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martes, 14 de mayo de 2019

Cueva del Boquerón de Valdecabras

Después de un parón de casi un mes en el blog  volvemos con una de cuevas, rescatada del archivo. No he hecho grandes rutas ni he transitado parajes destacados últimamente… aunque tengo pendiente subir una entrada del descenso del barranco de Portilla que hicimos, por segunda vez, hace un par de semanas y del que tiene las fotos otra persona… pero para desengrasar el blog esta entrada valdrá.

Vamos a viajar en el tiempo hasta noviembre de 2017, cuando me adentré con (¡cómo no!) Hermano Errante en la Cueva del Boquerón de Valdecabras. Y, esto de resaltar que es de Valdecabras, viene a que también hay una Cueva llamada del Boquerón en el ‘ensanche de Buenache’, cerca del albergue de la Fuente de las Tablas, pero esa es otra historia (la tengo pendiente, pero habrá una entrada en el futuro de esa cueva también).

Vamos con lo que vamos. El Boquerón de Valdecabras se trata de una cueva activa, por la que aflora un buen caudal de agua durante las épocas de lluvias y que, por tanto, hay que visitar durante el estiaje. Cuenta con un desarrollo aproximado de 600 metros que se recorren por una galería principal de sección baja, con dos ramales que salen en el primer tercio del recorrido. En esta cueva, te tiras arrastrándote encorvado por un tubo con una altura media de un metro y medio, o algo más, durante un buen rato… pero merece la pena, ya que aquí se guarda un secreto que no se da mucho por estas tierras…

Ahí está la topografía, sacada del libro 'Avance al Catálogo de Cavidades de Cuenca' de 1991. Topografía del Grupo ONZA.

Vamos a ubicarnos, primeramente. Estamos a unos 3 kilómetros al norte de la población de Valdecabras, en el fondo del valle labrado por el río del mismo nombre, pero en un ramal de dicho valle, donde discurre el agua de la fuente de la Canaleja.

La entrada está un poco elevada sobre el fondo del valle, por lo que hay que realizar una pequeña trepada para entrar. Estas fotos son de hace tiempo, y Hermano Errante y yo íbamos aún con monos de tela, aunque hay que decir que, en esta cavidad, al andar en cuclillas todo el rato, se hace un esfuerzo considerable y con estos monos se transpira mejor que con los buenos que tenemos ahora.

Esta cueva no presenta dificultades, salvo algunas partes donde el agua, por mucho que lo evites, se te mete en las botas... pero bueno, que es una cueva fácil que puede hacer cualquiera, eso sí, en época de sequía.

Pues bien, pasamos, y al poco encontramos algunos gours con agua. Hago alguna foto a Hermano Errante, como las siguientes:


Hermano Errante junto con los pies en uno de los gours. Los gours son las paredes de calcita que tapan los pies de Hermano Errante en esta fotografía, y que atrapan el agua en época de crecidas, formando balsas.
Haciendo pruebas con otra iluminación.
Seguimos avanzando. Vean aquí la escasa altura que tiene la galería, casi igual en todo su recorrido.

También Hermano Errante me hace alguna foto a mí en una zona sin agua…

Mirando las pequeñas estalactitas de esta parte de la galería principal.

"¡Pues no se está tan mal aquí, oye!. Ya he pillado la postura..."

Avanzamos un poco más y pronto nos encontramos con la sorpresa que guarda esta pequeña cavidad: estalactitas excéntricas.

En nuestra provincia hay algunas cavidades con estalactitas de este tipo, si bien no es muy frecuente que las haya. Según leí, las estalactitas excéntricas de calcita (como éstas, ya que las de yeso tienen un proceso de formación totalmente distinto) se forman generalmente cuando al depositarse la calcita diluida en una gota que corre por el techo, una pequeña corriente de aire mueve esa pequeña costra de mineral disuelto y hace que la estalactita crezca cambiando el sentido en base a la fuerza y dirección de la corriente de aire. Si bien, dicha corriente es imperceptible, es posible que hace milenios la cueva tuviese una conexión con el exterior en una parte más alta de la montaña y hubiese una circulación de aire mayor, que dio lugar a la formación de éstas frágiles bellezas pétreas.

A la derecha, arriba, se ve una excéntrica, con algunas más pequeñas cerca.

Detalle de las estalactitas excéntricas. Pequeñas maravillas.

Aquí hay algunas estalactitas más grandes:

Hermano Errante en otra parte de esta cueva.

Y más excéntricas, blancas, de calcita pura:

¡Más excéntricas!

Y pequeñas columnas. 
Y estalactitas blancas, limpias y puras en constante crecimiento.


Seguimos avanzando y Hermano Errante se escurre como una comadreja por todos los rincones intentando ver si esas gateras laterales llevan a alguna sala de mayor altura, pero nada…

Aquí lo que había eran grandes estalagmitas. Lo que se ve a la izquierda son las botas de Hermano Errante, que forcejeaba con una gatera, aunque sabíamos que no llevaba a ninguna parte...

Aquí lo pillé saliendo de ese recoveco estrecho e infernal:

Hermano Errante haciendo un poco la comadreja.

Aquí las galerías son algo más anchas, pero siguen sin permitirte andar erguido. Se nota claramente la obra de excavación que el agua ha ido dejando en la roca a lo largo de milenios.

Galería principal, ya casi llegando al sifón.

Otra parte de la galería. Aquí todo araña, pincha y corta.

Y, últimamente, llegamos al sifón final, al fondo de la galería principal de esta cueva que tanto cansa recorrer. Este sifón es impenetrable, y cuando llegamos tenía algo de calcita en suspensión sobre el agua, que se aprecia en la siguiente imagen:

Sifón final de la galería principal de esta cueva del Boquerón de Valdecabras.

Una vez llegados al sifón, un pequeño descanso, y vuelta hacia la salida andando como un gorila y ya con las piernas, los riñones y el cuello hechos polvo, pero contentos. Misión cumplida.

Con esta entrada un poco ‘exprés’ le he quitado las telarañas al blog. A ver si ahora salgo más al monte y recopilo más material para futuras entradas, que no duden que las habrá pronto…

¡Hasta la vista!

jueves, 4 de abril de 2019

Cueva de Royo Malo – Primera parte: Sector A hasta el sifón Es Alar



Vamos con otra de cuevas, y es que últimamente estamos a tope bajando al subsuelo…


Boca de entrada a la Cueva de Royo Malo

Esta vez, vamos con una a la que le teníamos ganas, pero que habíamos ido dejando pendiente, más que nada debido a lo que nos habían contado sobre la dureza del avance por esta cavidad. Sí que es cansada, sobre todo para portear la saca… pero no tanto como nos habían hecho creer. Vamos con los antecedentes…

Esta cueva de Royo Malo se haya enclavada en el llamado Barranco Malo (de ahí el nombre poco acogedor que tiene) que queda a la izquierda poco después de pasar la zona recreativa de la Fuente del Cayo, a orillas del río Escabas entre las localidades de Fuertescusa y Poyatos (cerca ya del cruce de este último municipio). Según el gran libro “Cuevas de España” del gran Carlos Puch, hay noticias, no confirmadas, de que las primeras exploraciones en esta cavidad fueron llevadas a cabo por grupos espeleológicos de Madrid allá por el año 1.969, y que en 1.972 el Grupo Espeleológico Esalar de Priego cogió el relevo, haciendo una primera topografía. Un par de años después el prestigioso grupo espeleológico madrileño SEII (Sección Espeleológica de Ingenieros Industriales) re-emprende el trabajo de topografía de la cueva, dando con un desarrollo en el año 1.979 de 2.767 metros de recorrido subterráneo. La última topografía, retocada por el Grupo Viana, le otorga un desarrollo total de 3.050 metros (si no me equivoco, es la quinta con más desarrollo de la provincia).
Esta cueva actúa como surgencia temporal de aguas, que van a parar al río Escabas. Vamos que, cuando llueve mucho, la cueva se llena hasta ‘reventar’ y comienza a drenar su agua al Barranco Malo.

El día que fuimos, lloviznaba, y eso hizo que acortásemos el recorrido planeado y nos contentásemos con recorrer todo el Sector A, hasta el sifón Es Alar, y dejar el resto para otra ocasión. Este sector es el eje vertebral en torno al que se desarrolló el resto de la cavidad.

Pues bien, el domingo pasado Hermano Errante y yo, estábamos ya en la boca de la cueva sobre las 10. El día estaba lluvioso, lo que nos hacía desconfiar… quizá algún paso sifonante tuviese demasiada agua y no podríamos avanzar… bueno, no pensemos en eso. Ya estamos aquí, una foto en la boca de la cueva, y al lío


De buen rollo a Royo Malo.


Con una sola saca (con comida, bastante agua, una brújula, una manta térmica, un mechero, una vela y reflectantes) nos fuimos para adentro, alternándonos para llevarla uno cada rato. En esta cueva es una verdadera tortura llevar la saca. Es el demonio de los espeleólogos. Es necesaria, pero llevarla por sitios estrechos y de techos bajos, como es el principio de esta cueva, se convierte en un auténtico martirio. Si te la pones en los hombros se engancha en el techo, si la llevas en la mano se te cansan los hombros. A la salida, ya vas lanzándola y dándole patadas. Maldiciéndola constantemente.

Al principio, cuando llevas avanzados unos 30 metros, a la izquierda sale una galería que lleva a el Sector C, y es que aquí hay que tener cuidado, pues es una cavidad bastante laberíntica. Consta de 4 sectores: el A con 800 metros de recorrido (el que hicimos en esta ocasión), el B con 630 metros, el C con 655 metros y el D con unos 700 metros de recorrido (datos del Grupo Espeleológico Viana de Guadalajara). Nosotros íbamos con la idea de hacer el Sector A, y si nos veíamos bien, el B también.

Os dejo un pequeño vídeo de Hermano Errante porteando la dichosa saca en los primeros pasos de esta cueva:


Hermano Errante porteando la saca. Entrando en el sifón temporal, con el techo bajo e incómodo de vadear


En el final de este vídeo ya se ve agua. Como decíamos, esta cueva actúa como surgencia de aguas, así que, cuando llueve mucho, esa zona se convierte en un sifón temporal. Es decir, un paso susceptible de convertirse en un sifón si el nivel de agua sube, ya que está por debajo del nivel de la galería principal. Si llueve mucho, se llena el conducto de agua, haciendo posible su paso únicamente mediante equipo de buceo especial para cuevas. Temíamos que estuviese alto, pero no había problema en pasarlo. Salvo por lo típico… que, hagas lo que hagas, se te llenan las botas de agua. Siempre. Da igual el cuidado que pongas. Es ley universal.

Tras este sifón temporal, seguimos por un corto tramo seco al que sigue otra zona con agua. Afortunadamente, este pequeño lago se puede evitar pasando por un tubo de presión (una pequeña galería circular con las paredes bastante lisas, erosionada por agua saliendo a presión durante las crecidas) que aparece en un lateral de la galería principal y te deja al final de esta zona de agua. Aunque, intentar esquivar el agua es difícil… una muestra


Hermano Errante saliendo del tubo de presión de nuevo a la galería principal.


Después de esto, van saliendo galerías a mano derecha que conectan con el Sector D. Donde lo creemos conveniente, colocamos un reflectante para no confundirnos a la salida. A la vuelta, por supuesto, los retiramos.

Avanzamos, aproximándonos ya a la Sala del Barco, cuyo acceso se hace por una gatera estrecha llena de bloques por el suelo. Hermano Errante me grabó saliendo de esa gatera para acceder a esta Sala del Barco, que es la más grande de la Cueva de Royo Malo (ver aclaración al final de la crónica, el último párrafo).


Gatera estrecha entre bloques. Muy incómoda de pasar, por cierto.


Cartel plastificado en la Sala del Barco. De todos modos, hay cosas que no habría ni que tener que recordar a la gente...
Esta sala tiene la sección semejante a una campana con un agujero en el techo del que cae agua constantemente. Se accede desde una zona más baja, se asciende por una zona de bloques y el techo hace como una bóveda alta. Para salir tienes que descender por el otro extremo a un paso estrecho parecido al de entrada. Este paso conduce a una zona llamada Lo Peor…


Bajando por el otro extremo de la Sala del Barco hacia Lo Peor.


Y Lo Peor, en verdad no es tan malo. Es una zona de techo bajo con bloques desprendidos del techo. Aún nos queda el Laminador del Parto… cuyo nombre avanza los esfuerzos que hay que hacer para pasarlo…

Después de Lo Peor, una zona cómoda llamada el Descanso que nos lleva a continuación mediante una gatera estrecha y sinuosa en leve ascenso entre bloques al a Sala de las Dolinas. Según el reloj, hemos tardado 45 minutos en llegar aquí. ¡No va nada mal!

Esta sala tiene la peculiaridad de tener dos grandes dolinas excavadas en la arcilla. Una dolina es una depresión cerrada, más o menos redondeada y de anchura generalmente superior a su profundidad. Aquí, hay un goteo constante del techo, que ha excavado dos enormes embudos en la arcilla. Dejo un vídeo de muestra, aunque el vaho hace que la muestra se vea algo borrosa…


Sala de las Dolinas.


Ahora venía lo bueno. Nos esperaba el Laminador del Parto. Aquí, el paso es tan bajo que hay que franquearlo sin el casco. Tienes que quitártelo y pasarlo por delante de ti en la mano, mientras reptas por una grieta en la que sientes la presión de la roca en tu pecho y espalda al mismo tiempo. Es interesante… jajaja.

Bueno, en verdad, por lo que nos habían contado lo habíamos imaginado más angustioso, pero nuestros 1,83 y 1,79 metros de estatura (Hermano Errante es el alto) no tuvieron problemas en este punto. Al contrario, nos dio ánimos el pasarlo tan sueltos (aunque tengo que reconocer que yo me hice daño en una costilla al apoyarla sobre una piedra del suelo que no tuve la precaución de quitar antes…). El suelo aquí es bastante liso y arenoso, y eso ayuda mucho.

Tras pasar grabé este vídeo, pero ya desde la pequeña sala que hay al otro lado…


Pequeño respiro tras el paso del Laminador del Parto, a la ida hacia el sifón.

A la vuelta, sí que grabé este otro vídeo de Hermano Errante gestionándose esta dificultad



Hermano Errante en el Laminador del Parto a la salida.


Tras el Laminador del Parto pasamos por el Salto del Caballo y llegamos al Rincón de las Excéntricas.

Hago esta foto a Hermano Errante


Hermano Errante posando ante unas de las pocas estalactitas que hay en este sector de la cueva.

Avanzamos un poco y… yo me quedo boquiabierto. La belleza de este rincón hace que merezca la pena el esfuerzo de llegar hasta aquí. Juzguen ustedes



Rincón de las Excéntricas, con formaciones muy pequeñas pero muy espectaculares y puras.


Y, seguimos para el sifón.

Después del Rincón de las Excéntricas a mano izquierda sale una galería colgada, a la que hay que trepar haciendo oposición con las piernas sobre el techo, y con la espalda arrastrando sobre arcilla. Aquí estamos haciendo trampas… a ver, estamos saliendo del Sector A de esta cueva y entrando temporalmente en el Sector B para esquivar una zona conflictiva: La Ratonera, zona con agua de sección estrecha que queríamos evitar. Por tanto subimos a esta galería colgada donde el suelo, tras salir de la arcilla de la rampa de entrada, era de arena fina.

Yo ya me había dado cuenta antes, pero ahora se confirmaba: éramos los primeros en volver a esta cueva desde después de las lluvias del año pasado. Todas las zonas de arena que habíamos recorrido hasta ahora no mostraban ni una sola huella de paso de gente y hasta este día en que decidimos ir, no había caído ni una gota en todo el invierno (y en verano poco) que hubiese hecho entrar en carga la cueva (llenarla de agua) y mover la arena, borrando las huellas anteriores. Si no fuese por las marcas de quemadura de carburo en algunas zonas de techo bajo y por las pintadas que indicaban los sectores, daba la impresión de estar descubriendo algo nuevo.

Tras pasar al sector B, había una gatera que no tenía nada que envidiar al Laminador del Parto, aunque la sección de este punto no viene reflejada en la topografía. Nos pilló de sorpresa. A la ida, sin problema, pero al salir me enganché un poco… pero vamos, son las cosas del directo, jajaja


Ahí ya iba en camino de encajarme. Debería haber salido más a la derecha de la foto.


Venga, ¡que esto está chupao!


Nada. No hay paso subterráneo que se le resista a los Hermanos Errantes.

Vimos ésta ‘pintada’ en una de las paredes, que es de los que hicieron la topografía final de la cueva allá por 1.979, el SEII madrileño. ¿Será original? ¿Lleva en esa arcilla desde el 79?



'Pintada' del SEII para marcar el inicio del Sector B de esta cavidad.
Ya estábamos cerca, pero la cosa ahora volvía a complicarse. En este punto la cueva cambia radicalmente su perfil. Se convierte en un meandro desfondado muy estrecho, donde tienes que progresar haciendo auténticas filigranas. Si bien es divertido, también es cierto que cansa bastante…

Aquí paré a grabar un vídeo con las piernas encajadas sobre el meandro, avanzando por la parte alta, que era de forma acampanada, ya que por abajo era muy estrecho e impracticable. Aquí tienes que avanzar palmo a palmo encajando como buenamente puedas tus brazos y piernas. No hay riesgo de caer al vacío, porque la grieta es muy estrecha en su base y no cabes, pero tampoco quieres resbalar y acabar encajado a media altura buscando la manera de subir a la zona ‘ancha’ otra vez…


Encajado, progresando en lo alto de un estrecho meandro desfondado. (¡Toma ya! ¡Me ha rimado!)


Tras este paso acrobático, ya se oía el agua correr. Eso, por supuesto, cuando estás bajo tierra, a 800 metros de las salida (una hora y pico reptando), en una cueva activa un día de lluvia, pues como que acojona. Habíamos llegado a donde queríamos, pero ahora nos preocupaba que el agua corriese por esa galería. El agua del sifón rebosaba y se precipitaba hacia la zona que habíamos evitado, la Ratonera. Por otra parte, en la topografía esta zona se llama Los Rápidos, por lo que finalmente nos tranquilizó un poco pensar que eso sí era normal. Pero aun así, no sabíamos lo que llovía afuera y eso nos preocupaba.

Por la topografía también, sabíamos que el agua se pierde en la Sala de la Purga, que también nos habíamos saltado al evitar La Ratonera. No sabíamos si era normal ese caudal, que aunque no parecía muy alto ni tenía el agua turbia.



Vídeo del sifón Es Alar y la zona de los Rápidos.


Este sifón fue buceado por miembros el grupo GAEM, y dicen en su crónica que a los 14 metros salieron a la superficie encontrándose un estrecho laminador ascendente con dos ramales que a los 2 metros se ciegan. En el suelo encontraron una grieta que parecía ensancharse a los 5 metros, pero desistieron de seguir por la baja visibilidad del agua en aquella ocasión.

Así que, misión cumplida, en parte. Queríamos ver, ya que estábamos aquí, el Sector B de esta cueva que llega a la zona más alejada de la boca de entrada, en la llamada Sala de los Mocos, pero la prudencia nos decía que volviésemos. La cueva va a seguir ahí mucho, mucho tiempo, y la meteorología nos decía que era mejor, ya sabiendo cómo se progresaba y los pasos que tenía, dejarla para volver más tranquilamente en verano y dar una vuelta por sus demás salas curiosas, como la Sala de la Colada, la Sala de la Cascada, el Baño, la Sala del Derrumbe, la Galería del Aragonito (como la de la Cueva de la Solana), Copacabana, la Risa Tonta… etc.

Esta es la primera parte, pero tengan seguro que volveremos para seguir recorriendo las laberínticas galerías de esta gran Cueva de Royo Malo.

Dejo la topografía, para que se hagan una idea de lo que supone enfrentarse a este reino subterráneo de la oscuridad y el agua.


Nuestro recorrido del Sector A hasta el sifón marcado en rojo sobre la topografía del Grupo Viana (pulsar para ampliar)


Conclusión: si entras a Royo Malo, de buen rollo, al final se deja hacer.

Dejo por aquí, ya para despedirme, el enlace al vídeo de este Sector A de la Cueva de Royo Malo que he subido al Tubo, con las imágenes de esta crónica, y alguna más que no he puesto por aquí. En este vídeo sí que están colocados los cortes en orden cronológico, y hay una errata (en esta crónica la he mantenido, por no cambiar el vídeo… ea). En el vídeo donde pone que es la gatera de acceso a la Sala del Barco, en realidad se trata de la gatera de acceso a la Sala de las Dolinas, más adelante. Mea culpa. Perdonen la confusión.


¡Hasta la vista!

jueves, 5 de julio de 2018

PARTE II: Trilogía de espeleología en Cantabria – Cuevamur en Ramales de la Victoria: la excéntrica

Vamos con la segunda entrega de la trilogía de espeleología en Cantabria.

La impresionante Pared del Eco es un enorme muro calcáreo de unos 250 metros de altura situado a poco menos de 2 kilómetros en línea recta al sureste de la población cántabra de Ramales de la Victoria. En esta espectacular pared hay una ‘escuela’ de escalada deportiva con 52 vías preparadas, pero nosotros no veníamos a escalar, sino a meternos dentro de la pared, literalmente. Nos fijamos en dos grandes aberturas a media altura en el inmenso muro, pero únicamente nos interesaba la primera de ellas: una gran boca de forma, más o menos cuadrada, de 15 metros de lado. Ésta es la puerta de entrada a un mundo subterráneo fascinante a la par que extraño. Teníamos la mirada puesta en la excéntrica Cuevamur.

La gran boca de Cuevamur vista desde la senda de aproximación, que se adentra en ella por el margen izquierdo de la Pared.
Mapa de la situación de Cuevamur (en rojo la boca de la cueva) y la aproximación hasta ella (en amarillo) desde el parking de la turística caverna de Covalanas, a escasos 3 kilómetros por carretera desde Ramales de la Victoria.
Habíamos leído que Cuevamur tiene de todo: largos pasamanos, laminadores, gateras estrechas, trepadas, descenso de pozos, grandes salas y un montón de espeleotemas de las formas más variadas (sobre todo estalactitas excéntricas). Aunque, lo que nos pareció más curioso a la hora de su elección para recorrerla, fue que habíamos leído que se podía hacer una travesía integral por toda ella mediante un recorrido circular visitando todos los pasos de esta cueva de 2,3 kilómetros de desarrollo total.

Nos informamos y, tras cerciorarnos de que no era necesario pedir ningún permiso para acceder a ella, nos plantamos con (casi) todo el material en la boca de entrada para intentar realizar ese recorrido circular completo.


Ya dentro de la boca de Cuevamur. A este primer pasaje de la cueva se le llama Galería de la Luz. Se puede observar una cuerda que atraviesa la boca de lado a lado por la parte alta, y es que aquí se hacen muchas prácticas de espeleosocorro.
En las paredes de la boca de esta cueva se puede observar también una increíble cantidad de spits (tacos metálicos encajados en agujeros practicados en la roca, con una rosca en su interior para fijar en ellos chapas atornilladas y poder anclar una cuerda) realizados para poder montar, mediante un sistema de cuerdas y poleas, la instalación que permita sacar a un herido en camilla por este sitio de complicado acceso. En 1999 se tuvo que rescatar a un espeleólogo madrileño de Cuevamur, ya que se había roto varios huesos, y quizá fuese entonces cuando se realizó toda esta instalación para rescates de emergencia.
Vídeo desde la Galería de la Luz, o boca de Cuevamur, cuando aún nos estábamos poniendo el equipo.

Tras recorrer la senda de aproximación y ponernos el equipo... me doy cuenta de mi grave error: se me había olvidado coger una botella grande de agua. Sólo llevábamos una de medio litro para los dos. A esto se unía que Hermano Errante había olvidado, a su vez, coger la comida que nos llevaríamos al interior de la cueva... parece ser que nos levantamos algo espesos aquel día, y esto impidió que nuestro plan llegara finalmente a buen término.

Ya con todos los cacharros puestos, subimos un poco más por dentro de la gran boca de la cueva que está en rampa y, a mano derecha, nos encontramos con la estrecha entrada a la oscuridad que, a juzgar por el marco metálico que la bordea, estuvo cerrada durante algún tiempo.

Entramos y lo primero que vemos es una rampa en bajada y una cuerda fija al frente, donde comienza el primer pasamanos para evitar la rampa. En la pared derecha hay clavada una placa que explica en varios idiomas que se está trabajando para acotar las zonas de la cueva especialmente delicadas por la gran concentración de formaciones, y que conmina al visitante a progresar por ese terreno acotado (mediante palitos de plástico clavados en el suelo y unidos mediante hilo de pescar) y evite así rozar los espectaculares espeleotemas que hay en los puntos bajos y estrechos.

Anclamos ambos cabos de seguridad a la cuerda fija del primer pasamanos y comenzamos a progresar pegados a la pared derecha de esta cueva, que salva un pozo de unos 13 metros que queda a nuestra izquierda. Esta progresión por el pasamanos se realiza siguiendo una especie de balcón más o menos plano mientras se sortean estalactitas y columnas.


Desanclando los cabos para anclarlos al siguiente fraccionamiento del largo pasamanos de entrada.
Este pasamanos bordea la Sala de los Termómetros, que queda debajo de nosotros. Tras sortear este primer obstáculo llegamos al llamado Paso del Cordino, donde hay que trepar unos 3 metros por una cuerda fija para llegar así al primer laminador.

Ajustando el 'puño' a la cuerda fija para superar el resalte de 3 metros.
En plena faena, subiendo el resalte.


A partir de aquí toca arrastrarse un poco. Estamos adentrándonos en un laminador (sección de una cueva donde la anchura del paso es muy superior a la altura de éste) de un 1 metro aproximadamente de alto y 2 o 3 metros de ancho, con unos 20 metros de longitud, que nos conduce a un balcón sobre la Gran Sima, que es la sala principal de Cuevamur, y donde se divide el camino para hacer el recorrido circular.

Debemos seguir por este balcón bordeando por la derecha la Gran Sima que tiene forma de embudo de paredes inclinadas (sin llegar a ser verticales, pero sí muy resbaladizas a causa del barro) de gran longitud. Ahora hay que descender un tramo de unos 8 metros por otra cuerda fija antes de seguir progresando por un segundo pasamanos.

Hermano Errante progresando por el 2º pasamanos de esta cueva que bordea la Gran Sima, sala principal de Cuevamur.
Alma Errante progresando por el 2º pasamanos que en algún tramo consta de dos cuerdas a diferentes alturas. Toda esta instalación estaba montada en fijo y re-equipada desde 2014.
 Al final del pasamanos nos encontramos con un tramo de éste bastante inclinado en subida, sobre un terreno muy resbaladizo. Aquí volvemos a enganchar el jumar (también llamado 'puño') a la cuerda para ascender, sin resbalar, hasta el borde superior de la rampa, donde debemos dejar montada una cuerda de 50 metros en la instalación de la cabecera (ésta era la única cuerda que debíamos montar nosotros, ya que el resto de las instalaciones están realizadas en fijo y re-equipadas con materiales nuevos desde el año 2014) y descender mediante ella la fuerte pendiente de la Gran Sima para buscar un paso al fondo de ésta y seguir el recorrido circular. Luego, al volver por este resalte sobre la Gran Sima, deberíamos desmontar nuestra cuerda y guardarla de nuevo.

Pero no fue eso lo que hicimos...

Dado que íbamos sin comida ni agua suficiente, no quisimos continuar con nuestro plan de hacer el recorrido circular completo. Hermano Errante usó el sentido común y dijo que él no se arriesgaba a pasar tanto tiempo bajo tierra sin suministros y, pese a que en un principio yo me negaba a cambiar el plan original, finalmente tuve que reconocer que el no llevar agua suficiente era algo que nos podía pasar factura. Así, decidimos no montar nuestra cuerda de 50 metros y lo que hicimos fue continuar por el camino por el que deberíamos haber vuelto a este punto tras recorrer el resto de la cueva.

Este camino comenzaba por un laminador que desembocaba primeramente en la baja Galería de los Guantes, que es de las de arrastrarse, pero llena de espeleotemas. Aquí comenzaban a verse por todas partes las estalactitas excéntricas y más extrañas formaciones que contiene esta cueva. Estas galerías superiores son las más concrecionadas.

Hermano Errante en la Galería de los Guantes.

Observando las concreciones en la Galería de los Guantes.
En este punto dejamos las sacas de material que portábamos para avanzar más rápidamente, ya que toda esta zona es de techo muy bajo y apenas hay sitios para ponerse de pie hasta que no se progresa un poco más.

Aquí Hermano Errante me inmortalizó inesperadamente mientras alucinaba con las formaciones.

Techos y suelos totalmente concrecionados.

Vídeo mostrando la gran cantidad de espeleotemas de esta parte de Cuevamur.

Después de arrastrarnos un rato, el techo de la cueva se volvía a alejar del suelo y podíamos ponernos de nuevo en pie. Nos estábamos acercando a la Sala de los Cristales, que fue el punto más lejano de la entrada al que llegamos, después de descartar la idea de hacer la travesía completa sin agua ni comida. Por aquí ya abundaban las formaciones excéntricas.
Vídeo grabado por Hermano Errante. Aquí ya se ve un buen número de estalactitas excéntricas.

Columnas, estalactitas, estalagmitas, excéntricas... ¡este rincón tiene de todo!
Más formaciones nos asombraban a nuestro paso.

Detalle de algunas estalactitas excéntricas.
Otro vídeo dando una vuelta por esta sala.

Avanzamos un poco más y, tras pasar por una diaclasa con algunas formaciones de color blanco puro, se abre ante nosotros la Sala de los Cristales, donde aparecen cristalizaciones que no habíamos visto en ninguna cueva de las que hemos explorado por Cuenca. Parecidas a Rosas del Desierto, pero con las agujas que las forman más finas y delicadas que las de éstas. Como finas agujas de hielo oscuro.

Delicadas formaciones en la Sala de los Cristales (pulsar sobre la fotografía para ampliar y ver en detalle)
Más cristalizaciones de Cuevamur.
 Pequeño vídeo ampliando las cristalizaciones de esta sala.

Estábamos ya cerca del temido Paso de los Retales, que no es otra cosa que una estrecha gatera que se suele hacer en sentido contrario al que nosotros llevábamos. Ya con la sed acumulada decidimos que éste era buen lugar para dar por finalizada nuestra exploración a Cuevamur y en este punto dimos la vuelta, recorriendo todo el camino por el que habíamos venido a la inversa.

Subiendo por el resalte de 8 metros tras dejar atrás el segundo pasamanos, ya de vuelta a la salida.
Detrás, en la oscuridad, se encuentra la Gran Sima, depresión que forma la Gran Sala de Cuevamur.
No sé exactamente cuánto tiempo estuvimos investigando los rincones de esta cavidad, pero sin duda disfrutamos mucho de la variedad de formaciones y del técnico recorrido que hay que realizar para progresar por esta cueva (pasamanos, trepadas, descensos, laminadores... ¡de todo, vamos!) pero nos gustó bastante, a pesar de no haber hecho finalmente el recorrido circular integral por fallos de planificación...

Dejo por aquí la topografía con el recorrido realizado, y el que quedó pendiente de realizar:

En rojo el recorrido que realizamos hasta la Sala de los Cristales, y en amarillo el recorrido circular completo que habríamos hecho de no haber olvidado llevar suficiente agua...
A la salida de la cueva, el pico San Vicente no tenía niebla en lo alto (había estado envuelto en la niebla desde que llegamos a Ramales de la Victoria dos días antes de entrar en esta cueva) así que aproveché para inmortalizarlo... y con estas vistas despido esta entrada sobre la excéntrica Cuevamur.

Pico San Vicente, al suroeste de Ramales de la Victoria, frente a Cuevamur.
De todos modos... permanezcan atent@s a sus pantallas. En unos días, la tercera y última crónica de esta Trilogía de Espeleología en Cantabria, esta vez, por la mítica Cueva de Coventosa.