ruta y sobrevivido sin congelaciones para contarlo. Ahora tocaba meterse en el coche, poner la calefacción a tope y bajar a Cuenca por la carretera que ya habían despejado las quitanieves y estaba transitable.

Otro reto completado. Otra experiencia más para guardar en el disco duro del cerebro.

A ver cómo viene de nieve este siguiente invierno... que tengo un ambicioso proyecto en mente.

¡Hasta la vista lectores Errantes!