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jueves, 21 de diciembre de 2023

¿Sima de la Crin? Pues, va a ser que no...

 ¡Hola de nuevo, personas errantes!

 

He dejado esto parado un tiempo, pero no he dejado de rodar por la naturaleza, así que, intentaré volver a subir regularmente entradas a este blog. Serán, como siempre, entradas camperas. Entradas de majestuosos rincones naturales. Entradas de fauna y flora. Entradas de lugares poco conocidos. Entradas como la de hoy, de sitios con muy, muy pocos visitantes.

 

Volvemos al subsuelo de la Muela de la Madera, la gran muela kárstica situada entre las poblaciones de Uña y Las Majadas.

 

Y en la entrada de hoy, vamos a uno de esos últimos sitios de los que he hablado antes: los muy poco visitados. De hecho, es muy probable que en el sitio al que vamos a adentrarnos hayan estado menos personas que en la superficie de la Luna (la cual han pisado 12 personas hasta el momento). Un poco más abajo os explicaré el por qué...

 
¿Cuánta gente habrá estado alguna vez aquí? Ya os digo que menos de 10 personas seguro.
 
Tras el pequeño éxito que tuvimos hace 4 años, al volver a descender la Sima Malditos I, 30 años después de que se descubriese y 'sacarla del olvido' (ya que al año siguiente se publicó su topografía, características y acceso en la revista de la Federación Castellano-Manchega de Espeleología y Cañones, así como se realizó una re-instalación de anclajes por parte del Club Diaclasa Villalba para facilitar su acceso y darla a conocer a más aficionados a este deporte-ciencia que es la espeleo), hace un tiempo nos animamos a volver a 'sacar del baúl de los recuerdos' algunas simas de las que encontró la Asociación Espeleológica Conquense Lobetum en los 'pateos sistemáticos' que dieron por la zona en los años 80 y 90, contabilizando más de 200 simas en esta muela kárstica conquense.
 

Padre Errante participó en esos 'pateos' y descendió a muchos de los 'bujeros' que encontraron en esa época. Pero también nos cuenta que, debido a la gran cantidad de simas y grietas que vieron, el trabajo de topografía y exploración fue acelerado. Más o menos sería algo así: van a un sector con varias simas marcadas. Se dividen en grupos y cada grupo (de 2 o 3 personas) se metía en una sima y echaba un vistazo. Si la sima tenía posibilidades de avanzar metros, la dejaban para explorarla más adelante con un buen grupo de gente. Si eran pozos de escaso desarrollo (como el que nos ocupa en esta entrada), se hacía un croquis rápido de la morfología de la cavidad, se medía aproximadamente las distancias y se salía para, quizá, no volver más. Todo esto con iluminación de carburo, con brújula, mapas (no había GPS) y echándole muchas horas, y muchos fines de semana.

 

Así pues, con el ánimo de volver a re-encontrar (y dar a conocer) lo que ya encontraron los compañeros de Lobetum, fuimos a dar una vuelta de reconocimiento por el siguiente sector de la Muela de la Madera.

Ahí aparece la Sima, pero... (pulsar sobre la imagen para ampliar)
 

En este mapa vemos marcada la Sima de la Crin, pero una vez llegas al lugar exacto donde está ubicada: no hay sima. Solo monte. Y lo mismo pasa con multitud de cuevas y simas marcadas en los mapas por el Instituto Geográfico Nacional. Quizá se deba a lo mencionado anteriormente: en los trabajos de exploración, en los años 80 se iba con mapa y brújula, con lo que estimar las coordenadas era más delicado que ahora.

 

Entonces, ¿qué podemos hacer? Volver a patear monte. Volver a buscar lo encontrado hace 40 años.

 

Y así nos plantamos en el lugar, 4 personas, una mañana para hacer una batida en busca de la Sima de la Crin.

 

Tan sólo encontramos una sima a unos 500 metros al Norte de donde sale marcada en el mapa. Una vez en su boca de acceso, por más que buscamos el crotal identificativo (una lámina de plástico naranja como la que colocan al ganado para marcarlo) que colocó Lobetum en las simas a las que descendió, no lo vimos por ninguna parte. Lo que sí vimos fue un 'spit' oxidado, que nos daba idea de que esa sima se había descendido con anterioridad por alguien. Al no encontrar más simas por los alrededores, supusimos que habíamos dado con la Sima de la Crin, y así la marcamos en nuestros GPS.

 

Un tiempo más tarde volvimos con material de instalación, cuerda, y todo el equipo para echarle un vistazo. Y la verdad es, que la topografía y la descripción de la Sala prometían bastante... pero no encontramos nada de eso.

Imagen de la publicación 'Cavidades de Cuenca - I Muela de la Madera' de A.E.C. Lobetum con la topografía de la sima a la que creíamos que íbamos a descender.

 

Sino, más bien esto:

Calavera con grandes colmillos al fondo de la sima.
 

Pero bueno, no adelantemos acontecimientos. Veníamos Moi, Hermano Errante y un servidor a descender esta sima. Luego os digo cuál puede ser (aproximadamente). Y como decía al principio, seguramente, ésta sea una de esas simas cuyo fondo ha pisado menos gente que la superficie lunar...

 

¡Al lío!

 

20 de Diciembre de 2023 - Al pasar por Villalba de la Sierra le pedimos a Lupo (fundador del Club Diaclasa Villalba al que pertenecemos actualmente) un taladro y unos tornillos Fixe autoroscantes, para montar una instalación temporal. Subimos a la Muela de la Madera. Plantamos mi coche a unos 50 metros de la boca de la sima. Nos ponemos los trajes de faena, y entramos en materia.

 

Moi ancla la cuerda a una sabina cercana a la boca de esta cavidad.

Aspecto del lugar donde nos estamos metiendo
 

Hermano Errante se ancla a esta cuerda, se aproxima a la abertura y se pone a taladrar un par de agujeros para insertar en ellos los 2 tornillos (y sus 2 chapas) de la cabecera que sostendrá nuestro peso.

Hermano Errante taladrando los agujeros para anclar la cuerda


Al principio el taladro no iba fino del todo... quizá por el frío
 

Ya está el primer agujero, ahora a por el segundo.

 
Pero en el segundo agujero ya ha entrado en calor
 

Una vez montada la cabecera, se va para abajo. Tarda un rato. Desde arriba, Moi y yo nos comunicamos a voces con él. Sigue bajando. Dice que se puede bajar de una sola tirada (desde la cabecera en la boca de la cavidad hasta el fondo sin tocar las paredes ni tener que montar fraccionamientos). Aun así monta un fraccionamiento un poco más abajo de la mitad del pozo, para intentar agilizar la salida de la cavidad (no debe haber dos espeleólogos en un mismo tramo de cuerda salvo para maniobras de rescate, así que cuanto más fraccionamientos haya, más personas pueden estar progresando al mismo tiempo por la cavidad). De todos modos, no sirve de nada.

 

Al llevar más de 30 años sin bajar nadie a este sitio (muestra de ello era la corrosión sufrida por el 'spit' que había en la entrada, y que, ni se nos ocurrió utilizar) las paredes han acumulado rocas que quedan incrustadas en el pozo, y se suelen producir peligrosos desprendimientos de piedras a cada mínimo roce en la pared. Por este motivo, hasta que Hermano Errante no llega al fondo de la sima y se puede apartar de la zona de caída de piedras, no vocea para darme el 'libre', que confirma que puedo comenzar a descender yo.

 

Me anclo a la cuerda, bajo hasta la cabecera, me anclo de ésta mientras cambio el descensor a la cuerda que sale de la cabecera hacia el fondo, y voy para abajo.

 

Antes de llegar a la mitad del descenso se ve una 'ventana', lo que viene a ser un hueco en una de las paredes del pozo, que da a otro pequeño pozo. Lo revisaremos a la subida.

 

Sigo bajando hasta el fraccionamiento que está más abajo de la mitad del pozo, y mi hermano me da la noticia:

     - "No estamos en la Sima de la Crin. Aquí no hay sala por ninguna parte."

 

Pues vaya...

 

Yo llevo el medidor de oxígeno, y tras pasar el fraccionamiento comienza a pitar. Mal rollo. Miro el indicador: 18,6%. No hay problema, pero el pitido constante del medidor es irritante...

 

Bajo hasta el fondo. Hay un montículo de piedras que han ido cayendo desde el exterior (llamado 'cono de derrubios'). Abajo hay un pequeño saliente de roca bajo el que Hermano Errante está refugiado de la caída de piedras. Me refugio junto a él y pego una voz a Moi para que pueda empezar a bajar.

 

Cae alguna piedra, pero estamos más o menos protegidos de los impactos. Aquí el medidor de oxígeno llega a bajar a 18,5%. Es por debajo de lo normal, pero no es peligroso.

 

Mientras, grabo:
 
Efectivamente, esto no se parece a la topografía que traíamos de la Sima de la Crin. Fail.
 
No hay sala. No hay formaciones.

 

Piedras, palos y huesos. Siempre hay de esas 3 cosas en el fondo de las simas de por aquí. No me preguntéis el por qué.

Y, otra cosa... ¡vaya colmillos tiene esa calavera, ¿no?!

Pues eso... restos de muerte por doquier
 
Una vez Moi pasa el fraccionamiento y llega a la base del pozo salimos de nuestro 'refugio anti-pedradas' y echamos un vistazo. Al otro lado de donde nos hemos refugiado hay una gatera. A simple vista parece que se cierra un poco más adelante, pero el intrépido Moi se adentra para comprobarlo. Le dejo el medidor de oxígeno, que en esa zona más estrecha desciende hasta un 18%.

Visto que la gatera no va a ninguna parte... solo queda volver a subir, algo desconcertados.
¿Qué sima es esta?
 
Efectivamente. No tira. Pues nada... ¡para arriba otra vez!

 

Dos se esconden bajo la repisa del fondo, uno sube. Luego uno se esconde, y el otro sube. Y el último, desmonta los anclajes de la instalación mientras va subiendo. Así, llegamos de nuevo al mundo exterior:

Foto que me hizo Hermano Errante a la salida.
 

Bueno, pues... ya estaría. Pero, ¿dónde hemos estado? En una sima, eso está claro...
 

Antes de guardar la cuerda, la medimos a 'brazadas' para saber aproximadamente la profundidad del pozo que hemos descendido. Unos 31 metros. No, no se corresponde con la Sima de la Crin.

 

Una vez en casa, consulto la publicación de la Asociación Espeleológica Conquense Lobetum titulada: 'Cavidades de Cuenca - I Muela de la Madera' donde aparecen las cavidades más relevantes de la zona, y por la descripción y alguna topografía semejante (así como por la ubicación aproximada) creo que la sima a la que hemos descendido esta vez pertenece al grupo de las 'Gamma'.

 
Las 'Gamma' son 13 simas independientes, las cuales cuentan con unas características comunes: el sector de su ubicación y su morfología consistente en un solo pozo sin formaciones calizas destacables. Además, según la publicación las 'Simas Gamma' van desde unos pocos metros de profundidad, hasta los 42 de la más profunda de estas 13 simas bautizadas con el mismo nombre y números correlativos. ¿A cuál de ellas entramos? Pues, ni idea la verdad...

De todos modos, seguiremos intentando averiguarlo.

Para ir acabando, os dejo por aquí el enlace al vídeo que he subido a YouTube con los vídeos que conforman esta entrada: https://youtu.be/nls_Cf5w0Jg

 

Y, nada... ¡hasta la siguiente aventurer@s errantes!

miércoles, 10 de mayo de 2023

La Necrópolis visigoda de Uña: 8 sepulcros poco conocidos y bien conservados

 ¡Bienvenid@s a esta nueva entrada 'lectores errantes'!

 

Cambiamos de tercio. Dejamos a un lado los 'eremitorios' y hacemos una pausa en la 'exploración subterránea' para pasar a otro tema.

 

Próximamente, vamos a ver algunas entradas donde visitaremos lugares con sepulcros y restos de enterramientos de origen visigodo, de los cuales hay bastantes vestigios en nuestra provincia.

 

Tumbas excavadas en arenisca aprovechando un pequeño afloramiento de este tipo de roca.

Para comenzar, vamos a explicar brevemente las dos formas de enterramiento básicas que se llevaban a cabo en aquella época:

               

                - Tumbas en cista: son tumbas realizadas con losas de piedra. Se cavaba un agujero, se reforzaban las paredes y el suelo con dichas losas de piedra, se depositaba el cuerpo y después se tapaba con otra losa. Por el momento, no vamos a ver ninguno de estos enterramientos en las siguientes entradas (había uno en el término municipal de Fuentes donde se encontraron 17 tumbas de este tipo, pero tras realizar su estudio, se taparon para construir la carretera CM-220 que va a Almodóvar del Pinar).

 

Croquis de uno de los sepulcros con 'enterramiento en cista' de la necrópolis de la Dehesa de la Casa (Fuentes)


                - Tumbas excavadas en la roca: las necrópolis que he visitado hasta ahora por la provincia, y sobre las que van a tratar las siguientes entradas, presentan este tipo de sepulcros, donde se excavaba una forma antropomorfa en suelos de arenisca, y tras introducir el cuerpo, se tapaba con una losa. Estos sepulcros se reutilizaban, y podían llegar a albergar varios cuerpos en su interior.

Uno de los sepulcros de esta pequeña necrópolis visigoda

 
 

En estos enterramientos también se depositaba un pequeño ajuar junto a los cuerpos, consistente usualmente en pendientes de cuentas, algunas vasijas de cerámica, collares y, rara vez, algún arma.

 

Eso sí, hay que aclarar que estos estudios del mundo funerario de los visigodos son bastante recientes (comenzaron hace unos 50 años) y aún quedan muchos interrogantes sobre varios aspectos de la época, así como existe poca información y bibliografía sobre el tema.

 

Por ello, en esta entrada me voy a limitar a mostrar los sepulcros que hay en el lugar, sin desvelar su localización para preservar la buena conservación de este pequeño yacimiento poco explorado y conocido en las cercanía de la serrana población de Uña. Así pues, ¡vamos al lío!

 

El día anterior a mi visita a este lugar, estuve viendo tres tumbas visigodas en Arcos de la Sierra (no sé si subiré una entrada, ya que no tiene mucha 'chicha'...). Tras mostrarle las imágenes de ese lugar a Padre Errante, me comentó que había una necrópolis parecida a esa en el término municipal de Uña. Me marcó un punto en el mapa, y me dirigí hacia allí para ver qué me encontraba.

Conjunto de tumbas de esta necrópolis

Primer vistazo a esta necrópolis

 

Efectivamente, al llegar al lugar me topé con 7 tumbas.

Recuento de sepulcros

 

En un pequeño afloramiento de roca, habían aprovechado todo el espacio disponible para tallar las sepulturas en la blanda arenisca.

Conjunto de sepulcros

Aquí se aprecia la profundidad de estos sepulcros donde, en ocasiones, se enterraban a varios cuerpos.

Otro de los sepulcros, éste menos profundo.

Sepulcro con una capa de agua congelada en su fondo.

Otros dos sepulcros, bastante profundos también, y con hielo en su interior.

Vista general de esta necrópolis

Otra vista del lugar donde los sepulcros están más apiñados

 


No hay datos sobre esta necrópolis, pero se puede presumir que será de entre los siglos V y VIII. También observé, que la mayoría de las tumbas no presentaban la habitual disposición Este-Oeste sino que, intentando aprovechar todo el espacio disponible en el afloramiento de arenisca, habían excavado los sepulcros con alineaciones diferentes, como se aprecia en las tres siguientes imágenes:

Como vemos, este sepulcro tenía la cabeza orientada hacia el Noroeste y los pies al Sureste.

Éste otro presenta una orientación similar a el anterior.

En cambio, este sepulcro (el más grande del conjunto) presenta la típica orientación de este tipo de necrópolis: Este-Oeste
 

Después de este primer vistazo, di una vuelta por los alrededores para ver si encontraba algún sepulcro más, apartado del resto. No había más. Pero sí que vi esto por las inmediaciones:
Restos de un muro de refuerzo para un camino de herradura que debía pasar por aquí.

 

Tras este vistazo por los alrededores, vuelvo al lugar donde se hallan los sepulcros, y me encuentro con que hay uno, un poco apartado del resto, que no había visto antes:

Octava tumba de esta necrópolis, algo apartada del resto.

 

Dejando así la cuenta en 8 sepulcros en esta necrópolis.

Una última fotografía de esta desconocida y bien conservada necrópolis de Uña

 
 

A pesar de lo poco avanzada que está la arqueología en la relación hábitat funerario/hábitat de poblamiento, los arqueólogos creen que la presencia de una necrópolis o conjunto funerario es un factor determinante en la presunción de la existencia de un poblado, de un centro de explotación rural y/o un centro religioso en la zona. Sin embargo, no conseguí ubicar este lugar que debía estar ligado a la necrópolis, por los alrededores.

 

Tras conocer este curioso cementerio de hace siglos, me volví al pueblo para estar un rato observando las aves de la Laguna de Uña desde la caseta de observación de fauna colocada a tal efecto. Grabé algunas fochas, cormoranes y una garza real aproximando la cámara del móvil a unos pequeños prismáticos que suelo llevar conmigo. No se ve del todo nítido, pero se distinguen bien las especies:

Intentando grabar la fauna de la Laguna de Uña a través de unos prismáticos

 

Y, poco más por mi parte... como siempre, os dejo aquí el enlace al vídeo que he subido a YouTube con las tomas captadas en este lugar:

 

 

Y, me despido hasta la siguiente. No sin avisar de que, si 8 sepulcros os parecen pocos... en la siguiente entrada vais a flipar con la gran necrópolis que os voy a mostrar.

 

¡Hasta la próxima, gente!

viernes, 14 de diciembre de 2018

Al sur de la Muela de la Madera (Ceja de Peña Betaya y Puntal del Canto Blanco en Uña)

Al sur de la Muela de la Madera, donde el Júcar labró pacientemente durante miles de años la roca caliza, hay paredes vertiginosas que se asoman al río, y al embalse de la Toba. Esta entrada trata de la visita a dos magníficos puntales de roca que se asoman al vacío desde unos 250 metros de altura sobre la carretera que une Uña con Huélamo: la Ceja de Peña Betaya (en la parte final del embalse de la Toba) y el Puntal del Canto Blanco (pasado el pueblo de Uña y antes de llegar a la presa del embalse de la Toba).

Estos dos puntales constituyen perfectas atalayas de observación. Bajo ellos discurre la carretera CM-2105 que sube a la Serranía conquense. Nos encontramos a escasos kilómetros de la bellísima población de Uña, concretamente, la salida para ambas excursiones la hice desde el mismo punto: 5 kilómetros pasado el pueblo, un poco más adelante de donde baja el camino que conduce a la presa del embalse de la Toba.

¡Vamos al lío!

La primera parte de la entrada se desarrolló a finales del mes de marzo, aunque ese día hizo un calor inusual... en esta primera parte, quise acercarme a los puntales rocosos que se ven desde la carretera a la altura del cruce donde sale la pista que conduce a la población de Las Majadas, ya en la cola del embalse de la Toba. Ese paraje viene nombrado en los mapas como Ceja de Peña Betaya, y desde allí se ve más o menos algo así

Vistas desde el objetivo final de esta primera parte de la entrada: Ceja de Peña Betaya.

Para llegar hasta allí, planeé la ruta saliendo desde un tramo de la antigua carretera que hay a la izquierda tras pasar de largo el camino que baja a la presa del embalse de la Toba. Dejé el coche y me encaminé hacia el Este para dar con el Vallejo de la Sorquilla, que desemboca en el embalse, en el punto kilométrico 40, bajo la carretera CM-2105. Por este 'vallejo' me adentré y tomé dirección Norte siguiendo el sinuoso curso excavado por un arroyo que en ese momento no llevaba agua, salvo por algún afloramiento de poca importancia.

Progresando por la parte baja del Vallejo de la Sorquilla.
En la parte superior se ensancha y transcurre entre pinares, con menor desnivel que en este tramo inferior.

Seguí avanzando en dirección Nordeste hasta donde una vaguada, que descendía al 'vallejo' sobre cuyo fondo estaba transitando, se abría a mi derecha. Ascendí por ella en busca del Alto de la Muela, a 1.478 metros sobre el nivel del mar. La parte tediosa del asunto (la subida) ya estaba cumplida.

Ahora, en el Alto de la Muela cambiaría a rumbo Sur hasta llegar al borde de la Muela de la Madera en el paraje Ceja de Peña Betaya.

Puntales cercanos al de la Ceja de Peña Betaya. Desde el Alto de la Muela había que descender unos 40 - 50 metros hasta llegar al borde Sur de la Muela de la Madera que se asoma a la cola del embalse de la Toba.

Acercarse al borde del precipicio hace que te tiemblen las piernas, y no por cansancio. Desde este mirador, tenemos una caída vertical de las que quitan el hipo y, a pesar de no tener vértigo, hasta el más osado se siente pequeño, vulnerable y frágil al estar en un entorno tan aéreo y expuesto como éste.

Alma Errante extendiendo las alas, preparado para el vuelo.

Llegué un poco tarde, con el sol declinando por el Oeste, y no pude quedarme mucho tiempo disfrutando las vistas que ofrece este lugar.

Me hice un selfie junto al precipicio

Selfie junto al precipicio de la Ceja de Peña Betaya, a unos 250 metros sobre la carretera que bordea el embalse de la Toba.

Después, hice esta panorámica desde el lugar:

Panorámica desde la Ceja de Peña Betaya.

Grabé este vídeo panorámico, que he ambientado añadiendo un poco de música:

Vídeo de la espectacular perspectiva que se tiene en la Ceja de Peña Betaya.


Y, me tuve que bajar rápidamente, luchando a brazo partido contra la oscuridad que se cernía sobre todo a mi alrededor. Vamos, que se hacía de noche y esta vez no llevaba linterna...

Bajé por el mismo camino que había seguido durante la subida, por el Vallejo de la Sorquilla, donde me paré a hacer esta foto, en un lugar donde afloraba algo de agua de la roca:

Vallejo de la Sorquilla en su tramo final, ya bajando de vuelta hacia el coche.

Esta ruta no se hizo nada dura, pero me condicionó bastante el ir a hacerla por la tarde cuando aún los días son de corta duración... de modo que la tuve que hacer de corre-prisas.

Dejo por aquí el mapa de esta primera parte de la entrada, con la subida por el Vallejo de la Sorquilla y bajada por el mismo sitio.

Mapa con la ruta seguida marcada en rojo. Ida y vuelta se hicieron recorriendo el mismo camino.

Pues bien, esto no queda ahí. Tras pasar un rato divisando el paisaje desde la Ceja de Peña Betaya me entró el gusanillo de subir a visitar algún puntal más de esta zona, y le eché el ojo a otra atalaya rocosa, ésta, aguas abajo de la presa del embalse de la Toba.

Con esta referencia guardada en mi mente dejé pasar el tiempo hasta que, la semana pasada, me acerqué de nuevo a la zona para completar la visión de la parte Sur de la Muela de la Madera con el ascenso al Puntal del Canto Blanco, que conforma la segunda parte de esta entrada.

El punto de salida elegido era el mismo, pero esta vez fui por la mañana, con más tiempo.

Tras aparcar en el tramo de antigua carretera, donde aparqué la otra vez para subir a la Ceja de Peña Betaya, me dirigí de nuevo hacia el Vallejo de la Sorquilla, pero una vez remontado un corto tramo de éste me desvié hacia el Oeste, subiendo por un corto pero empinado barranco que hace de aporte al tramo final del Vallejo de la Sorquilla.

Aquí el terreno era de piedra suelta y la subida agotadora. Mi idea inicial era la de volver por este mismo sitio, para hacer la ruta lo más corta posible, pero una vez ascendido me dije a mí mismo que no bajaría por allí, ya que el peligro de resbalón y caída era muy alto.

Vista atrás durante el ascenso por el aporte que entra desde el Oeste al tramo final del Vallejo de la Sorquilla.
Otra imagen desde la parte alta de este barranco, por el que la subida se hizo pesada y peligrosa.

En poco tiempo había ascendido desde los 1.150 metros a los que se encuentra la carretera, hasta los 1.450 metros de altitud de la Muela de la Madera.

Desde aquí busqué una senda que quedaba al Norte, dí con ella y, cuando ésta se unió a un camino forestal que corre en dirección Oeste, lo empecé a seguir.

En el interior de la Muela de la Madera hay callejones de piedra y simas por doquier, pero por donde yo caminaba no había nada más que pinos y, más pinos. Por todas partes. Eso sí, el camino era llano y se avanzaba a buen ritmo.

Os dejo primeramente el vídeo-resumen de esta segunda parte de la entrada, y después ilustraré el lugar y la ruta seguida, con más imágenes. Echadle un ojo al vídeo:

En este vídeo-resumen se ven las cabras montesas que deambulaban por el Puntal del Canto Blanco cuando llegué allí, y las impresionantes vistas desde este muro calizo, así como otros puntales del Sur de la Muela de la Madera cercanos.

Pues bien, tras espantar al grupo de jóvenes cabras montesas que se ve en en vídeo, me planté en el Puntal del Canto Blanco, desde donde tenemos una visión privilegiada de esta parte de la Serranía conquense.

Poco antes de llegar al Puntal del Canto Blanco, bajando desde la Loma de Poco Pan.
Panorámica desde el borde del Puntal del Canto Blanco, a unos 2,5 kilómetros de la población de Uña. Más o menos, por el centro de la imagen se ve la carretera que va hacia Buenache de la Sierra por toda la zona de Tierra Muerta.

Alma Errante haciendo el gamba junto al precipicio.

No corría nada de viento en este puntal, y se estaba muy bien, aunque la luminosidad no era la mejor para hacer fotos (salían la mayoría bastante sobre-expuestas).

Puntal de la Santilla, situado a un kilómetro, al Oeste del Puntal del Canto Blanco donde me encontraba.

Deambulando por el Puntal del Canto Blanco me dí cuenta de algo. Asomándome al lado Oeste del puntal vi en el suelo una chapa Fixe. En un principio pensé que alguien la había colocado aquí a modo de aprendizaje, pero después me asomé al vacío, y me encontré con que había 2 chapas más en el borde justo de la vertical, y otra unos metros más abajo, de modo que empecé a pensar más en que alguien se había descolgado rapelando desde este sitio.

Anclaje para el re-aseguro. Esta es la primera chapa que vi en este lugar, y que me dejó extrañado.
Este anclaje se encuentra alejado de la vertical. Sirve para anclarse y poder acercarse con seguridad al borde del precipicio

Aquí se ven las otras dos chapas acodadas montadas en línea, una sobre otra, justo en la línea de la vertical.
No es un montaje usual, ya que lo correcto es montar los anclajes paralelos, una al lado de otra, para que la cuerda trabaje en ángulo y reparta mejor el peso... pero esto me dio pie a pensar que alguien ha rapelado desde allí.
Al fondo se ve el Puntal de la Santilla. Pulsar sobre la imagen para ampliar.

La verdad es que tiene que ser peliagudo descolgarse desde este espectacular pared... pero no me importaría probarlo.

Tras disfrutar de este lugar durante un rato, tocaba moverse. Esta vez iniciaría el camino de vuelta andando por el borde de la Muela de la Madera, es decir, que seguiría recorriendo los puntales rocosos, esta vez en dirección Este.

Por aquí os dejo unas cuantas imágenes de las espectaculares formas que adoptan estos puntales calizos, donde había puentes de roca y enormes piedras en precario equilibrio:

Puntales calizos de esta bella ceja rocosa que forma toda la parte Sur de la Muela de la Madera.

Más puntales, con los pinos haciendo equilibrios sobre el precipicio.

Vista atrás. Ese del fondo es el puntal del Canto Blanco en el que había estado poco tiempo antes.

Puente de roca labrado pacientemente por la erosión.

Puntal del Canto Blanco desde la lejanía.

Hasta ese collado que se ve en mitad de la imagen es hasta donde tenía que llegar para, a partir de ahí, remontar un pequeño barranco que me llevaría de vuelta al interior de la Muela de la Madera.

Cuidado con no resbalar y caerse por aquí...

Llegando ya al barranco que debía remontar para internarme de nuevo en la Muela de la Madera.
Este paraje aparece en los mapas con el curioso nombre de Rastra de Masegosito.

Una vez aquí, empecé a remontar la Rastra de Masegosito, que es un pequeño vallejo, poco profundo y con no demasiada pendiente.

Éste es el aspecto del final de este vallejo, en el punto donde se precipita al vacío:

En este punto dejé de seguir mi camino de vuelta por el borde de la Muela para internarme en ella.

Me adentré pues en la Rastra de Masegosito, donde no había gran cosa que ver...

Pequeños pinos mientras ascendía por la Rastra de Masegosito.

Tras, aproximadamente, un kilómetro de recorrido ascendente, llegué de nuevo a lo alto de la loma del Monte Muela de la Madera y seguí un camino en dirección Noreste con el fin de rodear el barranco por el que había subido en un principio, ya que no me pareció que bajar por allí fuese una opción segura.

Este camino se adentra en una zona llamada Sabinar del Prado, donde hice esta foto a este hermoso ejemplar de sabina:

Sabina en la Muela de la Madera.

Ya sólo quedaba rodear por el Norte los restos de la antigua Casa Forestal de Prado Villatejas e internarme de nuevo por el Vallejo de la Sorquilla en su parte media, para descender por ahí de nuevo hasta la altura de la carretera que bordea el embalse de la Toba.

En su parte media, el Vallejo de la Sorquilla está cubierto de pinos y es amplio y verde. Más abajo, ya casi en su parte final, el suelo es de roca y la vegetación está alejada del fondo del valle, encaramándose a las paredes que forman éste.

De la parte media del Vallejo de la Sorquilla no saqué ninguna foto, pero por su zona final sí...

Vallejo de la Sorquilla.

Vallejo de la Sorquilla en su tramo final.

Volvía de allí arriba. Del Puntal del Canto Blanco y los cercanos, donde estuve un buen rato al sol, asomado al valle del Júcar como un Buitre o una Cabra Montesa.

Quizá, si consigo engañar a alguien para que me acompañe, y haciendo la combinación de 2 coches, vuelva para recorrer toda la ceja de esta parte Sur de la Muela de la Madera desde el mismo pueblo de Uña, hasta la cola del embalse, pasando por los puntales de Peña Rubia y de la Santilla que me quedaron pendientes... pero eso, ya se verá.

Os dejo el recorrido de esta segunda parte de mi aventura por las cercanías del pueblo de Uña. Esta vez, he marcado el camino de ida y el de vuelta con diferentes colores, para hacer que quede más claro el itinerario seguido.

En rojo está marcado el camino de ida hasta el Puntal del Canto Blanco.
El camino de vuelta, esta vez, se ha marcado de color amarillo. El rodeo era para evitar un tramo peligroso por el que subí y que me pareció que en bajada y con piedra suelta, podría convertirse en una trampa. Además, cuando subí, el hielo de la noche anterior aún sujetaba algo el terreno, pero ya a medio día no quise arriesgar a bajar por allí.

¡Y, esto es todo por hoy, amig@s errantes!