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jueves, 11 de julio de 2019

Tercer, y último asalto, a la Similla del Val (Santa María del Val)

Volvemos. Es lo que tocaba. Y, por mi parte, no me importa volver las veces que haga falta. Es un sitio impresionante del que no me canso. Hablo, de la Similla del Val, en las cercanías de Santa María del Val. Una cueva impresionante (aunque sus dimensiones no lleguen a ser muy grandes) con todo tipo de pasos, secciones y posibilidades. Además, es parte de un sistema hidrogeológico importante de nuestra provincia.

Dicen, que a la tercera va la vencida y, en este caso, no mienten. Tuvimos que adentrarnos en este mundo subterráneo tres veces hasta llegar al punto final de la cueva donde un derrumbe del techo creó una sala de dimensiones considerables, y desde la cual ya no se puede avanzar mucho más. Aclarar también que, esta cueva fue topografiada por la Asociación Espeleológica Conquense Lobetum, a la que pertenecemos Hermano Errante y yo, pero para ir a visitarla, no les pedimos dicha topografía. Así, al adentrarte en un lugar del que no tienes ninguna referencia, te da la sensación de que lo estás explorando por primera vez (aunque no sea cierto) y todo te parece más impresionante que si te lo cuentan de antemano. Además, esta cavidad, al no ser muy frecuentada, se conserva bastante mejor que otras donde hay marcas y 'pintadas' por todas partes, es decir, es más pura.

En esta entrada no incluiré apenas fotos mías, ya que las mostré en su momento en esta entrada sobre nuestra primera visita a la Similla. De nuestra segunda visita sí que he incluido alguna foto, pero de los compañeros con los que acudimos aquella vez. En esta ocasión, he montado un vídeo de 10 minutos con todos los vídeos grabados en cada una de nuestras visitas y lo he subido a Youtube. Más abajo tenéis el enlace.

¿Vamos a lo que vamos? Bien. Voy a relatar un poco de cada una de nuestras visitas a este lugar espectacular.

En la primera visita, estábamos Hermano Errante y yo. Fuimos poco después de la última gran nevada que hubo por aquellos lares, y la aproximación a la boca de la cueva la hicimos campo a través, desde la carretera que une Poyatos con Santa María del Val, esquivando pinos volcados por todas partes. No nos costó mucho encontrarla, ya que íbamos recomendados por Padre Errante y nos dijo el punto exacto del mapa donde teníamos que buscar. Aunque la entrada está algo escondida, no nos costó dar con ella. Así pues, nos adentramos sin saber lo que nos íbamos a encontrar, y lo que encontramos nos gustó mucho.

Aquella vez corría un reguero de agua desde la zona que hay debajo de la boca de entrada. Siguiendo este reguero, tras pasar una zona un poco estrecha para llegar a él, el curso de agua ha excavado un pequeño arroyo subterráneo, que corre en dirección Norte por la galería principal que, sin ser tan grande, se parece bastante a la de la Cueva del Tío Manolo, en Uña. Seguimos pues dicho cauce, y nos encontramos con un par de pasos estrechos entre la pared de la galería principal y algún derrumbe ocasional del techo. Este tramo no tiene ninguna dificultad. Las cosas se ponen peor más adelante. Aquí se va andando sobre arena lavada, esquivando el curso de agua, saltándolo, o pasando por él (cubría un palmo, más o menos). Así, llegamos a la primera zona donde no sabíamos muy bien como seguir. Por el cauce, se adivinaba un paso bajo que te obligaba a pasar con el cuerpo muy cerca del agua. Hermano Errante se metió por ahí. Yo seguí un poco más adelante y vi una gatera colgada a poco menos de dos metros de altura, junto a la pared de la galería principal, y subí por ahí. Hermano Errante me esperaba ya en el otro lado tras pasar a ras del agua. Habíamos pasado el primer caos de bloques, que no es otra cosa que un derrumbe de la galería principal que dificulta la progresión. Una vez superado este caos, volvemos al curso de agua que veníamos siguiendo. Se vuelve a ensanchar la sección de la cueva.

Avanzamos más, hasta adentrarnos en otro caos de bloques. Éste, más complicado que el anterior, y colgado un poco por encima del nivel de la galería principal. Aquí, no vimos nada claro el paso, y nos adentramos en todos los resquicios que vimos, pero sin dar finalmente con el que nos hacía continuar. Nos habían dicho que la cueva tenía un desarrollo topografiado de unos 800 metros, y no nos daba la impresión de haber recorrido tanto trecho. Tras embarrarnos arrastrando por todo tipo de gateras y entre bloques empotrados, nos dimos por vencidos y emprendimos el camino de vuelta. Ya en la galería principal, Hermano Errante se fijó en un hueco del techo por donde podíamos trepar, y subimos a una galería fósil que corre por encima de la principal. Por ella llegamos de nuevo hasta la primera parte de la cueva, y salimos al exterior. Primera visita, concluida, y con ganas de más.

La segunda vez, volvimos con Aitor, Edu y Fidel, del grupo de Fotoespeleo QNK. En esta ocasión nos dedicamos a las fotos (esta vez contábamos con dos cámaras, y dos fotógrafos: Edu y Aitor), y no nos volvimos a adentrar en el caos de bloques para buscar la continuación. Os dejo alguna foto de esta sesión, así como alguna otra que hicimos con el móvil mientras avanzábamos y preparábamos el material:


Selfie de los miembros de Fotoespeleo QNK que acudimos a la cita.
De izquierda a derecha: Hermano Errante, Edu, Fidel, yo y Aitor.

Buscando lugares donde colocar flashes y demás. Foto realizada por Fidel (creo).

Hermano Errante junto al rincón plagado de estalactitas de la zona fósil de esta cavidad. Foto de Edu.

Fidel y Aitor preparados para hacer una foto a Edu. Foto por Edu.

Fotografía de Aitor a Edu mientra éste los fotografiaba a él y Fidel. Ésta foto y la anterior se hicieron casi al mismo tiempo.

Foto que me tiró Edu mientras reptaba por la galería fósil colgada sobre la galería principal.

Yo mismo saliendo de la gatera en ascenso que conduce a la galería fósil y su espectacular rincón plagado de espeleotemas.

En esta nueva visita, yo sí que me adentré en una gatera que salía de la zona fósil hacia un lateral de la dirección de la galería principal. Estaba investigada (había restos de que alguien se había arrastrado por allí) pero su corta sección me hizo desistir. Para otra visita, si volvemos, tengo pendiente echarle un ojo más detenidamente. Tras hacer las fotos, volvimos a la superficie.

Tras esto, dejamos un tiempo la Similla. Pero, unos meses después, en una reunión con el grupo Lobetum, preguntamos a su Presidente (Enrique Valero) por la continuación y nos dibujó un croquis en una servilleta donde explicaba cómo encontrar el paso que nosotros no habíamos podido hallar por ninguna parte.

Ya, con el 'mapa del tesoro', el día 20 de Junio de este mismo año, tras hacer el Barranco del Arroyo del Valle junto con Charly, volvimos a la Similla para ajustar las cuentas pendientes.

Pasamos rápidamente por la galería principal y los pasos que ya conocíamos. Una vez en el segundo caos de bloques, bajamos hasta el cauce del curso de agua (que en esta ocasión tenía agua embalsada, pero no corría) y Hermano Errante se adentró en un laminador, que desembocaba en una gatera estrecha, tras la cual había que empotrarse entre las paredes para ascender un tramo vertical de unos 2 metros y pico. Éste era el paso que buscábamos. Gracias a las indicaciones de Enrique Valero, habíamos dado por fin con la continuación de la cueva. Si bien es verdad que, este paso está muy próximo a la zona por donde discurre el agua, y si la primera vez no lo vimos fue porque el nivel del agua era mayor y el paso se encontraba sifonado (lleno de agua, vamos).

Pasamos por esta zona, donde tienes que convertirte en un auténtico 'tetris humano' para lograr encajarte, desencajarte y salir por arriba; y continuamos al otro lado del caos, por el cauce nuevamente. Aquí había una 'bandera' realmente larga y blanca (se muestra en el vídeo) descolgándose de la pared y algunas estalactitas finísimas en plena formación. Tras esto, un tercer caos de bloques obstruía el paso, pero tras una corta trepada y una gatera entre los bloques desembocamos en la sala final de esta cueva. Una sala casi circular, de unos 15 o 20 metros diámetro, donde había un par de gateras que investigamos, pero que se estrechaban mucho ya como para permitir el paso. Habíamos llegado a la zona final de esta cavidad.

La dirección principal de toda la cueva va hacia el Norte, y es de esperar que esté conectada con la Sima del Labio de la Tía Coja, y más adelante con el Sumidero del Embalsador (actualmente en exploración, y ya con un desarrollo superior a 6 kilómetros, lo que la convierten en la cavidad de mayor desarrollo de la provincia). De no ser por los derrumbes que cortan el paso, si se pudieran conectar la Similla, el Labio y el Embalsador, estaríamos hablando de un sistema de cavidades que alcanzaría varios kilómetros más de lo que actualmente se conocen, ya que estas tres cavidades vierten el agua que cae en toda la Muela del Rebollar hacia el Norte, en el Río Cuervo. Ojalá algún día se pueda encontrar o forzar la conexión entre estas cavidades. Sería un sistema kárstico increíble.

Y, hasta aquí la crónica... os dejo el enlace al vídeo que he subido a Youtube para que veáis cómo es realmente lo que he relatado aquí: https://youtu.be/4b-OinAiGbc

Y con esto, me despido hasta la siguiente entrada. ¡Hasta la próxima!

lunes, 30 de julio de 2018

La Similla del Val

En esta entrada nos vamos a desplazar a la Serranía norte para mostrar un bello paraje subterráneo situado entre las poblaciones de Poyatos y Santa María del Val, aunque ya dentro del término de este último municipio. Volvemos al subsuelo de la Serranía, esta vez para explorar la llamada: Similla del Val.

Boca de entrada a la Similla del Val. A pesar del diminutivo 'similla' de su nombre, se trata de una cueva en toda regla, y no de una pequeña sima de desarrollo vertical como podría sugerir el topónimo.

Esta cavidad no es muy conocida (en Internet no se encuentra nada sobre ella) ni frecuentada (no es fácil encontrarla, aunque nosotros no tuvimos ningún problema), por lo que se haya en buen estado de conservación. Para evitar futuros deterioros en este bello paraje subterráneo, me limitaré a describir someramente la zona en la que se encuentra, sin entrar mucho en detalle sobre su localización exacta.

Estamos en la Muela del Rebollar, que se sitúa entre las poblaciones de Fuertescusa, Poyatos, Santa María del Val y Puente Vadillos; y entre los cauces del Río Cuervo (al norte) y el Río Escabas (al sur). El sendero circular PR-CU 95, llamado la Ruta de las Simas, (actualmente de baja temporal en la página: http://www.senderosdecuenca.org/index.php/es/) nos acerca a varias cavidades verticales de la zona de Santa María del Val, y entre ellas se encuentra ésta.

Después de aparcar el coche cerca de la carretera que une Poyatos y Santa María del Val, andamos unos 2 kilómetros por pistas de tierra bastante rotas hasta dar con las señalizaciones del PR-CU 95, tras lo cual encontramos la entrada a la cueva que no se ve hasta que no la tenemos justo delante, por estar oculta.

La boca de entrada forma una rampa descendente, por lo que esta cueva actúa como un colector donde se vierten las aguas de escorrentía, formando así un riachuelo subterráneo que recorre el suelo de esta cavidad y ha dado la forma a sus galerías. Cuando fuimos, a finales de mayo, aún había por todas partes bastante agua de la caída durante esta primavera.

Nada más entrar, bajamos andando sobre los derrubios que ha ido arrastrando el agua durante milenios hasta dar con un resalte en bajada. Para llegar a ese resalte nos adentramos en un corto laminador y desde ahí nos asomamos. Hay que bordear. Rodeamos unos bloques desprendidos del techo para bajar este resalte por la derecha y oímos un rumor de agua. Ahora nos encontramos bajo la galería de entrada, a un lado, desde donde sale de un pequeño manantial en la pared, el agua que forma el riachuelo. Éste corre en dirección al interior de la cueva.

Al lado del manantial hay una gran pila de piedra colocada para recoger el agua de una filtración que existe sobre ella. A la vuelta de la cueva pregunté a Padre Errante (que fue espeleólogo durante mucho tiempo y visitó en su momento esta cueva) por el origen de esa pila y me contó que su teoría es que esa pila fue colocada hace muchísimo tiempo por pastores de la zona para recoger y aprovechar el agua subterránea y apagar la sed en tiempos de sequía donde no se podía encontrar agua en otra parte. Me parece una teoría bastante válida, de modo que la daré por buena. Sobre la pila había también un 'vaso de cerámica' de los usados para recoger la resina de pino.

Hermano Errante junto a la pila que hay bajo la entrada a la cueva. 

A juzgar por la concreción existente en la base de la pila, ésta debe llevar 'plantada' en ese sitio muuuuuucho tiempo.

Detalle del interior de la pila de piedra con Hermano Errante asomado a ella.
Después de pararnos a observar este curioso abrevadero, nos dirigimos al interior de la cueva siguiendo el cauce del arroyo que nace aquí.

Nos encontramos ahora andando (a veces sobre grava, a veces sobre arena fina) por un amplio meandro subterráneo labrado por el arroyo.

Hermano Errante sentado a un lado del meandro para cambiar las pilas de su linterna frontal.

Meandro subterráneo bastante ancho y espacioso. El arroyo corría por la izquierda de la fotografía.
Aquí el avance era cómodo y sin ninguna dificultad gracias a la amplitud y altura de este meandro activo. De hecho, avanzamos por aquí tan rápidamente que nos pasamos de largo una oquedad que luego a la vuelta, con más calma, descubrimos e investigamos.

Hermano Errante junto a una colada en la galería principal de la Similla del Val.
En este recorrido inicial no vemos formaciones apenas... salvo por una colada que nos encontramos en la galería principal. Es raro que con tanta agua corriendo, y humedad, no haya espeleotemas por todas partes, pero más tarde fuimos conscientes del porqué de esta ausencia.

¿Y eso? No será un alien... ¿verdad?
Extraña formación ramificada en el techo de la sala principal.
Total, que seguimos adentrándonos por el amplio meandro hasta dar con el primer obstáculo. Un derrumbe.

Hay bloques que han caído del techo y han taponado la continuación. Eso parece en un principio... pero no. Encontramos dos pasos posibles: Hermano Errante sigue andando por el cauce del riachuelo subterráneo y se cuela agachándose, con el pecho a ras del agua, por una pequeña bóveda sifonante por la que continúa el pequeño curso de agua; mientras yo he descubierto una gatera ascendente a la izquierda del paso que ha tomado Hermano Errante y comienzo a arrastrarme por ahí para conectar con la continuación tras el derrumbe.

Aquí es donde me uní a Hermano Errante, que había pasado el derrumbe por otro lado a ras del agua. 
Yo preferí no mojar el mono y me arrastré por esta gatera, que luego usamos ambos, a la vuelta, para salir.

Aquí ya empezaba la acción. Mi hermano ya había salido por el otro lado y había venido a donde yo estaba reptando para pasar. Paso y me reúno con él.

Ahora estamos en un espacio entre dos caos de bloques. Vemos un tramos corto de riachuelo que a unos 8 o 10 metros se vuelve a sumir entre grandes bloques de piedra desprendidos del techo. Tenemos que buscar un paso estrecho que continúe por el otro lado y vuelva a reunirnos con el cauce activo del riachuelo. Hemos venido sin topografía, ya que no hemos podido encontrar ninguna de esta cueva y no sabemos muy bien si esto continúa o se acaba aquí. De todos modos, nos han comentado que esta cavidad tiene unos 700 u 800 metros de desarrollo, y no nos da la impresión de que hayamos recorrido tanta distancia... de modo que tiene que haber un paso para superar este caos de bloques.

Por aquí hay algunas pequeñas formaciones, pero el espacio es mucho más reducido que en el meandro por el que veníamos. Hay bloques de piedra desprendidos y apoyados unos en otros por todas partes. Hay que revisar cada hueco que existe entre todo este laberinto pétreo.

Hermano Errante repta por entre el caos de bloques intentando encontrar un paso por donde superar este obstáculo

Subimos, bajamos, pasamos reptando entre bloques, entre el hueco que deja la pared original de la cueva y los bloques desprendidos, volvemos sobre nuestros pasos, nos paramos. Hay arcilla resbaladiza por todas partes No sabemos por dónde continúa esto. Hurgamos por cada hueco que vemos, pero todos nos hacen volver a retroceder porque tras avanzar un poco, se cierran completamente. Seguimos estando casi convencidos de que éste aún no es el final de la cueva. Tenemos que encontrar un paso por aquí.

Nos metemos por todos los huecos por donde cabemos para intentar salir de este caos de bloques y continuar la cueva.

Nada. Tras un rato largo de duro arrastrarse entre recovecos, nos damos por vencidos. Ni por la parte alta del derrumbe, ni por su parte media, ni por su parte baja encontramos una gatera que salga por el otro lado. Éste sería el punto más alejado de la boca en nuestra exploración. No encontramos el modo de avanzar más. Iniciamos el recorrido de vuelta.

En el tramo que enlaza con la galería principal, antes de salir por la gatera por donde yo había entrado, descubrimos algunas formaciones en una pequeña sala.

Estalagmita y algunas pequeñas estalactitas en un bello rinconcito subterráneo.
Salimos de nuevo a la galería principal. Hemos escapado del caos de bloques, aunque sin lograr atravesarlo... vamos volviendo por la galería principal por donde no habíamos visto apenas formaciones, salvo alguna pequeña colada en un lateral, y poco más. La cueva es preciosa, pero faltan espeleotemas. Hacemos una parada. Hago una foto a Hermano Errante. Concretamente, le hago esta foto a Hermano Errante:
En esta colada donde casualmente nos hemos parado a hacer una foto, hay un hueco.
Hermano Errante lo ha visto. La curiosidad le puede. Tiene que asomarse.
No habíamos reparado en esto al pasar por aquí a la ida. Íbamos progresando hacia el fondo de la cueva sin pararnos mucho a mirar lo que nos rodeaba. Hermano Errante sube, se encaja entre las paredes de este agujero ascendente y al poco tiempo desaparece.

Hermano Errante ha visto por ahí un hueco. A ver que encuentra...

Oigo su voz surgir desde arriba. Me dice que suba. Me encaramo a la colada, encajo los hombros en el agujero, busco agarres para las manos, tanteo apoyos con los pies y subo.

Me encuentro con esto:

 Subo por el agujero y... ¡Hermano Errante ha descubierto un rincón repleto completamente de estalactitas!

Estamos en una galería colgada sobre la galería principal por la que corre el riachuelo. Sigue el mismo sentido y, aunque sus dimensiones son más modestas que la galería que tiene por debajo, se anda cómodamente por aquí. Es amplia y alta.

Estamos en una galería fósil. El río excavó en un principio su camino por aquí, y con el paso del tiempo y la erosión, se fue colando hasta formar la galería del nivel inferior. Aquí el techo no se derrumbó, y cuando el agua dejó de fluir por esta galería, se comenzaron a crear lenta y pacientemente las formaciones.

Cientos de estalactitas pequeñas, unas cuantas estalagmitas grandes y algunas columnas jalonan esta preciosa galería colgada encima de la principal.

"¡Yo también quiero una foto aquí!"
Es increíble la cantidad de estalactitas que hay en este rincón y lo apretadas que están unas con otras. Eso sí, muchas (la mayoría, de hecho) parece que están cortadas por la mitad.
Decidimos continuar por esta galería colgada, aunque no sabemos si en el otro extremo, ya cerca de la entrada, habrá una bajada o si por el contrario se cerrará y tendremos que dar la vuelta y bajar por el hueco por el que hemos subido aquí...

Ahora nos damos cuenta, las formaciones que no habíamos visto por el meandro que forma el riachuelo en la galería principal, debían de haber sido arrastradas en alguna crecida inusual del caudal hace ya tiempo; pero en esta galería superior, que es una galería fósil (sin curso de agua activo), se concentraban casi todas las concreciones de la cueva.

Tras flipar un rato con estas vistas, retomamos el camino hacia la salida, pero siguiendo esta galería colgada sobre la que atravesamos para entrar, hasta que llegamos a un punto en que esta galería se había derrumbado sobre la inferior, y ya se veía el primer laminador por el que nos habíamos asomado nada más entrar a la cueva. Pasamos hacia él, con cuidado, por una estrecha repisa que queda a nuestra derecha, colgada sobre un vacío de unos 4 o 5 metros, y volvemos a estar en el bajo laminador del principio de la cueva.

Salimos al exterior, no sin antes echar una última mirada al bello mundo subterráneo que ahora abandonamos, dejándolo tranquilo, oscuro y callado hasta que vuelvan a aparecer visitantes por aquellos lares, esperemos que, cargados del respeto y admiración que merecen estos rincones escondidos.

En definitiva, nos encantó esta cueva, aunque nos dejó con ganas de más... por ello: volveremos a visitarla más adelante ora vez. Seguro.