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sábado, 31 de octubre de 2020

Espeleo por Cantabria: Ruta circular en Cueva Fresca (Valle del Asón)

 ¡Hola de nuevo, gente errante!

 

Volvemos a las andadas. Volvemos a las cuevas. Volvemos a Cantabria...

 

Hoy os traigo el resultado de una nueva incursión en las inmensas galerías excavadas en las entrañas de la verde Cantabria. Vuelvo al Valle del Río Asón con el club Diaclasa Villalba, con el que estoy federado actualmente. Subíamos con la idea de hacer un par de cuevas, en un par de días. Es decir... que íbamos a echar muchas horas en cada cueva.

 

Una parte del proyecto era entrar a Coventosa para remontar los lagos y ver cómo era la bajada desde el 'Agujero soplador', ya que algunos compañeros del Club tienen pendiente hacer la gran travesía que recorre este sistema de cavidades. Hicimos un recorrido de 8 horas y media... podéis echarle un ojo, aquí: https://almaerrantedeestosmontes.blogspot.com/2020/10/de-vuelta-en-coventosa-recorrido-hasta.html

 

La otra parte del proyeto era hacer una travesía más asequible que la de Cueto-Coventosa. Íbamos con la idea de hacer la travesía Coterón-Reñada, pero al final, a causa de las lluvias desechamos esa opción, ya que no había garantías (a causa de que llovía constantemente en el Valle del Asón) de poder pasar por los tramos que se inundan...

 

Total, que improvisamos y, aprovechando que estábamos alojados en las Casucas del Asón, finalmente fuimos a hacer un recorrido por la Cueva Fresca, que queda a un paseo de este alojamiento.

 

Las 'Casucas del Asón'. Al fondo, se ve la cascada que sale de la boca de la Cueva del Agua.

 

La Cueva Fresca, fue descubierta en 1964 por el célebre espeleólogo Claude Mugnier, del S.C.Dijon. Se encuentra en la margen izquierda del Barranco de los Castros, afluente del Río Asón. Dejo un mapa con la aproximación desde las Casucas del Asón y de la posición aproximada de la boca de la cueva (que aparece marcada en los mapas de menor escala).

 

Ruta aproximada de acceso a la Cueva Fresca desde el aparcamiento de las 'Casucas del Asón'

 

En 1990 se realiza la primera travesía, entrando por la Sima de Tibia (descubierta el año anterior) y saliendo por la Cueva Fresca tras 410 metros de desnivel y 3.200 metros de recorrido. En 1994 se completa la topografía de este sistema, el cual arroja un recorrido total de 25 kilómetros de galerías y pozos. Hay que recordar que estamos en el márgen izquierdo del valle del Río Asón, donde se concentran las grandes cavidades de: Cayuela al norte, Coventosa un poco más al sur, Cueva del Agua; y más al sur, la Cueva Fresca. Si todos estos sistemas encontrasen puntos de conexión entre ellos, estaríamos hablando de una red de galerías ENORME excavada bajo los Collados del Asón.

 

Mapa con la situación de algunas de las cuevas más importantes del Valle del Río Asón.
Sacado del libro 'Grandes Travesías(40 Integrales Españolas)' del gran Isidoro Ortiz.

 

Pues bien, nos metimos en la cueva con el cansancio acumulado tras echar 8 horas y media en Coventosa el día anterior. Con pocas ganas pasamos por la primera sala que es unas dimensiones medias. Nos encontramos al poco con el primero de los dos laminadores de entrada. Toca arrastrarse un poco. Ea...

 

Pequeño vídeo de la primera parte de la Cueva Fresca.

 

Tras pasar por estos laminadores (el primero de unos 20 metros de largo, y el siguiente algo menor) nos encontramos con la primera vertical. Es pequeñita. Debemos ascender, por una cuerda montada en fijo, un resalte de unos 3 metros. Después, descendemos un resalte de unos 2 metros por una cuerda con nudos y nos encontramos en la galería de entrada. Al principio el techo no es muy alto, pero al poco tiempo la galería se agranda hasta unas dimensiones impresionantes.

 

Galería de entrada tras pasar los primeros laminadores y una pequeña trepada.

 

Por el suelo corre un pequeño reguero de agua. Tras alguna caída y resbalón, bajamos andando por el agua del reguero, donde el suelo está más lavado y no hay arcilla traicionera que nos haga caer al suelo (aunque al final, todos acabamos cayendo tontamente en algún sitio sin dificultad).

 

Vídeo de la galería de entrada.

Otra toma de esta galería de entrada a Cueva Fresca.


Vamos bajando y el techo sigue alejándose del suelo. Hay un recodo a la derecha. Estamos en un gran cañón subterráneo, llamado en la topografía 'Cañón de la Exploración', que será el primero de los que atravesaremos en esta cavidad.

 

En este recodo tenemos el primer pasamanos montado en fijo en la pared derecha, para salvar una caída que queda a la parte izquierda de la galería. Lo pasamos rápido.

 

Después seguimos andando sobre arcilla resbaladiza hasta encontrarnos con un cruce de galerías. Consultamos la topografía y ascendemos por una pendiente de arcilla muy resbaladiza. Hay que subir en fila, siguiendo las huellas talladas en el suelo para no caerse.

 

Tras esto hay otro pasamanos montado en fijo, en el que progresamos entre un gran bloque y la pared, sobre una grieta. Se trata del pasamanos 'Bloque 64'.

 

Continuamos por un cañón más estrecho que todo lo anterior, andando sobre otro pequeño curso de agua, hasta llegar a la 'Fuente de los Macarrones'.

 

Llegamos a la 'Fuente de Macarrones'.

 

Seguimos y, nos encontramos otro obstáculo: 'El Tracastín', que es un pozo de 2 metros de ancho y 20 de profundidad que corta completamente la galería por la  que progresamos. Hay otro pasamanos montado en fijo por la pared izquierda. Lo pasamos ordenadamente: mientras unos acaban de pasar este tramo, otros ya están enfrentándose al siguiente, situado unos cuantos metros más adelante.

 

Foto del 'Tracastín'.
Sacada del libro 'Grandes Travesías (40 Integrales Españolas)' de Isidoro Ortiz.


Ese otro obstáculo al que se dirigen los que van en cabeza se llama la 'Encrucijada de la araña', donde una cuerda nos hace ascender por la pared izquierda y superar un pasamanos largo (unos 20-25 metros) que libra una caída de unos 10 metros al desfonde de la galería que conecta con un nivel inferior de esta cavidad (Galería Eboulis).

 

Foto que hizo Pablo en este largo pasamanos que salva un desfonde de la galería.

Foto de la 'Encrucijada de la Araña'.
Sacada del libro 'Grandes Travesías (40 Integrales Españolas)' de Isidoro Ortiz.


Tras cruzar este pasamanos, nos adentramos en otra galería grande. Aquí vemos algo impresionante. La 'Gran Estalagmita', una formación de un tamaño impresionante, que ha debido tardar en formarse pacientemente varios cientos de miles de años.

 


Vídeo de la 'Gran Estalagmita'.

Foto de la 'Gran Estalagmita' versión 'mi móvil'.

Foto de la 'Gran Estalagmita' versión 'cámara de Pablo', con todos los miembros del Club Diaclasa que nos desplazamos a esta cavidad cántabra.


Después nos adentramos en el llamado 'El Gran Atajo', al que yo llamaría, 'El gran engaño'... jajaja. A ver. Me explico. Para cruzar este 'gran atajo' empleamos cerca de una hora y media, buscando pasos entre caos de bloques;  ascendiendo y descendiendo. ¿El engaño? A la vuelta, desde la 'Sala Rabelais' hasta el lugar desde donde parte 'El Gran Atajo' (que era el punto donde cerramos en círculo en que consistía nuestra ruta) tardamos unos 15 o 20 minutos... ¡muchísimo tiempo menos que por el dichoso atajo!

 

Tras superar este 'atajo' salimos a un cañón enorme: 'El Cañón Rojo' el cual tiene este nombre ya que sus paredes y techo son de un color rojizo intenso. Desde aquí giramos a la derecha para adentrarnos en la 'Sala Rabelais'.

 

Si el 'Cañón Rojo' es enorme, la 'Sala Rabelais' es inconmensurable. En esta enorme sala circular hay dos cascadas, y la caída del agua levanta gotas minúsculas que se quedan suspendidas en el aire y hacen que haya niebla incesante en este lugar. Llevamos muchos lúmenes en nuestras linternas, pero la luz que proyectamos sobre paredes y techo sólo logra arañarlos débilmente. ¡Vamos, que no se ve un carajo! Y, es normal... nos encontramos en bajo una bóveda de más de 100 metros de diámetro. Es acojonante.

 

Bajamos del gran caos de bloques que hay en la parte alta de esta sala, por una rampa empinadísima. Aquí hacemos la parada para comer. Envueltos por el sonido de las cascadas de agua y la oscuridad de este lugar.

 

Vídeo grabado desde la parte baja de la gran rampa de la Sala Rabelais, donde paramos a comer y descansar un poco.

 

Tras el repostaje subimos de nuevo a la parte alta de la sala. Buscamos ahora la entrada a la 'Diaclasa de los Parisinos'. Buscábamos este punto para tener una referencia porque, si vas a realizar la travesía, tienes que asegurarte antes de que las cuerdas montadas en fijo no tienen el cabo libre enganchado arriba, ya que se han dado casos de grupos de espeleólogos que bajaban haciendo la travesía y, al llegar a este pozo de 10 metros que se debe realizar en ascenso y ver que la cuerda que les separa del exterior está colgando fuera de su alcance porque alguien antes no ha tenido la delicadeza de dejarla bien al utilizarla, han tenido que ser rescatados...

 

Bueno pues, por lo visto, por la parte alta de la 'Sala Rabelais' no estaba el acceso a la dichosa diaclasa.

 

Tras deambular un rato sin lograr encontrar esa entrada a la 'Diaclasa de los Parisinos' (aquí es todo tan grande y caótico que orientarse en muy difícil) nos dirigimos a la '5ª Avenida' para iniciar el retorno al exterior.

 

La '5ª Avenida' es un cañón gigantesco (no se ve el techo, por más que lo buscas con tu haz de luz), por el que avanzamos muy rápido hasta encontrarnos con un desfonde que hay que salvar mediante una cuerda de ascenso (se puede subir a pulso; está instalada para no resbalar con el barro), un pasamanos y una cuerda de descenso.

 

Al poco nos adentramos en un tramo acojonante. No 'acojonante' de fascinación... Si no, 'acojonante' de acojonarse. Vamos, que vas andando por la parte superior de un caos de bloques, cubiertos de arcilla resbaladiza, con abismos a ambos lados y saltando entre algunas grietas para pasar de un bloque al otro. Un tramo bastante delicado, pero que superamos sin contratiempos.

 

Como por arte de magia, hemos llegado de nuevo a la 'Gran Estalagmita' y, desde aquí, ya nos conocemos el camino de vuelta; ya que es el mismo que el de acceso a partir de este punto.

 

De modo que volvemos a pasar por la 'Encrucijada de la Araña', 'El Tracastín', 'El Bloque 64' y todos los obstáculos que se nos vuelven a poner por delante, hasta llegar de nuevo al primer pasamanos, que nos hace enlazar el 'Cañón de Exploración' con la galería de entrada.

 

Aquí nos paramos. Uno de los miembros del club (Pablo) tiene una cámara buena y hacemos un alto para hacer una sesión fotográfica en este pasamanos.

 

Pasamanos de acceso a la Galería de la Exploración.

 Tras esto, me adelanto para grabar algunos vídeos y echar alguna foto de la galería de entrada, y salgo con el grupo de los primeros, tras 6 horas de recorrido por la cavidad.

 

Otro vídeo más de la Galería de entrada, donde me adelanté al grupo para grabar tomas e intentar reflejar las dimensiones de esta gran galería.



Una imagen más de la galería de entrada.

Galería de entrada, tras los laminadores y un resalte.

 Eso sí, entramos cansad@s por la paliza del día anterior pero... ¡salimos exultantes!

Hermano Errante y Hugo, los primeros en salir, en la boca de entrada.

Grupo miembros del Club Diaclasa Villalba que realizamos el recorrido circular de Cueva Fresca.

 

Una gran cavidad, con un nivel de exigencia medio y unos rincones y volúmenes espectaculares.

 

Os incluyo aquí el recorrido que hicimos con la topografía de parte de la cueva:

 

Topografía (recortada) del recorrido circular que realizamos en esta cavidad.

Dejo por aquí un enlace al vídeo que he subido a YouTube sobre nuestra aventura en esta cueva cántabra: https://youtu.be/tltAHx0jofk

 

Quiero desde aquí, dar las gracias a Pablo (por permitirme hacer uso de las impresionantes fotografías que hizo durante la expedición, tanto de esta cueva como de Coventosa) y al Club Diaclasa Villalba por organizar la salida y juntar a tan buena gente para hacer espeleo.

 

Y, colorín colorado... esta entrada se ha acabado.

 

¡Hasta la siguiente, gentes errantes!

viernes, 16 de octubre de 2020

De vuelta en Coventosa: Recorrido hasta el Lago de la Tirolina.

 Otra entrada con sabor a norte, sabor a Cantabria. Otra vuelta a la gran Meca española de la espeleología: la gran Cueva de Coventosa, en Arredondo.

 

Hace unos años estuve junto a Hermano Errante dando una vuelta por los niveles inferiores de esa cueva, bajo la entrada. Vimos la Sala de los Fantasmas, la de los Lapiceros y la Sala del Espejo, pero eso fue un 'espeleo-paseo' comparado con lo que veníamos a hacer esta vez. Os dejo un enlaces con la crónica de esa primera visita a Coventosa, y algunos datos de esta gran cavidad: https://almaerrantedeestosmontes.blogspot.com/2018/07/parte-iii-trilogia-de-espeleologia-en.html

 

Pues bien, esta vez, junto a varios miembros del Club Diaclasa Villalba, nos propusimos avanzar por la zona activa de esta cavidad. La intención era reconocer la salida del 'Agujero Soplador' hacia la red activa (por donde corre el agua de esta cueva), con el fin de realizar la travesía completa en un futuro.

 

Sabiendo dónde íbamos a meternos, la noche anterior a la expedición teníamos bastantes dudas sobre la logística y el material. Y, es que, éste es un tema delicado. Me explico: ésta cueva es bastante fría por las corrientes de aire que la recorren, además teníamos la intención de cruzar los lagos dos veces (subida y bajada) para lo cual hace falta neopreno y flotador (o barca). Con lo cual, nos debemos meter a la cueva con todos los cacharros de progresión vertical (arnés, cabos de anclaje, croll, descensor, etc), el mono, un neopreno, comida, flotadores y una muda de ropa seca para ponernos al salir del agua. Vamos, que cada un@ llevaba su saca hasta arriba de cosas y de peso...

 

En cuanto a lo de los neoprenos, cada uno eligió la manera de organizarse. Algunos hicieron el recorrido únicamente vestidos con el neopreno; otros lo hicimos con el neopreno puesto sobre la piel, y el mono de espeleo encima. Alguno, incluso cruzó los lagos (de agua realmente fría) únicamente llevando un mono de tela sobre la ropa interior...

 

Una vez que cada uno se hizo con la idea de cómo organizarse para salvar los lagos, nos pusimos en marcha. Eran las 8 y media de la mañana de un día lluvioso típico del norte.

 

Subimos hacia en párking de Coventosa y nos colocamos todo el material. A las 9 y media estamos entrando por la boca de la cavidad.

 

La idea es avanzar muy rápido, casi sin detenernos. Somos un grupo grande y la progresión por los ascensos, descensos y pasamanos se puede alargar bastante...

 

Tras pasar, bajar por una rampa y usar las 3 cuerdas que colocamos el día anterior para bajar el primer resalte de 12 metros, nos hallamos en la encrucijada donde podemos elegir entre bajar a la Sala de los Fantasmas, o seguir hacia la red activa. Hacemos esto último, avanzando unos metros por la galería y subiendo por un resalte de unos 5 metros a una galería colgada que nos conduce hacia una gatera desde la que se desciende a 'La Galería del Metro', que se trata de una gran galería.

 

Foto que nos hizo Pablo en la 'Galería del Metro'.


Después de este tramo nos encontramos con un largo pasamanos montado en fijo con un cable de acero en su tramo inicial, por el que bajamos hacia 'Los Gours'.

Pasamanos con cable de acero a la izquierda y colada sobre el desfonde de la galería.

Aquí ya entramos en la red activa. Hay una pequeña laguna y cae un chorreo constante del techo:

 

                                                             Llegada a 'Los Gours'

                                                                 Otro vídeo desde 'Los Gours'

Tras superar este tramo, seguimos por una galería con un curso activo de agua. Al menos, no hay pasos sifonantes (inundables) en la sección que vamos a recorrer, así que avanzamos sin problemas por los pasamanos que hay instalados para superar este tramo sin tener que andar por el agua.

 

Después, llegamos a 'La Playa', tras realizar alguna corta trepada por cuerda en fijo. El nivel del agua parece no ir muy alto...

 

Tras pasar 'La Playa' nos plantamos en la 'Sala de los 71 m', donde el techo se encuentra (como el nombre de la sala indica) a 71 metros sobre nuestras cabezas. Nos encontramos en un cañón altísimo y ancho.

 

Lo siguiente es volver al curso activo, intentando evitar el agua donde cubre mediante los pasamanos que hay en el lateral derecho de la galería, en el tramo llamado 'Las Marmitas'. Estamos ya en el sector conocido como 'Cañón de Coventosa' donde, por más que damos potencia a nuestros frontales y buscamos el techo, no lo vemos. Está muy alto sobre nosotros. Caen gotas de agua por varios puntos. Parece que estemos haciendo un descenso de barrancos nocturno bajo un cielo completamente negro y sin estrellas, que nos manda ráfagas de lluvia en lugares localizados.

 

Es impresionante.

 

Ya estamos cerca de los lagos. Hemos avanzado a un ritmo endiablado y, llegamos al comienzo del primer lago en tan sólo dos horas desde la boca de la cavidad. Para ir un grupo tan grande como vamos, está bastante bien...

 

En la zona anterior a los lagos hay cascadas que surgen de las paredes y sumideros por donde el agua desaparece. Este tramo parece un Aqua-park oscuro.

 

Cascada que surge de la pared al comienzo de los lagos. 
En este momento llevaba mucho más caudal que a nuestro paso por este mismo sitio a la vuelta.

 

En el comienzo de los lagos, toca parada. Aquí debemos despojarnos de nuestros monos de espeleo, dejarlos colgados de la pared al resguardo de la corriente de agua, hinchar los flotadores (cada uno llevamos dos, uno para usar, y otro por si pinchamos el primero), meter todo lo que vayamos a llevar al otro lado de los lagos en las sacas y echarnos al agua.

 

Foto antes de los lagos, donde dejamos los monos y nos enfundamos los flotadores.
Foto hecha por Pablo.

 Cada uno se gestiona el paso de los lagos de una manera: algunos nos metemos dentro del flotador (son todos de tipo donut) y vamos remando con las manos, o agarrando el hilo guía y tirando de él. Otros deciden ir en equilibrio sentados sobre el flotador con las piernas por fuera. Otros se tumban encima de él para avanzar. Aquí cada uno se las apaña como puede...

 

Aun con el neopreno, se nota que el agua está muy fría. Las manos se hielan al ir nadando, aunque esto es muy divertido y vamos cantando canciones y riendo. Yo, oigo a alguien cantar la canción del 'Barquito chiquitito' y se me mete en la cabeza, de modo que paso el primer lago cantando la canción mientras voy agarrándome del hilo guía para avanzar más rápido.

 

Pasamos el primer lago. Nos metemos en una zona seca, pero al poco ya nos estamos metiendo en agua gélida del segundo lago. Vuelta a buscar el hilo guía y avanzar con cuidado de no pinchar el flotador.

 

Así llegamos otra vez a tierra seca, donde debemos salir del agua, pasar por un pequeño caos de bloques con cuidado de no dañar nuestros flotadores, y volver a meternos en el agua. Ahora llegamos al tercer y último lago.

 

Tras pasar este último lago, dejamos los flotadores a un lado de la galería para recogerlos a la vuelta y volver a pasar los lagos. Mercedes llega a este punto con su flotador pinchado, y Pablo aprovecha para hacerle esta foto:

Mercedes (al fondo) agarrada a su flotador pinchado, llegando al final del tercer lago.
Foto de Pablo.

 

 Al salir del tercer lago, tras unos metros, nos encontramos con una cuerda que fijo que nos ayuda a subir por un pozo de 11 metros. Aquí nos demoramos bastante en subir, ya que íbamos todo el grupo junto al salir de los lagos. Toca esperar mientras vamos nos volvemos a colocar el material de progresión vertical, para superar este ascenso de uno en uno.

 

Una vez llegamos arriba, hay una galería grande donde debemos avanzar por un caos de bloques hacia la galería que continúa en dirección al 'Lago de la Tirolina'. Por aquí atravesamos un aporte de agua que cae sobre una colada blanca y se pierde al fondo de la galería.

 

Llegamos así al 'Lago de la Tirolina', donde hay que superar otro resalte.

Aquí había montada una tirolina para pasar por este punto más rápido al hacer la travesía, pero se ve que la retiraron ya que estaba bastante deteriorada.

 

Foto hecha por Pablo desde la parte de arriba del Lago de la Tirolina.

 Viendo que vamos a perder mucho tiempo en este nuevo obstáculo, partimos el grupo. Algunos seguirán hasta la 'Galería del Agujero Soplador', y otros nos daremos la vuelta en este punto para agilizar la progresión de vuelta. Llevamos ya bastantes horas moviéndonos constantemente bajo tierra, y los músculos empiezan a fatigarse.

 

Así, la mitad del grupo iniciamos la vuelta hacia el lugar donde hemos dejado los monos a esperar, mientras la otra mitad avanza hacia su objetivo.

 

Volvemos a recoger nuestros flotadores, y nos metemos en los lagos, esta vez a favor de la corriente, por lo que avanzamos más rápido que a la subida.

 

Una vez en la zona inicial de los lagos, hacemos una parada  para comer y esperar a que el grupo en punta se una a nosotros. Aquí me doy cuenta de que la cascada que caía en este punto lleva ahora mucho menos caudal, pero lo extraño es que el curso activo (el río que forma los lagos) en cambio parece haber aumentado bastante su caudal. Más abajo, al llegar a 'La Playa' confirmamos que el nivel ha subido aquí aproximadamente un palmo.

 

Aun así, no hay peligro.

 

Las galerías de esta cueva son enormes y tendría que caer un verdadero diluvio para que se inundasen las secciones por las que tenemos que volver.

 

Así pues, tras haber comido algo y ponernos algo de ropa seca y el mono de nuevo, nos dirigimos de vuelta a la salida pasando por todos los obstáculos, ya a un ritmo algo más cansado que a la entrada.

 

Aquí dejo otro vídeo del pasamanos de acero que hay tras abandonar 'Los Gours' de camino ya a la salida de la cavidad.

Vídeo del pasamanos montado con cable de acero a la salida de 'Los Gours'.

Tras 8 horas y media en la cavidad (a las 6 de la tarde) volvemos a estar en la boca de Coventosa, con una gran sonrisa en la cara a pesar del cansancio.

 

Aquí va la topografía con el recorrido que hicimos:

 

Topografía (sacada de una edición del Grupo Viana de Guadalajara) donde he marcado en rojo el recorrido que hice, y ne verde el recorrido que algunos compañeros del Club Diaclasa Villalba hicieron hasta la 'Galería del Agujero Soplador'.
Pulsar sobre la imagen para ampliar.


También os dejo por aquí el enlace a un vídeo que he subido a Youtube con las escasas imágenes que pude grabar dado el frenético ritmo de progresión que seguimos durante toda la actividad: https://youtu.be/Qh9G6GKBXcw


¡Y, nada más por hoy!


Si os ha gustado, estad al loro, que en unos días subiré otra entrada de una gran cueva cántabra que visitamos el pasado puente de Octubre: Cueva Fresca.


¡Hasta entonces!

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Barranquismo en Cantabria - Garganta del Calera

Hoy vamos con una de barranquismo en seco, fuera de nuestra provincia de Cuenca.

Vamos a mostrar algunos rápeles de la Garganta del Calera en su tramo inferior, en el municipio de Ramales de la Victoria (Cantabria) el cual descendí junto a Hermano Errante este verano pasado.

Nuestra intención, en un principio, era la de descender los dos barrancos que se encuentran en las inmediaciones del desfiladero de la Hermida, éstos son: barranco de Navedo y barranco de Cicera, que son muy acuáticos y en un entrono realmente espectacular, pero finalmente tuvimos que abandonar ese plan principal, dado que la carretera que une Potes con la Hermida, por donde teníamos que pasar, se encontraba cortada por obras; y dar un rodeo de tropecientos kilómetros no nos pareció una opción interesante... de modo que nos desplazamos desde Potes hasta Ramales de la Victoria, donde esos días aprovecharíamos también para hacer unas cuantas cuevas, que ya os mostré en entradas anteriores que formaban una trilogía de espeleología en Cantabria. Aquí las tenéis, por si queréis recordarlas: parte 1, parte 2 y parte 3.

Pues bien, este descenso se inicia en las inmediaciones de la Pared del Eco, un muro calcáreo impresionante de unos 250 metros de altura, que se encuentra a poco menos de 3 kilómetros al sur de Ramales de la Victoria en la carretera que une esta población con la de Lanestosa. Aquí el Río Calera, que hace de frontera entre el cántabro Valle de Soba y el vizcaíno Valle de Karrantza, suele llevar el agua subterránea, trayendo caudal solamente en época de fuertes lluvias. Y, menos mal...

A este barranco, buscando información por la red, lo definen como un descenso fácil, e incluso en alguna página de deportes de aventura dice que hacen 'descensos de iniciación' en este entorno. Y, que le pregunten a Hermano Errante, si nos pareció de iniciación o un sitio donde un pequeño error te puede costar caro...

Debe ser que no estamos acostumbrados a los barrancos del norte, pero la verdad es que no nos pareció muy adecuado para la iniciación en esto del barranquismo, y eso que iba totalmente seco... in situ, juzgamos que con un buen caudal de agua debía ser una locura suicida meterse en este descenso.

Hay que señalar que la instalación en las cabeceras de los rápeles, fijadas con químicos, están en bastante buen estado, aunque en algunos puntos es algo insuficiente (en uno de los rápeles más altos era bastante delicado subirse a montar la cuerda en la cabecera). Lo que deja mucho que desear en este lugar es la limpieza. El cauce por el que transcurre el descenso está lleno de deshechos provenientes de los pueblos que se encuentran más arriba, y es una pena que un lugar tan agreste y bonito esté tan lleno de desperdicios, plásticos, ruedas, cubos, botellas, latas y demás.

Y ya, sin más dilación, vamos con algunas fotos y un pequeño vídeo-resumen de este descenso, bonito pero delicado, y con muchos puntos donde la roca resbalaba como hielo y había que destrepar buscándose las mañas como fuese.

Mirada atrás después de haber pasado bajo el puente por el que cruza la carretera que nos lleva hasta este barranco.
Esta primera zona está encajonada y es bastante estética, pero no cuenta con rápeles hasta un poco más adelante.

En este primer sector nos metemos en el barranco y avanzamos pegando patinazos entre grandes bloques desprendidos primero, y luego por un tramo más encajonado y con pequeñas pozas que tenían algo de agua. No había rápeles, pero sí un par de destrepes delicados. Esta zona es muy oscura por lo cerrado del barranco y la exuberancia de la vegetación que lo rodea.

Justo a la izquierda de la foto anterior, en esa misma pared, hay una curiosa cueva labrada en la roca. No llevábamos más luz que las de los móviles, pero nos adentramos para echar un vistazo. A pesar de que el cauce estaba seco, dentro había muchísima humedad y te hacía resbalar por todas partes. Al buscar información antes de meternos en el barranco, leímos que dicha cueva vuelve a conectar con el barranco más adelante, pero que si tomas este camino, te pierdes el rápel más alto y estético de este descenso... de modo que volvimos a salir al exterior por donde habíamos entrado y seguimos avanzando por el cauce.

Aquí nos encontramos con el primer rápel, de unos 8 metros y en una zona de roca muy, muy, muy resbaladiza.

Yo dispuesto a bajar por este primer rápel que habíamos montado con la cuerda en doble, para ahorrar tiempo en la recuperación de la cuerda y evitar que se enganchase en algún saliente.
Los rápeles no eran parecidos en nada a los de Cuenca, y nos movíamos con más cautela de la habitual.

Después de este primer rápel de 8 metros estaba la cabecera del 2º rápel, el cual era el más alto de todo el descenso, con 15 metros. Hermano Errante montó la instalación y bajé yo el primero.

Después de estos dos rápeles quedamos a los pies de la salida de la cueva que habíamos visto más arriba. A partir de este punto el barranco se abría y había más luz. Esta zona en la que nos adentrábamos ahora estaba salpicada de grandes bloques de piedra desprendidos por todas partes y tenía bastantes más destrepes resbaladizos que rápeles.

Hermano Errante tras salvar uno de los numerosos destrepes que jalonaban este segundo tramo del barranco.
También había rápeles, pero ya de menor envergadura.

En este punto tuve un problemilla y, tras estar a punto de arrancarme la camiseta, decidí terminar el descenso con ella guardada en la saca. Decir que, si llevas ropa holgada (como era mi caso) no es difícil que ésta se enganche entre la cuerda y el descensor ocho (que es un poco lo que me pasó a mí) y nos puede dejar bloqueados en algún punto comprometido... de modo que, opté por quitarme la camiseta que traía, tras sufrir dos pequeños enganchones, e hice el resto del barranco sin camiseta. ¡Suerte que no hacía nada de frío!

Ya sin camiseta. Creo que este era el tercer rápel del descenso, un R9 (es decir, un rápel de 9 metros)
Detalle de la instalación. Solemos bajar en simple y con el descensor empotrado en el anclaje de la cabecera del rápel, es decir, en simple desembragable con ocho empotrado. En caso de haber algún problema o quedar bloqueados en el descenso, el compañero que está en la cabecera puede soltar cuerda poco a poco y descolgarnos, o ajustar la cuerda a la base del rápel para que podamos seguir descendiendo. También probamos a hacer algún rápel con la cuerda en doble, pero lo más habitual es que bajemos con ésta técnica de ocho empotrado desembragable. El mosquetón naranja es el de la saca donde llevábamos la cuerda, la cual se debe anclar siempre a la reunión para evitar que se caiga y nos deje sin cuerdas para salir del cañón.

Esta zona estaba llena de bloques muy lavados que resbalaban muchísimo. Había también algunos puntos en donde nos volvíamos locos buscando instalaciones de cabecera que no estaban por ninguna parte, lo que nos obligaba a destrepar encajándonos entre grietas para procurar no resbalar y caer. En resumen, que este barranco se nos hizo bastante físico, aunque sin llegar a agotarnos.

Así seguimos avanzando hasta llegar al último rápel, una caída de 12 metros en un entorno donde el color verde intenso parecía querer engullir todo a su alrededor.

Hermano Errante preparándose para hacer el descenso del último rápel de este barranco.

Tras este rápel de 12 metros aún nos quedaba una larga sucesión de destrepes y de caminar por el cauce, hasta dar con un puente por donde la carretera sortea el Río Calera, y éste desemboca en el Río Gándara, marcando aquí el final de nuestro recorrido.

Creo que tardamos algo menos de 3 horas en completar este descenso que, a pesar de lo leído por ahí, donde se decía que era muy fácil, incluso de iniciación, a nosotros nos pareció peligroso, y donde tuvimos que ir con pies de plomo para evitar un resbalón que pudiera causar alguna lesión y el consiguiente problema para salir del barranco.

Además, yo sigo pensando que, meterse en este barranco con algo de caudal, debe de ser una locura de las grandes...

Antes de despedirme, os dejo un vídeo-resumen con los 3 o 4 vídeos que grabé a Hermano Errante mientras bajaba los primeros rápeles, y os dejo también por aquí el plano del lugar y el recorrido realizado.

Vídeo-resumen de este descenso del Calera en su tramo inferior.

¡Y, ahí va el plano!

Aquí he marcado el recorrido en amarillo, que iba en dirección noroeste. La salida desde el párking de Covalanas y final en el puente que hay justo antes de la unión del Río Calera con el Río Gándara. Desde ahí, había que recorrer 2 kilómetros de vuelta por la carretera hasta el párking donde habíamos aparcado.

Y nada... espero poder hacer algún día los barrancos de Navedo y Cicera, que se nos quedaron en el tintero... aunque, con el descenso del Calera inferior, nos quitamos el mono de barranquismo y nos enfrentamos a un cañón muy diferente a los que estamos acostumbrados por nuestra tierra.

¡Bueno lectores errantes, hasta la siguiente aventura!

viernes, 13 de julio de 2018

PARTE III: Trilogía de Espeleología en Cantabria - Coventosa en Arredondo: la Mezquita Sagrada

"Por mucho que se ponderen sus bellezas naturales nunca se podrá dar idea exacta de lo que es en realidad... Salones inmensos, bóvedas altísimas, galerías laberínticas, bosques de columnas, y las formas pétreas más variadas... y acordándome de que en Francia son objeto de turismo
y han producido grandes ingresos unas grutas pobres y mezquinas, que no pasan de ser simples grietas, comparándolas con las nuestras, me consuelo, me reanimo y hasta llego a formar la ilusión de que también en Cantabria algún día se hará algo." 
Palabras del padre Carballo, fundador del Museo de Prehistoria de Santander, tras su visita a Coventosa en el año 1925.

Hablar del sistema Cueto-Coventosa es hablar prácticamente de un desproporcionado templo sagrado. El lugar de peregrinación que todo devoto de los mundos subterráneos naturales en nuestro país debería visitar, al menos, una vez en la vida. Vamos que, si tomamos la comunidad de Cantabria como indiscutible Meca de la espeleología española, sin duda, Coventosa vendría a ser su principal Mezquita Sagrada.

La conocida travesía que comienza adentrándose en la Sima de Cueto y termina con la salida por la Cueva de Coventosa es la joya preciosa de la espeleología en España. Aquí se podría matizar que, aunque ésta sea la travesía más famosa y codiciada, es superada en número de visitantes por la travesía Sil de las Perlas-Valporquero (León) que tiene menor recorrido y dificultad. En cambio, Cueto-Coventosa, es mucho más técnica, peligrosa y larga; lo que la convierte en un reto menos asequible al común de los mortales.
La travesía Cueto-Coventosa se realiza normalmente en unas 15-16 horas, con un recorrido total de 6,5 kilómetros y que requiere un nivel técnico y físico muy alto. Se supera un desnivel total de 695 metros. Con tan solo mencionar que, en la Sima de Cueto hay que superar el Pozo Juhué, que es una caída vertical al oscuro vacío de más de 300 metros, hace que nos hagamos una idea de la magnitud y peligrosidad de este escenario. Culminar con éxito esta travesía es el deseo de todo espeleólogo que se precie, pero es sólo apta para los más fuertes y experimentados.

Boca de entrada a Coventosa. El aire que sopla constantemente por aquí fue el responsable del nombre de esta mítica cueva.

Nosotros, como se ha podido ver en las anteriores entradas de esta trilogía (parte I aquí, y parte II por aquí), íbamos sólo dos personas y carecíamos del nivel y experiencia adecuados para enfrentarnos a la travesía completa, así que, por el momento, nos tuvimos que contentar con explorar una pequeñísima parte de este enorme sistema subterráneo en un 'espeleopaseo' como los que organizan algunas empresas de aventura en este mismo lugar. Y dimos sólo un 'paseo' de unas 3 horas y pico por su interior ya que recorrerla en su totalidad lleva nada menos que entre 3 y 4 días...

Y es que, la Cueva de Coventosa es la 6ª cavidad más larga de Cantabria con 35 kilómetros de desarrollo total, y también es la 6ª en el ránking de las que más desnivel tienen de esta comunidad autónoma (con 815 metros de diferencia entre su punto más elevado y el más bajo). Esto se deja notar también en las grandes dimensiones de su boca de entrada y en que, al igual que la gran y cercana Cueva Cañuela, esta cueva sopla constantemente vientos gélidos al exterior. Todas estas características: grandiosidad de algunos cañones y salas, dificultad técnica alta, gran desgaste físico, longitud del sistema, complejidad de la topografía y orientación, tener que atravesar verdaderos lagos subterráneos con agua a muy baja temperatura, etc... hacen que también éste sea el escenario de varios rescates de espeleólogos perdidos o lesionados, prácticamente, todos los años.

Topografía de la planta completa del Sistema Cueto-Coventosa-Cuvera de 35 kilómetros. Nosotros apenas arañamos con nuestro 'espeleopaseo' una mínima parte de esta inmensidad subterránea (compárese esta imagen con la que se incluye más adelante reflejando el recorrido final que nosotros hicimos. Ampliar pulsando sobre la imagen).
Descargada de la página del Club Espleleológico Viana.

La travesía que se desarrolla en este escenario es muy dura... pero nuestras pretensiones aquí eran mucho más modestas. Nos informamos y descargamos las topografías con la idea de ir solamente hasta la Sala de los Fantasmas, que es de las más bonitas de todo este sistema subterráneo y que se encuentra bajo la boca de la cueva, en un nivel inferior al de ésta (parece fácil dicho así, pero tiene su miga llegar hasta ahí...). Esta sala no es usualmente visitada por la gente que hace la travesía Cueto-Coventosa, ya que supone desviarse de su camino hacia la salida justo cuando ya casi están en ella, de modo que a pesar de ser una de las salas más concrecionadas y espectaculares, no suele tener mucha afluencia de visitantes.

Así pues, una vez aparcado el coche en Val de Asón (cogiendo el desvío que aparece a la derecha tras el kilómetro 3 de la carretera CA-265 que lleva de Arredondo a La Gándara) y cubierta la distancia de la aproximación por un sendero bien marcado nos encontramos de nuevo ateridos de frío ante una corriente de aire que surge de las entrañas de la tierra. Nos ponemos el equipo, dejamos aviso en la central del l12 notificando la hora de entrada y la hora prevista de salida y, ¡al lío!

Pequeño vídeo que muestra parcialmente la boca de entrada a Coventosa y la vegetación que la rodea.

Marcada con un punto rojo la boca de la Cueva de Coventosa, a la izquierda de la carretera. La aproximación se realiza desde Val de Asón y nos lleva unos 15 minutos siguiendo una senda bien marcada.
Hemos mencionado que, al igual que la Cueva Cañuela, aquí en Coventosa hay una fuerte corriente constante de viento. Ambas cuevas se encuentran muy cerca la una de la otra, de hecho, al parecer, hace muchísimo tiempo ambas estuvieron unidas, siendo parte del mismo sistema subterráneo. Observando las topografías de estas dos cuevas superpuestas con un mapa del terreno, los exploradores se dieron cuenta de que la 'Galería de los Saltimbanquis' de la Cueva Coventosa se encuentra a sólo 150 metros de la 'Galería del Tántalo' de la Cueva Cañuela; ambas siguen la misma dirección y están a casi la misma profundidad... pero no se han podido conectar físicamente dado que estos 150 metros de galería que unía ambas cuevas están colapsados por un enorme derrumbe.

Bueno, a lo que vamos... ya con el equipo puesto, nos adentramos en la oscuridad y lo primero que nos topamos es un recodo estrecho (estrecho en relación al resto de la cueva que nosotros vimos, pero que realmente tenía más de 2 metros de ancho) donde el aire se encajona y sopla con bastante fuerza. Tras esto las dimensiones de la galería aumentan mientras bajamos y bajamos por un terraplén bastante pisado que se asoma a un pozo cuyo fondo no se ve. No hay cuerdas, ni anclajes fijos para montar una instalación. Mal empezamos. ¿Y ahora qué? Un vistazo a la topografía. Hemos bajado demasiado.  Damos media vuelta para ascender unos 50 metros por la rampa que acabábamos de bajar y tomamos una gran galería que sale a nuestra izquierda. En esta galería se ven un par de 'ventanas' que se asoman al pozo al que no le veíamos el fondo por otro lado.

Las paredes, los techos, el fondo del pozo... todo está muy lejos, todo se ilumina difusamente con los insuficientes 350 lúmenes que llevamos cada uno en nuestra linterna frontal, porque aquí todo es realmente enorme.

Seguimos esta galería hasta llegar a una gran losa plana desprendida del techo, donde encontramos instalado un pasamanos que se acerca al borde de un resalte, la cuerda que baja el resalte y una nota en papel plastificado que dice, más o menos: "Por favor, no retirar la cuerda fija. Entre los días X e Y del mes de Julio de 2018 van a realizar la travesía varios grupos". Para los que realizan la travesía desde la Sima de Cueto, éste es casi, casi, el final. Sólo tienen que superar en ascenso este resalte de 15 metros (que ahora nosotros vamos a hacer en bajada) mediante la ayuda de la cuerda fijada aquí con anterioridad y, tras ascender por la gran galería por la que nosotros hemos llegado hasta aquí, ya habrán terminado sus 6,5 kilómetros de duro, bello y agotador recorrido subterráneo. Sería una broma pesada quitar la cuerda... pero a juzgar por la nota de aviso, no debe ser la primera vez que ha ocurrido. Desde luego, vaya una gracia tienen algunos... ya que subir este tramo en escalada libre sería realmente jugarse el tipo.

Nosotros nos preparamos para bajar, confiando en que nadie la quite antes de que volvamos...
Hermano Errante ajusta las poleas de su descensor 'Stop' a la cuerda de la instalación fija y baja los 15 metros, no sin antes tener que pelearse con la hinchada soga para hacerla correr por el aparato. Llega abajo y grita "¡Libre!" al soltarse. Es mi turno. Ajusto la cuerda a las poleas de mi 'Dressler' simple y empiezo a descender, cuando de pronto oigo voces en la parte de arriba. Estoy a mitad de descenso y, recordando que la fecha que ponía en el aviso para que no se retirase la cuerda había vencido hace un par de días, me acojono pensando que vienen a quitarla conmigo a medio camino. Voceamos a nuestros perseguidores al ver sus luces acercarse a la parte alta del resalte, para que sepan que estamos aquí. Termino de bajar, me desengancho y grito "Libre" al siguiente. Parece que no vienen a quitar la cuerda, ¡menos mal! Aunque nosotros llevamos cuerda, la deberíamos haber dejado instalada antes de bajar, y como estaba ésta, pues no la hemos instalado...
Total, que tras unos instantes se plantan ante nosotros dos hombres y una mujer. Vemos que uno de ellos lleva una camiseta de la ESOCAN (Fundación de Espeleosocorro Cántabro). Tras saludarnos, les preguntamos por la dirección que debemos tomar para llegar a la Sala de los Fantasmas, nos la indican y les preguntamos hacia dónde van ellos: "Tenemos que ir hasta los lagos para dejar trajes de neopreno a unos compañeros que van a hacer la travesía mañana" nos contestan. Eso nos tranquiliza, dado que esa respuesta implica que la cuerda que acabamos de usar para bajar, seguirá aquí cuando tengamos que subir. Tras las indicaciones y algo de breve "conversación espeleológica", seguimos cada grupo por su lado. Nosotros avanzamos hacia la izquierda (hacia el este) y ellos hacia la derecha de el enorme cañón subterráneo.

Seguimos descendiendo y pasamos por un laminador con el techo algo bajo, pero donde no es necesario arrastrarse y, al poco, ya se van viendo formaciones. Nos estamos adentrando en la Sala de las Columnas, donde la cueva vuelve a adquirir las dimensiones gigantescas que tenía en las grandes galerías del principio. En esta sala hay columnas de hasta 40 metros de altura.

Hermano Errante observando una de las columnas.
Vídeo llegando a la Sala de las Columnas, con la escasa luz de nuestros fontales.

¡Impresionante columna!

Llegando al final de la Sala de las Columnas, nos encontramos con una gran colada formado un muro que hay que trepar (este obstáculo no representa gran problema, aunque en un principio no sabíamos bien si este era el punto por donde debíamos avanzar) para pasar así a la llamada Sala de los Fantasmas que contiene grandes estalagmitas con la base mucho más ancha que la punta y que parecen personas tapadas con un velo, manta o sábana.

Vídeo por la Sala de los Fantasmas grabado por Hermano Errante

Fotografía de una parte de la Sala de los Fantasmas.

Columnas y estalactitas entre las sombras de la parte baja de la Sala de los Fantasmas.

Seguimos de frente, pues vemos que esto continúa, y así llegamos a la Sala de los Lapiceros, cuyo nombre se refiere a las estalagmitas que salen del suelo, ya que hay muchas de ellas y hay que andar con cuidado de no tropezar con ninguna.

Estalagmitas ya en la Sala de los Lapiceros. Vídeo grabado por Hermano Errante.

Otro vídeo grabado por mí mientras deambulaba por la Sala de los Lapiceros.

La sala se va haciendo más baja y estrecha aunque las formaciones continúan sucediéndose una tras otra, así que me adentro hasta el final para dar con la espectacular Sala del Espejo, cuyo suelo está encharcado y el chapoteo al avanzar provoca un inquietante eco. Aquí todo son columnas, estalactitas y estalagmitas de todos los tamaños, formas y colores. Un rincón bellísimo, sin duda, y el punto más lejano de nuestra exploración.

Descansando (bueno no, en realidad, estaba posando para la foto) en la Sala del Espejo.

Hermano Errante en la Sala del Espejo.

Otro vídeo grabado por Hermano Errante, en este caso saliendo de la Sala del Espejo y volviendo a la Sala de los Lapiceros.

Estamos a 1,5 kilómetros de la salida y a 150 metros de profundidad, en un nivel inferior bajo ella. Tras dar una vuelta y quedarnos maravillados con todos los rincones que vemos, iniciamos el camino de regreso por este laberíntico y espectacular museo de piedra.

Aunque, nos hemos quedado con ganas de más, y al volver a la galería donde bajaba la cuerda fija y estuvimos hablando con los otros espeleólogos, decidimos continuar un poco más hacia el oeste, superar un resalte de 5 metros por una cuerda fija instalada para tal fin y asomarnos desde la Sala del Declive a la Galería del Metro, cuyo nombre no es casualidad... ya que es tan grande como la galería de una estación de metro. O incluso más.

Tras asomarnos e investigar un poco, volvimos sobre nuestros pasos para superar el resalte de 5 metros, esta vez en bajada. Después buscamos de nuevo la cuerda fija por la cual ascendimos los 15 metros que nos separaban del nivel superior de la cavidad y desde ahí  continuamos subiendo hacia la salida mientras aún archivábamos las imágenes de las formaciones, de las espectaculares galerías y de las salas que acabábamos de visitar, en nuestras memorias.

Vídeo grabado para dejar constancia de la fuerte corriente de aire que sopla por el estrecho, justo antes de la salida.

Total, que salimos completamente maravillados de Coventosa, y con las ansias de volver en un futuro para hacer la travesía completa. Tiempo al tiempo.
Topografía de la planta de la primera parte de Coventosa. En rojo la ruta que realizamos (sin incluir el paso por la Galería del Metro). Compárese esta pequeña parte con la topografía completa que aparece más arriba para hacerse una idea de la magnitud de este grandioso sistema subterráneo cántabro.

Topografía del alzado de esta primera parte de Coventosa. En rojo el camino seguido hasta la Sala de los Fantasmas. No he marcado aquí la pequeña incursión que hicimos en la llamada Galería del Metro.

Fotografía de la estribación de la Sierra del Hornijo, a más de 1.100 metros sobre nosotros, tras nuestra salida de Coventosa.
Y bien, con esta entrada damos por finalizada la Trilogía de Espeleología en Cantabria. Espero que haya sido de su agrado.

En las próximas entradas volveremos ya a casa, a la siempre bella y variopinta provincia de Cuenca.

¡Hasta la próxima!