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lunes, 16 de marzo de 2020

Cuevas en sal: Cueva del Hundido y Sumidero del Castelar (La Pesquera)


¡Hola lectores errantes!

Hoy vamos con otra de cuevas sí... pero esta vez, diferentes. Bastante diferentes.

Hace unos días, tras ponerme a revisar publicaciones antiguas de espeleo, descubrí algo que desconocía: en Cuenca tenemos cuevas formadas en sal.

No todas las cuevas son en piedra caliza. Las hay: en hielo (bajo glaciares), en conglomerado (como la Cova Cuberes en Lérida), en arenisca, en granito (como A Cova Da Trapa en Pontevedra), en yeso (como el karst de Sorbas en Almería), en cuarzo (son bastante raras. Hay algunas en Brasil) y en sal; que es a las que nos vamos a adentrar en esta ocasión.

La información provenía de una publicación espeleológica del año 1994: la revista Antrum nº 1, editada originalmente en papel por el grupo espeleológico madrileño GAEM; aunque está también por la red en pdf. 

Dejo aquí el enlace a dicha publicación, por si queréis ojearla: http://www.espeleogaem.org/formacion/antrum/pdf/antrum_01.pdf

El artículo dedicado, a partir de la página 41 de esa revista, a la Cueva del Hundido comienza: "Los karst en sal gema son tremendamente raros. En España contamos sólo con dos, uno en Cardona muy conocido y explorado y el otro entre Minglanilla y la Pesquera (Cuenca)".

En el artículo se habla del Sumidero del Castelar, explorado por el S.I.S de Tarrasa en 1973, que tenía una longitud de unos 100 metros y acababa en un sifón de agua tremendamente salada.

Además, el sumidero natural conecta con dos secciones de una antigua galería excavada a mano por los romanos para la extracción de sal y cuyo acceso se encuentra obstruido por derrumbes.

En 1990, los miembros del grupo GAEM de Madrid volvieron para ver si podían bucear el sifón, y descubrieron al lado de la boca del Sumidero, la Cueva del Hundido una torca que se había abierto en el fondo del barranco. Volvieron dos años después y vieron que había doblado su tamaño y daba acceso a una cavidad. Al investigarla, descubrieron y topografiaron 210 metros de galerías excavadas en sal, con pasos inundados y formaciones curiosas. En su momento esta cavidad era la 2ª de España en cuanto a desarrollo en sal. Ahora, ya ha sido superada...

Pues bien, con estos antecedentes, ¿cómo no iba a querer ir cuanto antes?

Así pues, esta vez acompañado de Antonio y de Juan, nos plantamos allí para adentrarnos en una montaña de sal. A ver qué encontramos...

Rambla de la Sima, donde se encuentran las bocas a estas cavidades.

Reconocemos el terreno antes de ponernos los trastos y... ¡sorpresa! Veníamos con la idea de que había dos cuevas, pero ya en el lugar nos encontramos con tres. ¡Toma ya!

Volvemos al coche, nos ataviamos para la exploración subterránea y bajamos de nuevo al barranco ciego (es un barranco donde se sume el agua, sin salida del riachuelo hacia ningún valle) donde se abren las bocas de las tres cavidades, con la del Sumidero del Castelar un poco alejada de las otras dos.

Decidimos explorarlas desde el fondo del barranco hacia el coche, dejando el Sumidero del Castelar para lo último. No obstante, en esta crónica voy a narrarlo al contrario de cómo sucedieron los hechos, para mantener la tensión hasta el final, ya que la primera cueva que visitamos (que no conocíamos de nada) fue la que más desarrollo nos dejó avanzar y la más curiosa.

Pues bien. Ya llenos de barro tras haber pasado por las dos cuevas anteriores, bajamos al Sumidero del Castelar. Una enorme boca de entrada en el fondo de una rambla con forma de embudo nos da la bienvenida. Este sumidero tiene que tragar agua a mansalva, a juzgar por sus dimensiones. ¡Vamos para adentro!

La boca en rampa se ve cegada por derrumbes en su lado izquierdo. Al lado derecho, el agua ha excavado la sal y deja un resquicio por el que bajar: una rampa empinada y con material suelto alrededor. Bajamos los 3 y, echamos un vistazo. Se estrecha aún más y parece que la rampa se hace más pronunciada. Vamos llenos de barro y, decidimos que no vamos a probar con este Sumidero del Castelar por el momento. Con las que hemos visto antes, nos damos por satisfechos.

Boca del Sumidero del Castelar.


Antes del sumidero, hemos pasado por la Cueva del Hundido (o no... al final de la crónica hay una nota al respecto), la cual era la misión principal de este viaje a Minglanilla. Mientras mis compañeros cambian pilas en el exterior, me adentro. Esta es otra dolina en embudo con un corte en la pared de sal que da acceso a la cueva.
Boca de la que creemos que es la 'Cueva del Hundido'.

Hay una rampa que baja y a la derecha se ve la bóveda de una sala alta, a la que se accede subiendo una rampa bastante empinada.

La galería que desciende, y que al parecer era el acceso principal al resto de la cueva, se ha hundido impidiendo el paso por ese lado. Subo entonces la rampa que hay a la derecha. Estoy en una sala bastante amplia, pero parece que no se ve la continuación por ninguna parte...

Ahí dejo un vídeo de esta sala, y alguna foto de sus formaciones:

Entrada y sala de esta cueva.

Estalactita de sal.

Estalactitas excéntricas de sal en el techo de la sala.

Entran mis compañeros y suben a la sala.

Formaciones de esta Cueva del Hundido.

Retiramos unas cuantas piedras que taponan lo que parece ser una continuación. Se mete Juan a investigar y al salir nos dice que caber, cabemos; pero que se pone muy vertical, y no hemos traído cuerdas. Por mi parte me adentro un poco en otra gatera que parece estar sobre la galería de acceso colapsada y veo que más adelante se cierra. Me dedico entonces a grabar lo que hay por aquí:

'Nubes de sal' y gatera parcialmente desobstruida.

La Cueva del Hundido se niega a mostrarnos sus secretos. Aunque, sabiendo que la sal se disuelve muy rápido, y conociendo ya su ubicación, volveremos en un futuro para ver si las aguas han logrado desobstruir la entrada y nos permiten progresar más.

A la salida Antonio se fija en algo. Hay una telaraña, y parece ser que la araña que la tejió 'se ha salado por completo'. Dejo por aquí un vídeo y una imagen, aunque no se enfoca bien del todo por el pequeño tamaño de la araña...

'Araña curada en sal'.


Araña atrapada por la sal.

De aquí, vamos al Sumidero, y nos encontramos lo relatado más arriba.

Pero veníamos ya contentos. ¿Por qué? Porque en la primera cueva a la que nos metimos (y que no esperábamos encontrar) nos dejó recorrer un buen tramo de galerías formadas en sal, muy curiosas.

Aquí una imagen de las dos bocas de entrada a esta nueva cavidad.

Bocas de entrada a esta 'cavidad desconocida'. Abajo a la izquierda Antonio.

Esta cueva no tiene nombre (que yo sepa). No sale en las crónicas que había leído. ¡Vaya suerte! ¡Quizá exploremos algo nuevo!

Bocas de acceso a esta cavidad.

Me adentro yo el primero, pero pronto me detengo. Vaya... esto no va a ser fácil.

Comienzo a adentrarme pero...

Fango. Mucho fango. O incluso arenas movedizas, más bien... ya me lo advirtió Padre Errante, que en su momento estuvo en estas cuevas (bueno, en las dos anteriores. Ya que ésta en la que nos encontramos ahora se debe haber abierto más recientemente).

Mis compañeros se me adelantan mientras grabo la boca de acceso de  esta cueva.

Antonio y Juan van al ataque de esta cueva.

Se adelanta Antonio, que baja arrastrando por una rampa de lodo. Le sigue Juan y por último bajo yo, pensando en lo interesante y penoso que va a ser deslizarse por aquí cuesta arriba con tanto lodo a la salida...

Galería de entrada.

Ya estamos en una galería con las paredes de sal. El suelo es más compacto aquí. Menos mal... porque si llega a tener toda la cueva tanto lodo como la entrada habría sido un auténtico palizón avanzar por ella. El mono ya pesa el triple con todo el lodo que se nos ha quedado pegado a él.

Los primeros metros avanzan en dirección norte, para luego hacer un par de eses y girar bruscamente hacia la derecha (hacia el Este más o menos), que es la dirección donde están la Cueva del Hundido y el Sumidero del Castelar. Puede que estén conectadas, pero habrá que volver en época de estiaje y revisar todos los rincones...

Vamos encontrando estalactitas de sal y minúsculas formaciones saladas cubriendo el suelo:

Avanzando por el meandro inicial de este sumidero.

Estalactitas de sal que crecen sobre paja y ramas arrastradas por el agua hasta aquí.

Advierto a mis compañeros que van delante de que vayan atentos a huellas o señales que delaten si ha entrado alguien antes. Si no hay nada, es posible que estemos descubriendo una nueva cavidad.

Mientras seguimos avanzando por un meandro con las capas de sedimentos muy marcadas. El agua ha tallado en cada una de sus incursiones las entrañas de sal gema de esta montaña.

 Seguimos avanzando.

Diferentes grados de erosión sobre diferentes alturas de la capa de sal que cubre toda esta galería.

Un poco más adelante encontramos señales. No somos los primeros en entrar aquí. Vaya...

Huellas. No somos los primeros en adentrarnos en esta cueva, al parecer...

El meandro que veníamos siguiendo desemboca en una gran sala, con su parte central de techo bajo.
Parte de la gran sala de esta cavidad, con techo bajo en algunas zonas.
Entramos en la sala.

Por el centro hay mucho fango y avanzamos pegados a la pared, bordeando la gran sala, donde el fango está algo más endurecido y no te hundes tanto. El suelo está cubierto de microcristales de sal, que deben desaparecer cada vez que esta cavidad entra en carga, es decir, cuando empieza a entrar un río de agua de lluvia por ella e inunda su interior.

Cristales de sal cubriendo el suelo de la sala (se me fue la pinza y grabé en vertical. Sorry)

Llegamos al extremo de la sala, y la cueva continúa por una gatera de techo bajo. Con buen criterio, Antonio decide que no nos metamos ahí. En este vídeo se muestra el porqué:

'Lodo líquido atrapa-personas' en la galería que continúa en un extremo de la sala, y montaña de sal.

La gatera pinta bien, pero cualquiera se mete en ese cenagal... la dejaremos para otra ocasión.

Seguimos bordeando la sala, que se ha formado a base de sucesivos derrumbes del techo que han dejado en esta parte una montaña de sal y bloques de sal caídos.

Aquí hay otra vista de esta gran sala de sal:

Otra vista de esta sala.

Avanzamos un poco más por el borde de la sala. Juan se adelanta y, con cuidado de no quedarse atrapado, cruza la sala en su parte final para asomarse a una galería que sale en dirección a la entrada, paralela a la galería por donde hemos llegado a la sala. Nos dice que no tira, y nos damos la vuelta.

Antes de salir de la sala hacia la galería que nos conducir de nuevo al exterior, me fijo en una diaclasa estrecha que puede conducir en dirección a la Cueva del Hundido. Yo no me meto, pero Juan y Antonio se ven con ganas de reptar por sitios estrechos y se meten a echar un ojo:

Los compis explorando una diaclasa.

Parece ser que no tira. Nos damos por satisfechos por ahora, y volvemos por la galería de entrada, en dirección a la salida.

Nos volvemos a arrastrar por la fangosa rampa de entrada, luchando para no quedar atrapados por esas pegajosas arenas movedizas y salimos al exterior, a ver la Cueva del Hundido y el Sumidero del Castelar, los cuales no se portaron tan bien con nosotros como esta 'cueva desconocida' que parece formar parte del mismo sistema.
Antonio saliendo como puede del lodo de la entrada.

Pensándolo ahora en frío, ¡me podría haber llevado una cinta de lomo y haberla dejado curando en la sal de la sala, para volver a por ella más adelante ¿no?! jejeje

Volveremos sin duda. Creo que aún se pueden descubrir más cosas en estas cuevas de sal, si no acaban colapsando como había ocurrido en la entrada del Sumidero del Castelar...

Paraje en el que se encuentran las cuevas, visto desde donde dejamos el coche.

Os dejo por aquí la topografía de la Cueva del Hundido, sacada de la Revista Antrum nº 1 del grupo espeleológico madrileño GAEM, para que le echéis un vistazo:

Topografía extraída del nº 1 de la revista espeleológica Antrum.

La verdad es que, mirando la topografía y comparándola con lo que nos encontramos nosotros, bien es posible que, la que durante toda la crónica he tratado como 'Cueva del Hundido', no sea tal, sino otra dolina nueva, como la cueva desconocida que también visitamos. Además, en la crónica de la revista Antrum se dice que el sumidero dista unos 100 metros de la cueva, y nosotros nos encontramos con que están mucho más cerca, quizá a unos 40 metros como mucho. Lo dicho, habrá que volver en otra ocasión y mirar todo con más detenimiento.

Por último, os dejo el enlace a un vídeo que he subido a YouTube sobre nuestra visita a este curioso karst en sal gema situado entre las poblaciones de Minglanilla y La Pesquera (Cuenca):


Y con esto me despido, lectores errantes. ¡Hasta la vista!

domingo, 9 de febrero de 2020

Sima Juan Herranz I: visita a la Sala (Valsalobre)


Vamos con una de las míticas. Una vertical, esta vez. Vamos a visitar una parte de la Sima Juan Herranz I, en la Serrezuela de Valsalobre.

Desde hace tiempo se hacen prácticas en ella para iniciarse a la parte vertical de la espeleología (más concretamente, desde los años 80) en la zona que nosotros recorrimos. Es grande, por tanto, el número de personas que pasan por ella cada año. Tanto, que ya tiene dos negros sucesos en su haber. El primero de ellos se produjo en 2008. Dejo aquí el enlace a la noticia: https://www.europapress.es/sociedad/sucesos-00649/noticia-fallece-hombre-espeleologia-cuenca-caer-altura-100-metros-20080427113730.html



Dos fallecimientos en la misma sima. Sí, pero no se alarmen. Como he dicho, es debido al gran número de personas que baja a ella cada año. Es simple estadística (y mala suerte...). De hecho, si fue elegida en los años 80 como 'sima de prácticas' es porque la primera parte, la que recorrimos nosotros, no presenta demasiada dificultad. Y además, bajar tiene una justa recompensa, ya que las formaciones de la Sala son dignas de admirar...

Por ello, el pasado martes 28 de enero: un día lluvioso, frío y con niebla... nos dirigimos a ella Hermano Errante, el compañero Antonio (a.k.a. Hantonido, a.k.a Debris Flow) y un servidor; a la Serrezuela de Valsalobre, en Cuenca (aunque en algunas noticias se empeñaban en poner que pertenece a Villanueva de Alcorón, Guadalajara. Lo cual no es cierto).

Nuestra misión: atascar el coche de Hermano Errante en el barro (¿alguien nos dona un todoterreno?), andar unos 3 kilómetros entre la niebla, y zonas con nieve, hasta la boca de esta cavidad (bellamente decorada de helechos colgando sobre un pozo oscuro de 100 metros de profundidad), meternos  a inspeccionar la Sala, a 45 metros bajo la fría superficie y volver para contarlo.

Pues bien... se puede decir que cumplimos con nuestra misión.

Vamos con los pormenores. Al llegar a la zona alta del camino, donde sale otro hacia el refugio de la Torreta, decidimos dejar el coche, ya que el tramo siguiente tenía mucha nieve. Al dar la vuelta... atasco. A empujar y embarrarse. Cosas de la aventura...

Tras sacarlo del fango (tampoco fue para tanto... un par de empujones y listo) toca vestirse el traje de los domingos (mono, casco, botas de goma y toda la indumentaria de espeleo) y después andar entre la niebla un buen rato hasta la boca de la sima. No pongo lugar ni como llegar porque se encuentra fácil buscando en internet.

Vídeo de la boca de esta sima.

Una vez allí, montar una cuerda auxiliar de aseguramiento para bajar al árbol donde se ancla el primer seguro del que te descuelgas.

Hermano Errante montando la línea de descenso mientras Antonio observa.

Maniobrando

Hermano Errante monta el tinglado.

Vamos a hacer lo siguiente:

Línea de descenso hacia la Sala Alvaro Azañón y, de ahí, a la Sala. Topo del Grupo Viana.

Ancla la cuerda desde el  árbol a la cabecera, y empieza a bajar mientras yo le sigo por los 7 fraccionamientos que tiene esta primera parte de la sima. A su vez, Antonio me sigue por arriba. Bajamos mojándonos del goteo constante que hay de arriba (entre la nieve derretida y el 'calabobos' que caía).

 A mitad del primer tramo del gran pozo de 98 metros (del que nosotros bajamos 45).

Antonio bajando el último tramo.

Ya estamos en la rampa. Lo explico: desde el último fraccionamiento se llega a una rampa, muy inclinada, que conduce bruscamente a la segunda parte de este gran pozo de casi 100 metros. Nosotros hemos descendido 45, y Hermano Errante ha anclado la cuerda de bajada a un pasamanos para salir con seguridad de esa rampa. Bajo, y grabo a Antonio mientras baja:

Vídeo desde la rampa que va a los otros 53 metros de pozo.

Paralela al pozo de bajada donde detenemos nuestra progresión vertical hay una sala: la Sala Alvaro Azañón. Me asomo a ella y veo depósitos de guano (excrementos de murciélago). En un techo veo una gran colonia, y advierto a mis acompañantes de que no hagan ruido ni les alumbren directamente con las linternas para no despertarlos de su hibernación (aunque, a día de escribir estas líneas, 31 de enero, he visto 3 murciélagos volando al anochecer... lo cual no me parece normal ni lógico, pues no hay mosquitos de los que alimentarse, ¿no?).

Al fondo de esta Sala Álvaro Azañón, nos encontramos con la otra parte del pozo, de 53 metros (98 en total), que conduce a la zona más baja de esta sima (tras descender después otro pozo más de 14 metros).

Sala Alvaro Azañón y los otros 53 metros de pozo vistos desde un extremo de ésta.

Vamos a lo que hemos venido, a deambular por la Sala.

Me asomo a ella mientras Hermano Errante ya está bajando y Antonio le sigue.

Primera vista de la Sala.

Primera vista de la Sala.

Nos internamos, bajando entre estalagmitas horadadas por goteos que caen constantes del techo:

La Sala desde su parte baja.

Hay una espectacular formación colgando sobre una colada que ocupa el centro de la gran estancia.

Gran formación en el centro de la Sala.

Escala de la formación.

Antonio haciendo un poco el troglobio.

Hay otra gran columna a la derecha de la central:

Otra vista de esta parte de la Sala.

Y un lago de aguas cristalinas (salvo por algo de calcita en suspensión) con el techo ribeteado de estalactitas y el suelo minado de estalagmitas. Un rincón indescriptible. Aunque, visto en vídeo, se puede percibir algo de la magia de este lugar. A ver qué les parece...

Lago grande. Impresionante lugar.

Desde luego, no es como estar allí. Pero vale para hacerse a la idea.

Hermano Errante posando junto al Lago Grande.

Otra de las partes de esta Sala.

Yo, anidando en un bello rincón.

Con otra luz...

En éxtasis (o casi...)

Pequeñas formaciones sobre columnas.

En fin, que dejamos atrás este rincón de la Sala y nos dirigimos hacia otra pequeña sala contigua, en la parte más alejada del pozo de entrada.

Me adentro en ella con Antonio. Llegamos al final, y vemos una gatera. Miro la topografía, y veo que en ella pone que se hace impenetrable. Antonio entra, pero tras avanzar y meterse en otra salita, dice que no tira y vuelve a salir.

Parte final de la Sala y gatera.

Tras esto, volvemos a la Sala, pero intentamos tomar un itinerario distinto. Al pasar junto a la base de la columna central, por la parte de atrás mi hermano da con la placa.

Otra preciosa parte de esta Sala.

Es la placa colocada por los compañeros de la Asociación Espeleológica Conquense Lobetum en memoria a su ex-compañero Javier Molinero. Me comentó mi padre, que estuvo allí cuando la bajaron para instalarla, que durante el transporte por el pozo la placa sufrió un golpe y llegó a la Sala ya partida...

Por cierto, Javier Molinero tiene una galería con su nombre en la Sima SC-35.

Placa en memoria de Javier Molinero, tras la columna central de la Sala.

Nos dirigimos ahora a asomarnos al Pozo de las Perlas, que es un pozo paralelo al principal de acceso, que baja hasta un lago que lo ocupa en la totalidad de  su sección. No pretendemos bajarlo. No tenemos material suficiente. Esta expedición se limita a recorrer la Sala ya que hace falta más cuerda y mosquetones de los que tenemos en nuestro equipo personal para descender a las zonas inferiores. Por eso, dejamos pendiente alguna visita futura a esta cavidad para entrar hasta más abajo...

Parte de atrás de la columna central y la placa colocada allí 
por los compañeros de Lobetum (entre ellos Padre Errante)


Formaciones en la parte de la Sala que conecta con la Galería de Arcilla.

En fin, que rodeamos la Sala por el fondo, hasta llegar a una zona llena de arcilla. Mucha, mucha arcilla.

Por eso se llama la Galería de Arcilla. Hay tanta, que a algun@ que pasaba por allí le dio por moldear cosas con ella para entretenerse (como si admirar las formaciones de caliza no fuese suficiente)

Formaciones antrópicas.
En fin...

Estalagmita a punto de unirse con su correspondiente estalactita.

Banderas en un lateral de la Sala.

En este punto, llevo el móvil a tope de su capacidad, y no puedo hacer más vídeos. ¡Ouch!

Pasamos por un paso expuesto que salva un pequeño pozo y nos encontramos con un pasamanos que salva un pozo de 20 metros que no lleva a ninguna parte. Aquí nos quedamos. Sin material para bajar a ver el agua turquesa cristalina del Pozo de las Perlas, que está al otro lado de este pasamanos fijo, nos contentamos con llegar hasta aquí. Media vuelta.

Hacemos, más o menos el recorrido que sale marcado en la Topografía en planta de esta parte de la Sima Juan Herranz I.

Topografía en planta de la Sala y nuestro recorrido por ella marcado en rojo. Topografía editada por Viana.


Volvemos por la Sala, subimos hasta la base del pozo de entrada y vamos saliendo: yo primero, Hermano Errante después y Antonio desmontando mosquetones y nudos, y recogiendo la cuerda.

Antonio desmontando el tinglado.

Una vez todos arriba, toca lidiar con la niebla, el barro y la nieve hasta el coche; quitarse el traje de faena (despelotarse en Enero, y a la fresca, a 1390 metros de altitud para ponerse ropa seca) y volver a conducir sobre barro y algo de nieve hacia algún lugar más seguro y cálido.

Misión cumplida.

Selfie para hacer tiempo mientras sube el resto.


Como colofón, y a pesar de que hay más grabaciones de esta cavidad por la red, os dejo el enlace al vídeo que he subido a YouTube: 


Y, me despido casi ya... no sin antes deciros que la siguiente es la entrada nº 50...

¡Hasta la próxima!

domingo, 26 de enero de 2020

Cueva de la Mora: la pequeña joya de Valdecabras


¡Hola de nuevo, errantes!

Vamos con otra de cuevas. Esta vez, con una cuevecita que encierra muchas sorpresas en forma de espeleotemas. Vamos a la Cueva de la Mora, en el 'cuevero' término municipal de Valdecabras.

Esta cavidad tiene algo de polémica en cuanto al nombre. Según Padre Errante, y más miembros de la Asociación Espeleológica Conquense Lobetum, ésta es la cueva de la Mora, a pesar de que en el Avance al Catálogo de Cavidades de la provincia de Cuenca se la llama de otra forma. También otros amigos del mundillo espeleológico insisten en llamarla la Cueva del Monje. El caso es que hay dos cuevas bastante cercanas, en el talud que hay junto a la carretera que sube a la Ciudad Encantada, entre los puntos kilométricos 12 y 13: una la de los Peregrines (la cual creo que viene nombrada en el Avance al Catálogo de Cavidades de Cuenca como Cueva de Hontaredonda) y un poco más adelante la que hoy ocupa esta entrada. Además, en el mapa topográfico de la zona sale reflejada como Cueva de la Mora, pero marcada en un lugar que no corresponde a la realidad...

Debido a estos enredos, he preferido no poner una topografía que he visto por ahí (que además no me parece exacta) ni la descripción del Avance al Catálogo de Cavidades de Cuenca, y para simplificar, trataré a esta cavidad con el nombre con que la he conocido: Cueva de la Mora.

Se llame como se llame, creo que es imprescindible acercarse a ella al comenzar la andadura espeleológica por estas tierras. Es una cueva fácil (a pesar de 3 pasos estrechos, pero sin muchas dificultades) y con una gran belleza escondida en sus salas más alejadas de la boca de entrada.

He entrado a ella 4 veces, casi siempre acompañando a gente que no la conocía para mostrársela. La primera vez fuimos Hermano Errante y yo solos. Nos costó un poco encontrarla, ya que desde la senda de acceso no se ve la boca y hay que realizar una trepada para llegar a ella... pero una vez localizada, nos adentramos a ver qué escondía.

De primeras te encuentras con un pasillo ancho y alto de entrada. Avanzas unos 6 metros, trepas un metro y medio, y te encuentras con el primer paso bajo: un montículo de caliza con un pequeño gour en su interior por el que pasas arrastrando el pecho por el suelo y la espalda por el techo. Aquí está el lugar en cuestión:

Ahí estoy yo en el primer paso estrecho de esta cavidad.

Hermano Errante me graba pasando por este lugar en nuestra primera visita a esta cueva.

Después de bajar arrastrando por el montículo, sales a una sala amplia, pero que por su altura no permite ponerse en pie. La segunda vez que fuimos a esta cueva, con Edu (de Fotoespeleo QNK) y unos cuantos colegas más, me hizo esta foto en esta parte que sigue al primer paso bajo, desde la salita amplia:

Foto hecha  por el compañero Edu desde la salita que hay detrás del primer paso estrecho.

Después de esta salita, continuamos por una gatera estrecha, con un recodo a la derecha que nos deja en otra pequeña salita.

Continuamos avanzando. Hay otra salita tras el segundo paso estrecho. Foto hecha por Hermano Errante.

Ya hay espeleotemas por aquí. Aparecen por el suelo estalagmitas y en el techo alguna pequeña estalactita.

Observando el techo de este tramo.


Tras avanzar un poco más, vemos otro paso estrecho y sinuoso. Éste es un poco más complicado, ya que tienes que hacerlo entre grandes estalactitas que salen del suelo y se te clavan por todas partes al pasar arrastrando sobre ellas. De este lugar tengo un par de fotos, de diferentes visitas. La primera se la hizo el  compañero de Fotoespeleo QNK, Aitor, a Hermano Errante:

Hermano Errante saliendo del tercer paso estrecho. Foto del compañero Aitor.


La otra, se la hice yo al compañero Antonio:

Antonio retorciéndose para superar este paso.

Y, también un vídeo de las complicaciones que surgen al pasar por este punto...

Antonio gestionando la estrechez con algún que otro problemilla... 
(se le enganchó el bolsillo del mono en una estalagmita)


Eso sí... el esfuerzo tiene su recompensa. Este paso incómodo nos deja en la sala más concrecionada de esta cavidad. Una bella sala donde se puede uno poner de pie y admirar estalagmitas, estalactitas y una bonita columna en medio. Dejo unas cuantas fotos de esta sala:

Uno de los rincones de esta sala (aunque, no es realmente una sala... sino un tramo de galería más amplio que los anteriores)

La sala fotografiada con una cámara tipo GoPro por el compañero Manuel.

Columnas por todas partes.

Y también estalactitas blancas colgando del techo.

Aquí están los compañeros Edu y Adri (Lion) organizando la escena para una sesión de fotos.

Repartiendo los flashes por la sala para las fotos.

Gatera de salida a la sala de las columnas.

Yo entre las columnas y estalactitas de la parte final de esta sala.



Pero esto no acaba aquí... al final de esta sala hay algo que hace única a esta cavidad en nuestra provincia. Se ve al final de este vídeo, que muestra también la sala de las fotos anteriores:

Dos vídeos de visitas diferentes que muestran un poco más de esta bella sala.


Bueno, desde la perspectiva del vídeo no se adivina muy bien qué es... pero, tras destrepar (o saltar a lo rambo, como en la foto que sigue) un resalte de un par de metros...

Saltando este resalte "a lo Rambo".

Nos encontramos en una sala bastante alta de la que cuelga la Bandera más grande encontrada en la provincia de Cuenca. Algun@s diréis: ¿Qué es una bandera? Pues, una formación caliza endokárstica que simula el aspecto de una bandera. Es una formación ondulada, suspendida del techo, alargándose hacia las paredes y que tiene poco espesor. Esta formación es debida a un hilillo de agua que corre oblicuamente depositando la calcita.

La bandera propiamente dicha sería la parte derecha de la formación.

Por aquí ha tenido que caer mucha agua hasta formar esto...

Los pliegues de la bandera vistos desde abajo.

Vista desde el final de la sala anterior, antes de bajar el resalte.

Una última toma de esta curiosísima formación.

Estas formaciones, si son golpeadas (con delicadeza, sin dañarlas) hacen sonidos como los de un xilófono. Las dimensiones de esta, son impresionantes para lo reducido del resto de la cavidad donde se encuentra:

Antonio, Juanito, Manu y yo en nuestra última visita a esta cavidad.

La bandera vista desde distintos ángulos.

Pero esto no acaba aquí. No. Tras pasar junto a la bandera, hay un resalte de unos 2 metros que tenemos que trepar para continuar por una galería estrecha y sinuosa hasta el final de la cueva.
Esta galería sigue estando llena de espeleotemas, pero mucho más pequeños que los de las salas anteriores.

Pequeñas formaciones en esta parte de la galería.

Estalagmita cubierta de calcita. A esta caliza tan blanca y singular se la llama moon-milk (Leche de luna).

Formaciones en esta parte de la galería que llega a la sala final.

Hasta que llegamos a un nuevo resalte en bajada de unos 3 metros pero con escalones tallados sobre el barro por el que debemos descender. Bajamos así a la sala final de esta Cueva de la Mora. Es también bastante alta, y tiene un par de agujeros que llevan: a una pequeña salita uno; y el otro a una trepada en chimenea hasta la parte alta de esta sala final, que tiene un balcón superior que se asoma a la sala de abajo.

Parte de esta sala final, con los compañeros metidos en una pequeña salita.

Y, tras esto... pues vuelta hacia el exterior desandando lo andado. Aquí el último paso estrecho antes de salir:

Superando el último paso estrecho para volver al exterior.

Y ya estamos fuera otra vez. No sé la distancia que habrá hasta el final... pero estimo unos 120 metros de recorrido, mucho más divertido que difícil.

Bonito sitio, sin duda. He estado 4 veces ya, y no me importa volver si alguien quiere que le acompañe a conocerla. Siempre es un placer visitar esta Cueva de la Mora.

Para terminar, os dejo por aquí un vídeo que he montado con lo que tenía por aquí grabado en esta cavidad. Está en el Tubo. ¡Ahí va el enlace!


Y, nada más por ésta vez... espero que haya sido de su agrado. ¡Hasta la siguiente!