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domingo, 4 de octubre de 2020

Verano de Ferratas: Dos vías ferratas de Cuenca y una de Teruel

 ¡Hola de nuevo, gente errante! ¡Ya estamos de vuelta tras el verano!

 

Vuelven las publicaciones. Vuelve la aventura. ¡Y, por una vez no va a ser otra cueva o sima! jajajaja

 

Si. Como el título anuncia, esta vez vamos de vías ferratas, tema que no he tratado aún en este blog.

 

Vamos a aclarar un par de asuntos, para quien no conozca este tipo de actividad.

 

Una vía ferrata se trata de un recorrido acondicionado mediante cables de acero (llamados línea de vida) y peldaños clavados en la roca, que posibilita el acceso a sitios donde, sin este sistema de anclaje, solo sería posible llegar haciendo escalada o rápel desde arriba. Es, como si dijéramos, una escalada guiada por un recorrido acondicionado para ofrecer seguridad.

 

Para realizar esta actividad se necesita de un material específico. Imprescindible: casco homologado, arnés (los utilizados para vías ferratas son los mismos modelos usados para escalada), disipador con tres mosquetones (dispositivo de cinta cosida que va unido a la línea de vida. En caso de caída, absorbe el impacto e impide que caigamos hasta el suelo. Lleva dos mosquetones que van anclados a la línea de vida y que vamos cambiando alternativamente de un tramo al siguiente, y consta también de un tercer mosquetón que sirve para anclarnos a algún peldaño y descansar si lo necesitamos), y, no olvidar, guantes.

 

¡Y, no tener vértigo, claro!

 

Quiero dejar bien claro aquí que, esto de las vías ferratas, no es llegar y ponerse a hacer una tras otra como un loco. No. Hay que tener unas nociones de escalada previas y un físico acorde a las dificultades con que vamos a encontrarnos. Cada año se dan multitud de accidentes y rescates en vías ferratas, ya que mucha gente cree que son actividades fáciles para realizar en grupo y no siempre es así. Además, ahora están muy de moda. No obstante, conviene empezar con alguien que sepa del asunto y estar federado en actividades de montaña para evitar problemas legales, además de físicos, si se sufre un accidente.

 

Dicho esto, vamos al lío, ¿no?

Panorámica desde el extremo del segundo puente tibetano en la vía ferrata de Arcos de la Sierra, en Cuenca.
 

Pues bien, a pesar de no haber mostrado ninguna vía ferrata hasta ahora en el blog, sí que había recorrido un par de ellas antes de visitar las que vamos a tratar en esta entrada.

 

La primera vía ferrata que hice fue la del Estrecho de Priego, en Cuenca. Fui con Hermano Errante, en Octubre de 2017. Hicimos las dos variedades: la K3 de iniciación, seguida después por la K4, más exigente y atlética.

 

A decir verdad, estuvo muy bien y el entorno es impresionante, pero no me 'enganché' a las vías ferratas en ese momento...

 

Hermano Errante en uno de los tramos horizontales de la vía ferrata K4 de Priego, llamada 'Las Buitreras'.

 

Como no me 'enganché' de primeras, transcurrieron dos años hasta que volví a hacer una vía ferrata. En esta ocasión, fui junto al colega Lion, con la idea de hacer las dos variantes de la vía ferrata de Fuertescusa, en Agosto del año pasado.

 

Hicimos la K3 sin problemas, pero a la hora de asaltar la variante K4 (llamada 'Asalto al Castillo', y más dura que la que acabábamos de hacer) no lo vimos claro y lo dejamos para otro día. No estábamos finos del todo aquel día. Aún la tengo pendiente... :(

 

Yo mismo tras uno de los tramos verticales de la variante K3 de la vía ferrata de Fuertescusa.


Vídeo de Lion trepando por otro de los tramos verticales de esta variante K3.

 

En fin... que esto nos lleva hasta este verano (y al tema de esta entrada), donde algunas personas me han convencido para retomar la senda vertical de las vías ferratas, y por ello he recorrido 3 diferentes en apenas un mes.

 

En primer lugar, una vía fácil, para ir cogiendo el tranquillo, y enseñando la actividad a quien no la conocía. Esta vez fuimos: Chemo, Elena, Miriam y un servidor; a la localidad de Arcos de la Sierra, donde se esconde una vía ferrata de iniciación en un rincón espectacular.

 

Esta vía está catalogada con dificultad K2, lo cual nos dice que es de las facilitas. La graduación va desde el K1 (vía ferrata fácil) hasta el K6 (vía ferrata extremadamente difícil). Así pasó... que, como ésta es de las fáciles, a las dos semanas volví con otro colega para volver a recorrerla... ea.

 

Antes de llegar al pueblo de Arcos de la Sierra, viniendo desde Villalba de la Sierra, sale un camino a la derecha un poco antes del punto kilométrico 13. Al poco de coger este camino, hay una bifurcación. El camino de la derecha nos acerca un poco si no llevamos todoterreno, pero aun así tras dejar el coche hay que andar unos 700 metros hasta el estrecho donde se ubica la vía ferrata. Si llevamos todoterreno, el camino de la izquierda nos llevará tras vadear el cauce del Río Trabaque, habitualmente seco en este punto, directamente hasta el estrecho donde dejaremos el coche junto a una caseta blanca. Desde este punto ya se ve el primer puente del recorrido.

 

Dejo un plano para que lo veáis mejor:

Plano de acceso a esta vía ferrata. La ruta en negro es la que se puede hacer sin problemas con un vehículo todoterreno.
La ruta marcada en rojo se puede hacer con un turismo, dejarlo en una curva a derechas donde no moleste y andar hasta enlazar con el camino que conduce al estrecho del Río Trabaque.

 

Una vez a la entrada del estrecho y con el material puesto, cruzamos el cauce saltando por unas piedras y nos plantamos rápidamente al inicio de la vía ferrata. Trepando poco a poco vamos ganando altura, hasta llegar al primer puente tibetano, que se trata de un cable sobre el que andaremos y otros dos cables a mayor altura donde iremos apoyando las manos para estabilizarnos. Los mosquetones del disipador irán anclados a la línea de vida por otro cable que va más arriba que los de los pasamanos.

 

Aquí hay que aclarar que, a pesar de no ser difíciles de franquear... estos puentes se mueven mucho, y la verdad es que es lo que más acojona de esta vía, sin duda. Este puente mide 35 metros de largo, y nos pone en nuestro lugar, haciéndonos ver que esto de las vías ferratas no es una actividad pensada para gente sin aplomo...

Foto que me hizo Sergi mientras pasaba el primer puente tibetano de esta vía.

Tras este primer puente y un leve ascenso, viene un tramo horizontal muy facilito, que nos coloca en el segundo puente, éste de 25 metros de longitud, pero a una altura de 20 metros sobre el suelo (al doble de altura que el primero).

Sergi entrando en el segundo puente tibetano, a 20 metros sobre el cauce (con poca agua en esta época) del Río Trabaque

Panorámica desde el otro extremo del segundo puente tibetano.
Éste no se balancea tanto como el anterior... pero está al doble de altura.
(Pulsar sobre la imagen para ampliar)

 

Una vez pasado este segundo puente tibetano, comienza el tramo vertical cuyo ascenso nos sacará del Estrecho del Trabaque y finalizará la vía ferrata en un camino desde el que volver al coche.

 

Miriam superando el pequeño extraplomo previo a la última vertical que nos deja fuera de la ferrata. 


Miriam progresa por este paso. Elena, al fondo, espera su turno.

En este tramo hay un pequeño desplome donde se exige más fuerza en los brazos, pero el de esta ferrata no ofrece ningún problema, pues es bastante corto y se pasa sin dificultad. 

 

Esta vía no es muy larga, y se hace tranquilamente en menos de una hora de recorrido (al que hay que sumar la aproximación y la salida, que en este caso no son muy largos).

 

Os dejo por aquí un vídeo cortito con tomas de mis dos visitas a esta vía ferrata durante este verano:

Vídeo de la vía ferrata de Arcos de la Sierra, en Cuenca.


Después de haber hecho esta ferrata con Chemo, Elena y Miriam, volví dos semanas después con Sergi, para repetir ésta y conocer la vía ferrata del Ventano del Diablo, en Villalba de la Sierra; cerca de la anterior de Arcos de la Sierra. De hecho, hicimos las dos en un mismo día.

 

Tras bajar a Vilalba de la Sierra y pasar por las instalaciones de ActiJúcar Aventura (empresa concesionaria de los derechos de uso de la vía ferrata) para pagar la tasa y conseguir el permiso de aparcamiento (este año se ha prohibido el estacionamiento en la zona del Ventano del Diablo sin ese permiso) nos dirigimos a la ferrata.

 

Tras andar un poco por un sendero bien pisado, nos acercamos a la torre de electricidad desde donde parte esta vía. Comienza con un tramo bastante horizontal, andando sobre las grapas agarradas a la pared mientras admiramos el color singular del Río Júcar sobre el que transcurre la vía. Este tramo es de una belleza enorme, aunque da miedo sacar el móvil para grabar vídeos o hacer fotos, por la posibilidad de que caiga al agua y lo perdamos...

 

Aun así hago alguna foto a Sergi mientras progresa por este tramo, que es de dificultad K3.

Sergi progresa sobre el Río Júcar, comenzando la vía ferrata del Ventano del Diablo, donde recorrimos la variante K4.

Recorrido espectacular sobre las verdes aguas, de color único, que tiene nuestro Río Júcar (aunque aquí no se ve bien).

Sergi llegando a la pasarela desde la que parte la variante K4.
Aquí si se aprecia algo mejor el color 'verde Júcar' de las aguas.

 

Y también salgo yo en alguna foto

Alma Errante (vamos... yo) avanzando sobre las aguas.

Pegado a la roca cual araña...


Foto de la foto.

 

Hay una tirolina de 26 metros de longitud también por aquí, pero nosotros no llevábamos la polea y la cuerda de recuperación necesarias para poder hacerla, y la salvamos por un lateral.

 

Seguimos avanzando sobre el agua y, tras franquear este paso horizontal, bastante divertido, nos colocamos sobre una pasarela de madera suspendida sobre el río desde donde parte la variante K4 de esta vía ferrata.

 

Esta parte ya se hace más vertical desde el principio. Aun así, no tiene la exigencia física de la vía ferrata de Priego (también catalogada como K4) que he mencionado al principio de esta entrada.

 

Aquí grabó Sergi un par de vídeos que he juntado en uno solo:

 
Vídeo del comienzo de la variante K4, grabado por Sergi mientras yo progresaba.

 

Alternando tramos horizontales muy cortos con tramos verticales, llegamos a un abrigo de roca por el que progresa la vía, con pasos muy divertidos y un entorno natural inigualable. Hay un puente tibetano corto a poca altura sobre el suelo.

 

Desde aquí, ya comenzamos a ascender hacia la salida, que nos deja a un lado del Ventano del Diablo, desde donde comenzaremos el descenso hacia el vehículo.

 

La vía ferrata es muy, muy entretenida y está enclavada en un lugar único de nuestra provincia. Sin duda, merece la pena adentrarse en ella. Su recorrido se hace en una hora y media, aproximadamente.

 

Dejo por aquí el enlace a la página desde donde se informa de las condiciones de uso de esta ferrata: https://ferratavillalbadelasierra.com/


Y también pongo aquí el vídeo con las imágenes que grabé recorriendo esta magnífica ferrata:

Vídeo-resumen corto de la vía ferrata del Ventano del Diablo, en Villalba de la Sierra (Cuenca)

Y... pasamos a la siguiente.

 

Esta vez, dos días después de haber hecho las dos vías ferratas anteriores (la de Arcos de la Sierra y la  del Ventano del Diablo), Sergi y yo nos desplazamos a otra provincia, para hacer la singular vía ferrata de los Estrechos de la Hoz, en Formiche Alto (Teruel).

 

Ahora sí, ya me había 'enganchado' a las ferratas.

 

Tras un viaje, no muy largo saliendo desde Cañete (donde he estado trabajando este verano), nos plantamos en Formiche Alto y, siguiendo las indicaciones, encontramos rápidamente la pista de acceso a la vía ferrata. Hay que destacar que el acceso esta vía está muy bien señalizado, no obstante el camino que nos lleva a ella no está en muy buenas condiciones para un turismo. Aun así, dejamos el coche en una pequeña explanada, bastante avanzado ya el dichoso camino, e hicimos una aproximación de unos 15 minutos hasta donde comienza el recorrido equipado.

 

Para llegar hay buenas referencias buscando por la red, de modo que no incluiré mapa aquí.

 

Estamos en un estrecho labrado por el Río Mijares y, según los carteles informativos de la vía, el recorrido consta de 3 estrechos, con zonas intermedias sin equipar donde seguiremos la senda y los pequeños carteles que hay por todo el recorrido. El tiempo estimado para completarla es de 2 horas y media... pero eso no es todo, ya que hay que sumar una hora y media, andando a buen ritmo (según las crónicas que he leído, 1 hora y 45 minutos suele tardar la gente), de retorno hasta el coche. Y es que, estamos hablando de una actividad con un recorrido total de casi 8 kilómetros.

 

Así que, es una actividad a planificar contando con suficiente tiempo, o llevando linternas en previsión de que la noche nos pille en el monte (conozco el caso de alguien a quien casi se le hizo de noche hasta llegar al coche después de 5 horas de actividad total, sin llevar los medios necesarios...)

 

Nos adentramos pues en el estrecho del Río Mijares, en un primer tramo de gran facilidad. Está catalogado con dificultad K2, pero es más bien un K1.

 

Inicio del primer estrecho, de gran facilidad.


Tras pasar por una zona algo más abierta enlazamos con el segundo estrecho, que también es muy fácil de recorrer. Vamos avanzando muy rápido. Eso sí, nos damos cuenta de que, en época de crecida de aguas, en los tramos por donde hay que vadear el cauce (que ahora estaba seco) te tocará mojarte, seguro...

 

En este segundo estrecho, lo más curioso que vimos fue que, al acercarse Sergi a una pequeña covacha que hay en el margen por el que íbamos progresando y que íbamos a subir a investigar, se dio cuenta de que había algo dentro. Se apartó un poco y dejó espacio para que saliesen de la oscuridad una cabra montés y su cría. Saltaron fuera de la covacha, cayendo a unos 3 metros de nosotros, y se fueron por el cauce río arriba mientras les silbábamos para tranquilizarlas. O para tranquilizarnos nosotros...

 

Dejo un par de vídeos de este suceso, aunque no me dio tiempo a sacar el móvil para captar a las cabras al salir de la cueva...

Hembra y su cría de Cabra Montés...

 

... que salieron de esta cueva cuando nosotros íbamos a entrar.


Vamos progresando rápido, sin pararnos demasiado en las variantes del recorrido (hay un recorrido alternativo para ascender a ver unas pequeñas cuevas y también una cadena instalada para subir a ver un mirador entre el segundo y tercer estrecho; pero los pasamos de largo) ya que Sergi llevaba algo de prisa.

 

Eso sí, me paro de vez en cuando a hacer alguna foto. Como ésta, mostrando la forma dibujada sobre las capas de caliza por el paso de los siglos y los movimientos tectónicos.

Panorámica de los plieges en los estratos de roca de esta zona de los Estrechos de la Hoz del Río Mijares.

 

Ya casi donde comienza el tercer estrecho, hay algo muy curioso y único: se trata de la sabina pinera de Formiche Alto, la única de su especie. Consiste en una sabina de unos 200 años y pico, dentro de la cual crece un pino negral de unos 60 años de edad.

 

Dejo por aquí un par de fotos y un vídeo de este singular espécimen:

 

Imagen del pino negral que surge de una sabina. Espécimen único en el mundo, según leí por ahí...

Otra imagen de esta curiosa simbiosis. O, quizá se trate más bien de una parasitación...

Vídeo donde se ve más a fondo esta curiosidad natural.

 También dejo una imagen del cartel informativo de este caso singular:

 

Cartel explicativo de la sabina pinera.

 

Buscando más información, 'a posteriori', di con esta curiosa leyenda sobre la sabina pinera de Formiche Alto: https://casafausto.es/actividades/sabina-pinera

 

Después de entretenernos viendo esta curiosidad de la naturaleza y echar unos tragos de agua (muy importante llevar agua para una actividad tan larga, y beber a menudo) nos metemos en el tercer y último estrecho.

 

Hasta este punto, avanzando rápido, hemos invertido tan solo una hora. Aquí creímos que íbamos a batir un récord de velocidad en esta ferrata, pero estábamos equivocados...

 

Entramos en el estrecho mediante un pequeño puente tibetano.

Entramos en el tercer estrecho, creyendo que ya no quedaba mucho para el final...
 


Aquí la cosa ya se pone más escabrosa, y hay tramos verticales sin mucha dificultad, pero alternados con tramos horizontales con las grapas bastante pegadas a la roca, donde se van cargando poco a poco los brazos que están en tensión durante más tiempo. Este tramo ya es de algo más de dificultad, arrojando un grado K3. Bajamos el ritmo de progresión en esta zona, pero intentamos seguir sin paradas innecesarias.

 

Dejo por aquí una foto que me hizo Sergi al comienzo de este tramo, que al final resultó ser muy, muy largo (invertimos una hora y media en recorrerlo) y que te va dejando poco a poco sin fuerzas.

 

Voy siguiendo a Sergi al comienzo de este tercer tramo equipado.


También grabó el siguiente vídeo:

 

Este tercer estrecho al principio es ancho, pero poco a poco se va volviendo más angosto y tiene algunos pasos curiosos, sustituyendo en un par de puntos las grapas por un solo cable por donde irán los pies, y únicamente tenemos la línea de vida para agarrarnos con las manos.

 

Este barranco lleva equipado bastante tiempo (leí por ahí que lleva instalado desde 2006 o así) y en este tercer tramo hay algunas grapas que se mueven un poco, dándonos algún pequeño susto mientras progresamos.

 

Al final de este tercer estrecho bajamos al cauce del río, para después comenzar el tramo de salida de esta vía ferrata.

 

Vídeo grabado por Sergi al final de este interminable tramo. Eso sí... aún quedaba un tramo delicado.


Este tramo de ascenso para salir de la ferrata comienza siendo en rampa, sin mucha dificultad, hasta llegar a un punto donde la vía ya se hace totalmente vertical, tiene un par de desplomes y los cambios de mosquetón en la línea de vida están colocados en sitios un poco comprometidos, por lo que es aconsejable guardar energías para esta zona final, o descansar un poco antes de acometerla. Si no, se te puede hacer dura...

 

Nosotros no descansamos, y yo llegué arriba con los antebrazos bastante cargados. En ese último tramo me marqué un sprint para salir cuanto antes de la pared y dejar descansar un poco los músculos.

 

Una vez terminada la ferrata, nos encontramos con el acceso a otro sector más. Este sector se llama 'Vía jurásica' y por lo que habíamos leído, se trata de un camino equipado y sin dificultad apenas. Se accede a esta vía mediante un puente muy chulo, pero nosotros ya llevábamos buena paliza y nos volvimos para el coche. Aun así, Sergi se dio un paseo de ida y vuelta por este puente.

 

Sergi por el puente, donde comienza la vía ferrata 'jurásica', que nosotros ya no recorrimos.

Puente que enlaza con otro tramo más de recorrido.


La vuelta al coche puede ser algo confusa. Al principio subimos una ladera muy empinada y luego debemos seguir la senda que transcurre por un cortafuegos, también en subida. Siempre siguiendo los pequeños carteles que marcan el recorrido. Una vez arriba, donde acaba el cortafuegos y hay una caseta de información, es donde nos podemos confundir. A pesar de que hay indicaciones por todos lados, algunas llevan a los tramos de la vía ferrata por donde ya habíamos pasado, de modo que tuvimos un momento de duda en un cruce de caminos... pero finalmente cogimos el bueno y volvimos al coche tras una caminata que transcurre entre fincas valladas con toros bravos (aunque había pocos).

 

Para ir terminando, os dejo un vídeo con las tomas que grabé en este interesante barranco de Teruel:

 

Vídeo recopilatorio de nuestro paso por esta vía ferrata de Formiche Alto (Teruel)

 

Y, ya de paso os dejo el enlace a un vídeo que he subido a Youtube con los vídeos de cada una de estas vías ferratas:

 https://youtu.be/A8ZEqFWGxGk

 

Y bueno... parece que me he extendido demasiado así que... por aquí lo dejaremos.

 

¡Eso sí! ¡Estad atent@s al blog, que voy a volver a coger ritmo subiendo entradas! ¡Y viviendo aventuras!

 

¡Hasta la siguiente, lectores errantes!

jueves, 16 de agosto de 2018

Ruta (y odisea) por el Barranco de la Hoz y la Cascada Batida de Calomarde (Teruel)

Vamos aquí con el relato de una salida de la provincia de Cuenca, a la adyacente provincia de Teruel, con el objetivo de recorrer el encantador Barranco de la Hoz de Calomarde, pasar de largo el pueblo y acercarme hasta la Cascada Batida, siguiendo aguas abajo el Río de la Fuente del Berro (el caso es que también se le llama Río Blanco, pero lo llamaré durante la entrada Río de la Fuente del Berro ya que en los mapas de IGN aparece como tal). También contaré aquí las complicaciones que me surgieron en esta ruta, las cuales casi me dejan sin mi querido Coche Errante...

Los hechos acaecieron durante el domingo 4 de marzo de este mismo año. El día no era quizá el más propicio para subir a la Sierra de Albarracín, ya que llovía incesantemente desde mi salida de Cuenca antes del amanecer, pero esto no fue impedimento para llevar a cabo mi empresa: con meter el chubasquero en la mochila de ataque, este problema estaba solucionado. Así que, me preparé para andar bajo la lluvia y salí de casa.

Antes de llegar a mi destino, hice una breve parada en el monumento junto al nacimiento del Río Tajo, a pocos kilómetros de Frías de Albarracín, ya que llevaba bastantes años sin acercarme a este sitio. Aún quedaba nieve en los picos cercanos al Puerto del Cubillo y la temperatura era de unos 5 - 6 ºC.

Monumento al nacimiento del Río Tajo, unos kilómetros antes de Frías de Albarracín.
Tras esta breve parada continué hasta el pueblo de Frías de Albarracín, desde donde debía coger un camino que discurría en dirección norte hasta dar con la Fuente del Berro, donde dejaría aparcado mi vehículo, hasta que lo pude recuperar al día siguiente... pero bueno, eso ya lo contaré más adelante.

Total, que con el coche ya aparcado, las cosas guardadas en la mochila y el chubasquero puesto por encima de ésta, comencé a andar entre prados que rodeaban el cauce que debía seguir aguas abajo recorriendo una parte del trazado del sendero PR-TE 2 que va de Albarracín al nacimiento del Tajo, pasando por Calomarde y por Frías de Albarracín. Desde la Fuente del Berro, este sendero comienza siguiendo el cauce del río por su margen izquierda.

A esta lluvia que estaba cayendo se le sumaba el agua de deshielo de las nieves que habían caído durante las semanas anteriores y que me impidieron subir a realizar esta ruta unas semanas antes. Aquí el camino aún era llano y todo estaba encharcado, pero también verde y exultante.

Panorámica del primer encuentro con el Río de la Fuente del Berro (también llamado Río Blanco), el cual seguiría aguas abajo durante todo el camino de ida.

Bellos pasajes entre pinares y el cauce de verdes aguas de este pequeño río.

El sendero estaba bien marcado y señalizado. Más adelante se dividía en dos: uno cruzaba el río y se alejaba del cauce para bordearlo por una loma adyacente y el otro seguía por la orilla por la que, hasta ahora, había ido avanzando. Decidí cruzar el río y hacer el tramo en subida para volver más tarde por el camino que iba junto al cauce.

A pesar de haber pasarelas metálicas en algunos puntos, en este punto no encontré ninguna, de modo que busqué un lugar donde el cauce no fuese muy ancho, lancé la mochila a la otra orilla para ir más ligero y después salté esperando no quedarme corto y caer en el río, cosa que afortunadamente no ocurrió.

Después de esto la senda empezaba a ascender tras pasar junto a un viejo molino en ruinas, llamado Molino de las Pisadas. Esta senda se alejaba del río y subía hasta ir por el borde superior de esta hoz que pacientemente fue excavando el agua.

Ya avanzando por el borde superior de la hoz. La suave llovizna me acompañaría durante la mayor parte del día.

Verdes pinares serranos. El río va encajonado por ahí abajo, por donde volvería más tarde andando sobre pasarelas metálicas.
Pliegues en las capas de caliza que forman la parte alta del barranco. Ahí había un camino que bajaba a la orilla del río nuevamente, aunque yo continué otro tramo por la parte superior

El curioso pliegue de los estratos calizos de la foto anterior albergaba un pequeño abrigo de roca que aproveché para refugiarme un rato del fino e incesante 'calabobos' que caía.

Abrigo de roca formado por el pliegue de los estratos calizos. He leído por ahí que se llama Cueva de las Albardas, pero me parece bastante pretencioso denominar a este simple y pequeño abrigo como 'cueva'...

Yo venía de la parte de arriba a la derecha de la fotografía.
El sendero que se ve en la parte de abajo fue el que tomé para la vuelta.
Tras este breve descanso, continué avanzando por la parte alta de la hoz, viendo algunos tramos del río al fondo de las paredes calizas.

Panorámica desde la parte final del sendero que transitaba el borde superior de la hoz.
Un poco más adelante el sendero comenzaba a bajar hacia el cauce de verdes aguas, llegando a un tramo de increíble belleza, con pequeños regatos de agua corriendo por todas partes.

Volviendo junto al cauce. Este tramo me dejó alucinado por su belleza. A la izquierda se puede ver una bonita cascada (pulsar imagen para ampliar).
A partir de aquí la senda hasta Calomarde se convertía en una amplia pista de tierra en buen estado (aunque encharcada) y acondicionada con bancos de madera y farolas.
El agua afloraba por todos los rincones y corría hacia el río, creando murmullos entre las rocas. El espíritu de las ninfas y náyades parecía habitar en este bello paraje.

Pequeños regatos de agua bajaban por todas partes al encuentro con el cauce del Río de la Fuente del Berro.

Arroyos saltarines corriendo entre las piedras.
Ya estaba a menos de un kilómetro del municipio de Calomarde. La llovizna no me daba tregua. No dejaba de caer, pero por lo menos tampoco parecía aumentar su intensidad, de modo que continué caminando tras hacer algunas fotos.

Se ve que el caudal que bajaba por el río era mayor de lo habitual, ya que hasta aquí llegué en absoluta soledad, pero a partir de este punto sí que me crucé con bastantes personas del pueblo que se  acercaban hasta este mágico rincón para ver las cascadas y cursos de agua que la lluvia y la nieve habían alimentado los días anteriores.

Aquí el río parecía más profundo y las paredes de la hoz iban elevándose cada vez más hasta alcanzar los más de 200 metros de desnivel en el muro calcáreo que queda al oeste de Calomarde, llamado Alto de la Piedra. En este tramo se veían numerosos covachos y abrigos de roca.

Imagen tomada junto a la Presa de los Ahogados, llamada así porque en 1876 dos personas (creo recordar que fueron un molinero y su hijo) murieron ahogadas al intentar cruzar el río por este punto tras una crecida. Una placa conmemorativa, allí expuesta, explica la historia. 

Grandes abrigos de roca afloraban por esta parte del recorrido a ambas orillas del río.
Otra de las pequeñas covachas de esta zona.

Panorámica del imponente Alto de la Piedra, elevado más de 200 metros, en su punto más alto, sobre el cauce del río.

Vídeo a los pies del Alto de la Piedra, desde el paseo acondicionado junto al río, cerca de Calomarde.

Ya estaba en Calomarde, pero nada me llamaba a hacer una parada para conocer el pueblo (en mis rutas suelo evitar siempre que puedo las poblaciones, ya que no tengo apenas interés por la etnología), así pues, pasé de largo andando por la carretera que discurre en dirección Este hacia la siguiente población, y al salir del pueblo volví a los caminos que discurren junto a la orilla del río.

Ahora mi plan era llegar hasta la Cascada Batida de Calomarde, ya dejando atrás el sendero PR-TE 2 que hasta ahora venía siguiendo. Esta cascada se encuentra a unos 2,5 kilómetros de la población.

Chopos cubiertos de líquenes amarillos junto al río, de camino a la Cascada Batida.
El sendero junto al río se perdía un poco más adelante, por lo que tuve que recorrer el último kilómetro hasta la cascada por el arcén de la carretera, desde donde me fijé en un abrigo de roca en lo alto de una empinada ladera que me pareció un buen lugar para detenerme a comer tras ver la cascada, ya que en él me podría resguardar de la llovizna que durante todo el camino me venía acompañando.

Por fin llegué hasta el punto más alejado del lugar de aparcamiento en mi ruta: la Cascada Batida de Calomarde, también conocida como Cascada del Molino Viejo (al parecer había antaño un molino del siglo XV).

Cascada Batida desde un mirador que hay arriba.

Precioso el aspecto de esta cascada con el agua que había caído.

Vídeo desde el mirador, cerca de la carretera.

Al pie de la Cascada Batida.

Vídeo corto que grabé para apreciar el sonido y la fuerza del agua aquí.

Ya había visto la cascada y deambulado por sus alrededores, y después de varias horas andando bajo la lluvia, un hambre voraz me pedía una parada para comer. Volví entonces a la carretera en dirección a Calomarde, pero un poco más adelante paré, salí del asfalto y ascendí, no sin dificultad, por una empinadísima pedrera hasta llegar a la covacha que había visto anteriormente. A cobijo de la lluvia, que comenzaba por fin a remitir, me quité el chubasquero, me acomodé y me puse a comer.

Vistas desde el abrigo de roca donde paré a comerme tranquilamente el bocadillo.
Hasta aquí todo iba bien. Había llegado hasta mi objetivo y la lluvia empezaba a darme tregua.

Con las fuerzas renovadas tras echar combustible a la maquinaria, me puse otra vez en marcha desandando el camino andado. Pasé por el pueblo, volví al paseo junto al río, y llegué otra vez al rincón que me había cautivado al pasar por allí.

Como ya no llovía aproveché:

Cauce donde el agua solo corre tras largos períodos de lluvias.
Su topónimo es: Barranco Mingoma

Casi se podía oír las voces de náyades y ninfas jugueteando en estas puras aguas.

En este rincón hice una parada y grabé un par de time lapse (tras una larga espera grabando, no quedaron del todo bien). 

Aquí comenzó el drama.

Al hacer recuento de pertenencias... alarma. "¡Joder! ¡me faltan las llaves del coche!". Abro la mochila, busco, no están. Me rebusco por todos los bolsillos. Tampoco aparecen. Cojonudo... ¿cómo vuelvo yo ahora a Cuenca? No tengo ninguna otra copia de la llave: ni encima, ni en Cuenca.

Vuelvo una vez más sobre mis pasos mirando el suelo por el camino que lleva a Calomarde. No las encuentro. Paso de largo el pueblo y continúo en dirección a la Cascada Batida, pero antes de llegar a ella, recordando el último chequeo que hice de mis pertenencias, estoy seguro de que por este punto la última vez que pasé, aún las tenía en el bolsillo... de modo que vuelvo al pueblo. Me cruzo con un grupo de personas que vienen haciendo un trekking por mi mismo recorrido y les pregunto si han visto las llaves de un Toyota. No, no han visto nada, pero me dicen que irán atentos por si las viesen y en tal caso las dejarían en el bar del pueblo.

Voy al bar del pueblo (había pasado varias veces por la puerta) y les informo de mi problema. Les dejo mi número de teléfono por si alguien las encontrase y las llevase ahí. Para más inri, en todo el trayecto que he hecho desde que aparqué el coche no había cobertura móvil. Sólo aquí, el el pueblo de Calomarde había la suficiente para llamar. Llamo a Hermano Errante y le explico mi situación. 
Le digo que voy a hacer otro intento de encontrarlas, y que si no lo consigo me bajaré hasta Frías de Albarracín y desde allí contactaré de nuevo con él para que suba a buscarme. La caminata se alargará más de lo planeado...

Vuelvo a encaminarme por la pista de tierra donde creía haberlas perdido, alejándome de Calomarde y de la cobertura móvil. Miro por todas partes. Nada. Ni rastro. Empiezo a desesperarme y la temperatura empieza a bajar. Recordemos que esto sucedió en marzo, donde la noche cae pronto.

Vuelvo a la pequeña cascada del Barranco Mingoma donde eché en falta las llaves, miro por la zona y... nada. Me resigno. Las doy por perdidas, de momento; así que me dirijo de nuevo en dirección al coche, sabiendo que por esa zona no las iba a encontrar.

Al llegar al punto donde el camino se divide, escojo la ruta que discurre junto al río, ya que al venir lo había hecho por la que va por lo alto de la hoz. Me encuentro con rincones preciosos, pero ya no los miro igual. Voy andando desesperado, a un ritmo frenético. Aun así, en algunos puntos me paro a hacer algunas fotos como las siguientes:

Gorgas estrechas donde el agua fluía mansamente. Por fin salió un rato el sol, aunque ya no estaba de humor para disfrutarlo.

Aquí empezaba el tramo encajonado del río donde la progresión se hacía posible gracias a una estrecha pasarela metálica.

Otro bonito tramo donde el río discurría totalmente encajonado.

Tramo de la pasarela metálica.

Otro tramo donde se cruzaba a la margen derecha del río para continuar caminando por una senda con pasamanos fijados a la roca y escalones de madera sujetando el suelo.
Ya pasado el tramo encajonado del río, seguí en dirección a la Fuente del Berro en cuyas proximidades tenía el coche aparcado... pero claro, sin la llave poco podía hacer, de modo que lo pasé de largo dejándolo a la intemperie y proseguí en dirección a Frías de Albarracín, esperando que allí hubiese cobertura móvil y pudiera confirmar a Hermano Errante que tenía que subir a recogerme.

Este 'paseo extra' aumentó en otros 4 kilómetros los que ya había recorrido, la noche comenzaba a acercarse y mis fuerzas ya andaban algo justas.

Tras llegar a Frías de Albarracín y comprobar que allí sí había cobertura (¡menos mal!) hablé con Hermano Errante y busqué un lugar donde protegerme del frío glacial que hacía al atardecer (lo de Frías hace justicia al nombre del pueblo) mientras él subía a recogerme.

Mapa de la parte del recorrido que tenía planeado hacer en un principio (como luego tuve que volver sobre mis pasos, y más tarde andar otros 4 kilómetros en dirección sur hasta Frías de Albarracín, al final la ruta fue bastante más larga).
El punto amarillo (en la parte izquierda) es el lugar donde dejé aparcado mi coche. La línea en color rojo claro representa el recorrido de ida, por la bifurcación de la senda que discurría por la parte alta de la hoz hasta la mitad de ésta, más o menos, donde el recorrido ya era por la misma pista de tierra. A la derecha, en el punto de color azul, está la Cascada Batida, hasta donde llegué. Más tarde al volver, tomé la variante del sendero que discurre por la orilla del río y las pasarelas metálicas, que está marcado en color rojo más oscuro sobre el mapa.

El desenlace, por suerte, fue feliz. Hermano Errante me recogió antes de que me congelase (no faltó demasiado, no os imagináis como baja de fresco, en marzo, el viento de los picos que hay alrededor de Frías de Albarracín) y volvimos a Cuenca. Al día siguiente fui a trabajar y en cuanto salí cogí otro coche y me subí con un amigo a buscar las llaves del mío.

Nos pilló una fuerte nevada en las inmediaciones de Calomarde, pero tras volver al lugar donde estuve grabando el time lapse cerca de la pequeña cascada de agua del Barranco Mingoma, el amigo que había subido a ayudarme dijo algo así como: "¡Coño! ¡Mira qué marzuelos salen por aquí!" mientras levantaba del suelo las llaves de mi coche. Desde aquí, ¡gracias de nuevo a Víctor (Mito) por encontrarlas!

Un enorme respiro de alivio se pudo escuchar en toda la Sierra. Había recuperado mi coche, después de todo... aunque la vuelta a Cuenca con los dos dedos de nieve que habían caído en el Puerto del Cubillo mientras buscábamos las llaves, no fue tampoco una tarea nada fácil...