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lunes, 26 de agosto de 2019

Toma de contacto con la Surgencia de la Canaleta (Valdecabras)

Sin nada mejor que hacer, el pasado día 20 de Agosto, nos dirigimos a Valdecabras, para echar un vistazo a la Surgencia de la Canaleta, que es la parte activa de la Cueva de la Canaleja. A ver, os lo explico: la Cueva de la Canaleja es una cueva fósil, ya que las aguas que le dieron forma durante milenios y que corrían por ella, se acabaron colando por una grieta que surca toda esta cavidad y acabó horadando otra cueva activa (por donde corre el agua), que se encuentra debajo de la Canaleja (unos 20 metros bajo ésta) y se conoce con el nombre de Surgencia de la Canaleta.

Ésta surgencia fue topografiada por primera vez por el GAES en la década de los 70. Desde entonces, se han ido ganando metros (en los últimos años han seguido los trabajos emprendidos por el GAES los buceadores del madrileño grupo espeleológico GAEM) y ya se han explorado 6 sifones en ella, topografiando un recorrido de algo más de 500 metros de galerías que ha quedado detenido, de momento, ante el hallazgo de un nuevo sifón (el séptimo de esta cavidad).

Aparcamos el coche junto a la Fuente de la Canaleja, en un gran arcén que hay en la primera horquilla hacia la izquierda que nos encontramos en la carretera que sube hacia la Ciudad Encantada, ya pasado el pueblo de Valdecabras. Ésta fuente recibe el agua directamente de la surgencia donde vamos a meternos, que se encuentra al pie de las rocas que hay detrás de ella. Vamos Hermano Errante y yo. Echamos un trago de su agua gélida y nos disponemos a bañarnos en ella. Literalmente.

Hemos traído los monos de tela. Sabemos que esta cavidad es estrecha, y con los monos sintéticos pasaríamos mucho calor arrastrándonos. También sabemos que nos vamos a mojar mucho, y hemos traído la parte inferior de nuestros neoprenos que, de momento, dejamos en el coche.

Nos enfundamos los monos de tela y nos dirigimos a la reducida boca de entrada de esta surgencia, por donde en época de fuertes lluvias mana agua.



Hermano Errante entrando en la surgencia.


Primeros metros de esta cavidad. Lo más estrecho es la entrada.

La sección de esta cavidad es pequeña, teniendo que arrastrarse durante los primeros 15 metros por una gatera. Después, la cavidad gira 90 grados hacia la izquierda, y la sección se amplía un poco, pero sin dejarnos poner en pie de momento.


Vídeo grabado desde el recodo de 90 grados donde la cavidad gira en dirección Norte.

Se oye un pequeño reguero de agua correr hasta sumirse en un conducto por el que se dirige hacia la cercana Fuente de la Canaleja. Pasamos sobre el reguero y nos encontramos con que hay un paso bajo y otro alto. El paso bajo va por el agua, y hay que mojarse para meterse por él. El paso alto consiste en trepar por una rampa de arcilla muy resbaladiza de poco más de 2 metros y bajar de nuevo por el otro lado. Nos decantamos por el paso alto. Aún no nos hemos mojado. Os muestro este paso en el siguiente vídeo:


Aquí ya damos con la corriente de agua que poco después surge por la Fuente de la Canaleja.

Tras trepar, nos dejamos caer por el otro lado. Aquí ya se puede estar de pie. Avanzamos un poco más y vemos a nuestra izquierda una gatera ascendente que, probablemente conecte con el nivel inferior de la Cueva de la Canaleja, que se encuentra por encima de ésta. A partir de aquí ya hay que mojarse. Dejo el móvil en este punto, ya que no hemos traído el bote estanco...


Gatera ascendente que, probablemente, conecte con la Cueva de la Canaleja.

Seguimos. La galería vuelve a ser baja. Vamos andando, mientras apoyamos las manos en las paredes cubiertas de arcilla para no caer al agua, que va cubriendo más a medida que avanzamos. Estamos metidos en un tubo estrecho lleno de agua helada. Hay un paso en el que hay que tumbarse de lado sobre 4 centímetros de agua, y después de avanzar otros 5 metros llegamos al primer sifón. Hasta aquí había hilo guía anclado en las paredes, por lo que creíamos haber cortocircuitado (habernos saltado, vamos) el primer sifón al hacer la trepada, pero luego ya en el exterior, revisando la topografía me di cuenta de que no era así. Nos quedamos en un paso donde había que sumergirse hasta el cuello para pasar con la cabeza por el hueco de un palmo que hay entre esta agua gélida y el techo. Éste sí que es el primer sifón, marcado en la topografía (que la tenéis al final de la crónica) como S-1. El nivel del agua nos permitía franquearlo sin tener que bucear, pero la bajísima temperatura de ésta nos hizo desistir. Ni con la parte de abajo de neopreno que nos habíamos traído iba a ser suficiente. Tendríamos que volver otro día con los neoprenos al completo.



Vídeo grabado desde el punto donde tuve que dejar el móvil para evitar mojarlo.

Así pues, con una idea clara de lo que nos ofrece esta cavidad, nos dimos la vuelta, recuperé mí móvil (que había dejado por el camino al empezar la zona donde hay más agua) y volvimos al exterior, no sin antes tener que luchar con la pequeña abertura de entrada a esta surgencia, como muestra el siguiente vídeo:



Yo mismo peleándome con la boca de la cavidad a la salida.

Dejo por aquí la topografía, para que os hagáis una idea de lo poco que recorrimos en esta ocasión y de lo que están explorando aún los buceadores del GAEM:



Topografía de esta cavidad. Aún sigue en exploración.
Nosotros nos quedamos en el S-1, ahora convertido en bóveda sifonante.


Aprovecho y dejo por aquí este enlace: http://www.espeleogaem.org/canaleta/canaleta.html  donde podéis ver la crónica de las exploraciones del grupo GAEM en esta cavidad, con ayuda de nuestros compañeros de la Asociación Espeleológica Conquense Lobetum.

Y, por supuesto, volveremos con neoprenos para ahondar aún más en esta curiosa cavidad de nuestra provincia. Por aquí veréis nuestros avances.

De momento, y para terminar, dejo el enlace al vídeo que he subido a YouTube sobre esta cavidad, sobre la que no había ninguna referencia anterior: https://youtu.be/ZzaqEnwmBTI


¡Hasta la próxima!

martes, 14 de mayo de 2019

Cueva del Boquerón de Valdecabras

Después de un parón de casi un mes en el blog  volvemos con una de cuevas, rescatada del archivo. No he hecho grandes rutas ni he transitado parajes destacados últimamente… aunque tengo pendiente subir una entrada del descenso del barranco de Portilla que hicimos, por segunda vez, hace un par de semanas y del que tiene las fotos otra persona… pero para desengrasar el blog esta entrada valdrá.

Vamos a viajar en el tiempo hasta noviembre de 2017, cuando me adentré con (¡cómo no!) Hermano Errante en la Cueva del Boquerón de Valdecabras. Y, esto de resaltar que es de Valdecabras, viene a que también hay una Cueva llamada del Boquerón en el ‘ensanche de Buenache’, cerca del albergue de la Fuente de las Tablas, pero esa es otra historia (la tengo pendiente, pero habrá una entrada en el futuro de esa cueva también).

Vamos con lo que vamos. El Boquerón de Valdecabras se trata de una cueva activa, por la que aflora un buen caudal de agua durante las épocas de lluvias y que, por tanto, hay que visitar durante el estiaje. Cuenta con un desarrollo aproximado de 600 metros que se recorren por una galería principal de sección baja, con dos ramales que salen en el primer tercio del recorrido. En esta cueva, te tiras arrastrándote encorvado por un tubo con una altura media de un metro y medio, o algo más, durante un buen rato… pero merece la pena, ya que aquí se guarda un secreto que no se da mucho por estas tierras…

Ahí está la topografía, sacada del libro 'Avance al Catálogo de Cavidades de Cuenca' de 1991. Topografía del Grupo ONZA.

Vamos a ubicarnos, primeramente. Estamos a unos 3 kilómetros al norte de la población de Valdecabras, en el fondo del valle labrado por el río del mismo nombre, pero en un ramal de dicho valle, donde discurre el agua de la fuente de la Canaleja.

La entrada está un poco elevada sobre el fondo del valle, por lo que hay que realizar una pequeña trepada para entrar. Estas fotos son de hace tiempo, y Hermano Errante y yo íbamos aún con monos de tela, aunque hay que decir que, en esta cavidad, al andar en cuclillas todo el rato, se hace un esfuerzo considerable y con estos monos se transpira mejor que con los buenos que tenemos ahora.

Esta cueva no presenta dificultades, salvo algunas partes donde el agua, por mucho que lo evites, se te mete en las botas... pero bueno, que es una cueva fácil que puede hacer cualquiera, eso sí, en época de sequía.

Pues bien, pasamos, y al poco encontramos algunos gours con agua. Hago alguna foto a Hermano Errante, como las siguientes:


Hermano Errante junto con los pies en uno de los gours. Los gours son las paredes de calcita que tapan los pies de Hermano Errante en esta fotografía, y que atrapan el agua en época de crecidas, formando balsas.
Haciendo pruebas con otra iluminación.
Seguimos avanzando. Vean aquí la escasa altura que tiene la galería, casi igual en todo su recorrido.

También Hermano Errante me hace alguna foto a mí en una zona sin agua…

Mirando las pequeñas estalactitas de esta parte de la galería principal.

"¡Pues no se está tan mal aquí, oye!. Ya he pillado la postura..."

Avanzamos un poco más y pronto nos encontramos con la sorpresa que guarda esta pequeña cavidad: estalactitas excéntricas.

En nuestra provincia hay algunas cavidades con estalactitas de este tipo, si bien no es muy frecuente que las haya. Según leí, las estalactitas excéntricas de calcita (como éstas, ya que las de yeso tienen un proceso de formación totalmente distinto) se forman generalmente cuando al depositarse la calcita diluida en una gota que corre por el techo, una pequeña corriente de aire mueve esa pequeña costra de mineral disuelto y hace que la estalactita crezca cambiando el sentido en base a la fuerza y dirección de la corriente de aire. Si bien, dicha corriente es imperceptible, es posible que hace milenios la cueva tuviese una conexión con el exterior en una parte más alta de la montaña y hubiese una circulación de aire mayor, que dio lugar a la formación de éstas frágiles bellezas pétreas.

A la derecha, arriba, se ve una excéntrica, con algunas más pequeñas cerca.

Detalle de las estalactitas excéntricas. Pequeñas maravillas.

Aquí hay algunas estalactitas más grandes:

Hermano Errante en otra parte de esta cueva.

Y más excéntricas, blancas, de calcita pura:

¡Más excéntricas!

Y pequeñas columnas. 
Y estalactitas blancas, limpias y puras en constante crecimiento.


Seguimos avanzando y Hermano Errante se escurre como una comadreja por todos los rincones intentando ver si esas gateras laterales llevan a alguna sala de mayor altura, pero nada…

Aquí lo que había eran grandes estalagmitas. Lo que se ve a la izquierda son las botas de Hermano Errante, que forcejeaba con una gatera, aunque sabíamos que no llevaba a ninguna parte...

Aquí lo pillé saliendo de ese recoveco estrecho e infernal:

Hermano Errante haciendo un poco la comadreja.

Aquí las galerías son algo más anchas, pero siguen sin permitirte andar erguido. Se nota claramente la obra de excavación que el agua ha ido dejando en la roca a lo largo de milenios.

Galería principal, ya casi llegando al sifón.

Otra parte de la galería. Aquí todo araña, pincha y corta.

Y, últimamente, llegamos al sifón final, al fondo de la galería principal de esta cueva que tanto cansa recorrer. Este sifón es impenetrable, y cuando llegamos tenía algo de calcita en suspensión sobre el agua, que se aprecia en la siguiente imagen:

Sifón final de la galería principal de esta cueva del Boquerón de Valdecabras.

Una vez llegados al sifón, un pequeño descanso, y vuelta hacia la salida andando como un gorila y ya con las piernas, los riñones y el cuello hechos polvo, pero contentos. Misión cumplida.

Con esta entrada un poco ‘exprés’ le he quitado las telarañas al blog. A ver si ahora salgo más al monte y recopilo más material para futuras entradas, que no duden que las habrá pronto…

¡Hasta la vista!

jueves, 4 de abril de 2019

Cueva de Royo Malo – Primera parte: Sector A hasta el sifón Es Alar



Vamos con otra de cuevas, y es que últimamente estamos a tope bajando al subsuelo…


Boca de entrada a la Cueva de Royo Malo

Esta vez, vamos con una a la que le teníamos ganas, pero que habíamos ido dejando pendiente, más que nada debido a lo que nos habían contado sobre la dureza del avance por esta cavidad. Sí que es cansada, sobre todo para portear la saca… pero no tanto como nos habían hecho creer. Vamos con los antecedentes…

Esta cueva de Royo Malo se haya enclavada en el llamado Barranco Malo (de ahí el nombre poco acogedor que tiene) que queda a la izquierda poco después de pasar la zona recreativa de la Fuente del Cayo, a orillas del río Escabas entre las localidades de Fuertescusa y Poyatos (cerca ya del cruce de este último municipio). Según el gran libro “Cuevas de España” del gran Carlos Puch, hay noticias, no confirmadas, de que las primeras exploraciones en esta cavidad fueron llevadas a cabo por grupos espeleológicos de Madrid allá por el año 1.969, y que en 1.972 el Grupo Espeleológico Esalar de Priego cogió el relevo, haciendo una primera topografía. Un par de años después el prestigioso grupo espeleológico madrileño SEII (Sección Espeleológica de Ingenieros Industriales) re-emprende el trabajo de topografía de la cueva, dando con un desarrollo en el año 1.979 de 2.767 metros de recorrido subterráneo. La última topografía, retocada por el Grupo Viana, le otorga un desarrollo total de 3.050 metros (si no me equivoco, es la quinta con más desarrollo de la provincia).
Esta cueva actúa como surgencia temporal de aguas, que van a parar al río Escabas. Vamos que, cuando llueve mucho, la cueva se llena hasta ‘reventar’ y comienza a drenar su agua al Barranco Malo.

El día que fuimos, lloviznaba, y eso hizo que acortásemos el recorrido planeado y nos contentásemos con recorrer todo el Sector A, hasta el sifón Es Alar, y dejar el resto para otra ocasión. Este sector es el eje vertebral en torno al que se desarrolló el resto de la cavidad.

Pues bien, el domingo pasado Hermano Errante y yo, estábamos ya en la boca de la cueva sobre las 10. El día estaba lluvioso, lo que nos hacía desconfiar… quizá algún paso sifonante tuviese demasiada agua y no podríamos avanzar… bueno, no pensemos en eso. Ya estamos aquí, una foto en la boca de la cueva, y al lío


De buen rollo a Royo Malo.


Con una sola saca (con comida, bastante agua, una brújula, una manta térmica, un mechero, una vela y reflectantes) nos fuimos para adentro, alternándonos para llevarla uno cada rato. En esta cueva es una verdadera tortura llevar la saca. Es el demonio de los espeleólogos. Es necesaria, pero llevarla por sitios estrechos y de techos bajos, como es el principio de esta cueva, se convierte en un auténtico martirio. Si te la pones en los hombros se engancha en el techo, si la llevas en la mano se te cansan los hombros. A la salida, ya vas lanzándola y dándole patadas. Maldiciéndola constantemente.

Al principio, cuando llevas avanzados unos 30 metros, a la izquierda sale una galería que lleva a el Sector C, y es que aquí hay que tener cuidado, pues es una cavidad bastante laberíntica. Consta de 4 sectores: el A con 800 metros de recorrido (el que hicimos en esta ocasión), el B con 630 metros, el C con 655 metros y el D con unos 700 metros de recorrido (datos del Grupo Espeleológico Viana de Guadalajara). Nosotros íbamos con la idea de hacer el Sector A, y si nos veíamos bien, el B también.

Os dejo un pequeño vídeo de Hermano Errante porteando la dichosa saca en los primeros pasos de esta cueva:


Hermano Errante porteando la saca. Entrando en el sifón temporal, con el techo bajo e incómodo de vadear


En el final de este vídeo ya se ve agua. Como decíamos, esta cueva actúa como surgencia de aguas, así que, cuando llueve mucho, esa zona se convierte en un sifón temporal. Es decir, un paso susceptible de convertirse en un sifón si el nivel de agua sube, ya que está por debajo del nivel de la galería principal. Si llueve mucho, se llena el conducto de agua, haciendo posible su paso únicamente mediante equipo de buceo especial para cuevas. Temíamos que estuviese alto, pero no había problema en pasarlo. Salvo por lo típico… que, hagas lo que hagas, se te llenan las botas de agua. Siempre. Da igual el cuidado que pongas. Es ley universal.

Tras este sifón temporal, seguimos por un corto tramo seco al que sigue otra zona con agua. Afortunadamente, este pequeño lago se puede evitar pasando por un tubo de presión (una pequeña galería circular con las paredes bastante lisas, erosionada por agua saliendo a presión durante las crecidas) que aparece en un lateral de la galería principal y te deja al final de esta zona de agua. Aunque, intentar esquivar el agua es difícil… una muestra


Hermano Errante saliendo del tubo de presión de nuevo a la galería principal.


Después de esto, van saliendo galerías a mano derecha que conectan con el Sector D. Donde lo creemos conveniente, colocamos un reflectante para no confundirnos a la salida. A la vuelta, por supuesto, los retiramos.

Avanzamos, aproximándonos ya a la Sala del Barco, cuyo acceso se hace por una gatera estrecha llena de bloques por el suelo. Hermano Errante me grabó saliendo de esa gatera para acceder a esta Sala del Barco, que es la más grande de la Cueva de Royo Malo (ver aclaración al final de la crónica, el último párrafo).


Gatera estrecha entre bloques. Muy incómoda de pasar, por cierto.


Cartel plastificado en la Sala del Barco. De todos modos, hay cosas que no habría ni que tener que recordar a la gente...
Esta sala tiene la sección semejante a una campana con un agujero en el techo del que cae agua constantemente. Se accede desde una zona más baja, se asciende por una zona de bloques y el techo hace como una bóveda alta. Para salir tienes que descender por el otro extremo a un paso estrecho parecido al de entrada. Este paso conduce a una zona llamada Lo Peor…


Bajando por el otro extremo de la Sala del Barco hacia Lo Peor.


Y Lo Peor, en verdad no es tan malo. Es una zona de techo bajo con bloques desprendidos del techo. Aún nos queda el Laminador del Parto… cuyo nombre avanza los esfuerzos que hay que hacer para pasarlo…

Después de Lo Peor, una zona cómoda llamada el Descanso que nos lleva a continuación mediante una gatera estrecha y sinuosa en leve ascenso entre bloques al a Sala de las Dolinas. Según el reloj, hemos tardado 45 minutos en llegar aquí. ¡No va nada mal!

Esta sala tiene la peculiaridad de tener dos grandes dolinas excavadas en la arcilla. Una dolina es una depresión cerrada, más o menos redondeada y de anchura generalmente superior a su profundidad. Aquí, hay un goteo constante del techo, que ha excavado dos enormes embudos en la arcilla. Dejo un vídeo de muestra, aunque el vaho hace que la muestra se vea algo borrosa…


Sala de las Dolinas.


Ahora venía lo bueno. Nos esperaba el Laminador del Parto. Aquí, el paso es tan bajo que hay que franquearlo sin el casco. Tienes que quitártelo y pasarlo por delante de ti en la mano, mientras reptas por una grieta en la que sientes la presión de la roca en tu pecho y espalda al mismo tiempo. Es interesante… jajaja.

Bueno, en verdad, por lo que nos habían contado lo habíamos imaginado más angustioso, pero nuestros 1,83 y 1,79 metros de estatura (Hermano Errante es el alto) no tuvieron problemas en este punto. Al contrario, nos dio ánimos el pasarlo tan sueltos (aunque tengo que reconocer que yo me hice daño en una costilla al apoyarla sobre una piedra del suelo que no tuve la precaución de quitar antes…). El suelo aquí es bastante liso y arenoso, y eso ayuda mucho.

Tras pasar grabé este vídeo, pero ya desde la pequeña sala que hay al otro lado…


Pequeño respiro tras el paso del Laminador del Parto, a la ida hacia el sifón.

A la vuelta, sí que grabé este otro vídeo de Hermano Errante gestionándose esta dificultad



Hermano Errante en el Laminador del Parto a la salida.


Tras el Laminador del Parto pasamos por el Salto del Caballo y llegamos al Rincón de las Excéntricas.

Hago esta foto a Hermano Errante


Hermano Errante posando ante unas de las pocas estalactitas que hay en este sector de la cueva.

Avanzamos un poco y… yo me quedo boquiabierto. La belleza de este rincón hace que merezca la pena el esfuerzo de llegar hasta aquí. Juzguen ustedes



Rincón de las Excéntricas, con formaciones muy pequeñas pero muy espectaculares y puras.


Y, seguimos para el sifón.

Después del Rincón de las Excéntricas a mano izquierda sale una galería colgada, a la que hay que trepar haciendo oposición con las piernas sobre el techo, y con la espalda arrastrando sobre arcilla. Aquí estamos haciendo trampas… a ver, estamos saliendo del Sector A de esta cueva y entrando temporalmente en el Sector B para esquivar una zona conflictiva: La Ratonera, zona con agua de sección estrecha que queríamos evitar. Por tanto subimos a esta galería colgada donde el suelo, tras salir de la arcilla de la rampa de entrada, era de arena fina.

Yo ya me había dado cuenta antes, pero ahora se confirmaba: éramos los primeros en volver a esta cueva desde después de las lluvias del año pasado. Todas las zonas de arena que habíamos recorrido hasta ahora no mostraban ni una sola huella de paso de gente y hasta este día en que decidimos ir, no había caído ni una gota en todo el invierno (y en verano poco) que hubiese hecho entrar en carga la cueva (llenarla de agua) y mover la arena, borrando las huellas anteriores. Si no fuese por las marcas de quemadura de carburo en algunas zonas de techo bajo y por las pintadas que indicaban los sectores, daba la impresión de estar descubriendo algo nuevo.

Tras pasar al sector B, había una gatera que no tenía nada que envidiar al Laminador del Parto, aunque la sección de este punto no viene reflejada en la topografía. Nos pilló de sorpresa. A la ida, sin problema, pero al salir me enganché un poco… pero vamos, son las cosas del directo, jajaja


Ahí ya iba en camino de encajarme. Debería haber salido más a la derecha de la foto.


Venga, ¡que esto está chupao!


Nada. No hay paso subterráneo que se le resista a los Hermanos Errantes.

Vimos ésta ‘pintada’ en una de las paredes, que es de los que hicieron la topografía final de la cueva allá por 1.979, el SEII madrileño. ¿Será original? ¿Lleva en esa arcilla desde el 79?



'Pintada' del SEII para marcar el inicio del Sector B de esta cavidad.
Ya estábamos cerca, pero la cosa ahora volvía a complicarse. En este punto la cueva cambia radicalmente su perfil. Se convierte en un meandro desfondado muy estrecho, donde tienes que progresar haciendo auténticas filigranas. Si bien es divertido, también es cierto que cansa bastante…

Aquí paré a grabar un vídeo con las piernas encajadas sobre el meandro, avanzando por la parte alta, que era de forma acampanada, ya que por abajo era muy estrecho e impracticable. Aquí tienes que avanzar palmo a palmo encajando como buenamente puedas tus brazos y piernas. No hay riesgo de caer al vacío, porque la grieta es muy estrecha en su base y no cabes, pero tampoco quieres resbalar y acabar encajado a media altura buscando la manera de subir a la zona ‘ancha’ otra vez…


Encajado, progresando en lo alto de un estrecho meandro desfondado. (¡Toma ya! ¡Me ha rimado!)


Tras este paso acrobático, ya se oía el agua correr. Eso, por supuesto, cuando estás bajo tierra, a 800 metros de las salida (una hora y pico reptando), en una cueva activa un día de lluvia, pues como que acojona. Habíamos llegado a donde queríamos, pero ahora nos preocupaba que el agua corriese por esa galería. El agua del sifón rebosaba y se precipitaba hacia la zona que habíamos evitado, la Ratonera. Por otra parte, en la topografía esta zona se llama Los Rápidos, por lo que finalmente nos tranquilizó un poco pensar que eso sí era normal. Pero aun así, no sabíamos lo que llovía afuera y eso nos preocupaba.

Por la topografía también, sabíamos que el agua se pierde en la Sala de la Purga, que también nos habíamos saltado al evitar La Ratonera. No sabíamos si era normal ese caudal, que aunque no parecía muy alto ni tenía el agua turbia.



Vídeo del sifón Es Alar y la zona de los Rápidos.


Este sifón fue buceado por miembros el grupo GAEM, y dicen en su crónica que a los 14 metros salieron a la superficie encontrándose un estrecho laminador ascendente con dos ramales que a los 2 metros se ciegan. En el suelo encontraron una grieta que parecía ensancharse a los 5 metros, pero desistieron de seguir por la baja visibilidad del agua en aquella ocasión.

Así que, misión cumplida, en parte. Queríamos ver, ya que estábamos aquí, el Sector B de esta cueva que llega a la zona más alejada de la boca de entrada, en la llamada Sala de los Mocos, pero la prudencia nos decía que volviésemos. La cueva va a seguir ahí mucho, mucho tiempo, y la meteorología nos decía que era mejor, ya sabiendo cómo se progresaba y los pasos que tenía, dejarla para volver más tranquilamente en verano y dar una vuelta por sus demás salas curiosas, como la Sala de la Colada, la Sala de la Cascada, el Baño, la Sala del Derrumbe, la Galería del Aragonito (como la de la Cueva de la Solana), Copacabana, la Risa Tonta… etc.

Esta es la primera parte, pero tengan seguro que volveremos para seguir recorriendo las laberínticas galerías de esta gran Cueva de Royo Malo.

Dejo la topografía, para que se hagan una idea de lo que supone enfrentarse a este reino subterráneo de la oscuridad y el agua.


Nuestro recorrido del Sector A hasta el sifón marcado en rojo sobre la topografía del Grupo Viana (pulsar para ampliar)


Conclusión: si entras a Royo Malo, de buen rollo, al final se deja hacer.

Dejo por aquí, ya para despedirme, el enlace al vídeo de este Sector A de la Cueva de Royo Malo que he subido al Tubo, con las imágenes de esta crónica, y alguna más que no he puesto por aquí. En este vídeo sí que están colocados los cortes en orden cronológico, y hay una errata (en esta crónica la he mantenido, por no cambiar el vídeo… ea). En el vídeo donde pone que es la gatera de acceso a la Sala del Barco, en realidad se trata de la gatera de acceso a la Sala de las Dolinas, más adelante. Mea culpa. Perdonen la confusión.


¡Hasta la vista!

martes, 12 de febrero de 2019

Paliza al cuerpo en la Cueva de la Solana (Valdecabras, Cuenca)


Esta vez, os voy a dejar el enlace al vídeo que he subido a Youtube (aquí no me deja porque 'pesa' demasiado), antes de daros la brasa con la crónica de la entrada. Y si veis que os interesa el rollo, pues o entrenéis en leerla... ¿no? (aunque, yo lo recomiendo, para entender también mejor el vídeo...)

Ésta va de cuevas.


Dejo también por aquí la topografía para que os hagáis una idea de lo que supone meterse ahí...

Topografía del Grupo Espeleológico Conquense Lobetum. (Pulsar la imagen para ampliar)
En rojo he marcado la ruta desde la boca de la cueva hasta el sifón, y en amarillo la ruta
que parte del Caracol a la zona de la Galería del Aragonito, hasta el lugar donde llegamos.

Volvemos al subsuelo de la serranía. Ahora, cerca de Cuenca capital. Vamos con los antecedentes:
Hermano Errante y yo, lo teníamos claro. Lo llevábamos postergando ya mucho tiempo, pero ambos sabíamos que nos teníamos que enfrentar a este reto y, unos días antes de hacerlo tuvimos la siguiente conversación:

-          Hermano Errante: Bueno, ¿qué? ¿Hacemos espeleo este domingo que viene? Tenemos pendiente aún Royo Malo…

-          Yo: Vale, pero con la lluvia que cayó el otro día… no sé cómo estará la Cueva de Royo Malo… de hecho, vi una publicación en Instagram de la semana pasada y aún había agua en la boca.

-          Hermano Errante: Entonces… ¿a cuál vamos?

A esta pregunta siguió un silencio de unos segundos, tras el cual nos miramos al mismo tiempo y, nos comprendimos a la perfección (por algo somos hermanos). No hizo falta mencionar la elección, pues ambos pensábamos en la misma cueva. Tocaba sufrir. Tocaba ir a donde habíamos evitado ir hasta ahora. Tocaba meterse en la infernal Cueva de la Solana.

La habíamos evitado hasta entonces, por varios motivos: su longitud, sus características y lo que nos había contado Padre Errante y la gente del grupo espeleológico Lobetum, del cual formamos parte.
La longitud de esta cavidad, la convierte en la tercera más larga de la provincia, con un total topografiado de 5.264 metros. Se empezó a explorar allá por 1964 (donde ya se conocía gran parte de su desarrollo) y ya en 1974 se tenía una primera topografía (del Grupo Espeleológico Minas de Madrid) que convertía a esta cavidad en la 7ª con más desarrollo de toda Europa. Más tarde se descubrirían grandes sistemas subterráneos que dejarían a esta cueva muy relegada en ese ránking.

En cuanto a sus características, lo que nos habían dicho, y confirmamos con esta visita, es que en los primeros 900 metros no hay donde ponerse de pie. El techo de la galería principal hasta ‘El Caracol’ es bajo y no permite más que gatear o reptar, lo que hace que sea imprescindible llevar rodilleras… además de que el suelo, donde no es de arena, es de roca con bordes cortantes y picos que acaban pinchándote por todo el cuerpo (yo salí con una tibia sangrando y una puñalada, que me dio el techo, en el omoplato izquierdo).

Otra característica de esta cueva es que presenta una zona laberíntica en la que no es nada difícil perderse, y se hace necesario llevar reflectantes para colocarlos en los pasos confusos para que nos ayuden al salir, aunque es verdad que, con tantos visitantes como ha tenido en todo este tiempo, está bastante bien marcada con flechas que indican la salida. Por nuestra parte no tuvimos ninguna pérdida, ya que Hermano Errante iba consultando la topografía y anotando los tiempos que tardábamos en llegar a cada zona para saber exactamente dónde estábamos y hacia dónde debíamos ir en cada momento. También nos llevamos señales reflectantes (placas de metal con adhesivo de color reflectante fabricados por Hermano Errante), una brújula para poder orientar la topografía y leerla correctamente, y la inestimable descripción de algunos miembros del grupo espeleológico conquense Lobetum, que fueron los que hicieron la topografía definitiva de esta cueva. Se la conocen al dedillo, ya que tuvieron que meterse en ella nada menos que 13 veces (de las cuales Padre Errante participó en 9) hasta completar la topografía (el plano, vamos) de sus más de 5 kilómetros de infernales galerías.

Por lo expuesto anteriormente es por lo que habíamos ido postergando la entrada a esta cueva: poco recomendable para ver cosas bonitas y mucho para sufrir. Dice Padre Errante que, entre una incursión para topografiar y otra, tenían que dejar pasar al menos una semana para calmar los dolores provocados por las 8 horas de la sesión anterior, antes de poder volver a meterse… y es cierto. Sales de allí destrozado, agotado, dolorido y perjurando que no volverás nunca jamás. Es una gran paliza. Solo para masoquistas.

Esta cueva es totalmente fósil (no hay cursos de agua ni espeleotemas en su interior), aunque hay crónicas que dicen que en los años 40 hubo una época de grandes lluvias en que salía un río de la boca de la cueva. Alterna zonas de suelo arenoso (zonas bajas de la cueva) con otras de suelo calizo deformado por la erosión del agua y con bordes cortantes y pinchos por todas partes (en las zonas de bajada de aguas), aunque la cueva es bastante llana ya que no hay apenas variación de altura con respecto a la boca de entrada.

La boca se abre justo junto a la carretera que sube a la Ciudad Encantada, frente al pueblo de Valdecabras. Durante las obras de reacondicionamiento de dicha carretera casi tapan la boca de acceso, por lo que la gente del grupo Lobetum hizo un muro evitando que la cegasen de arena, y dejando el hueco justo para pasar. Tras esta entrada ya se augura lo que nos vamos a encontrar: suelo bajo (un metro o metro y pico de altura media) y ninguna formación curiosa.
Tras avanzar unos 10 minutos, nos plantamos en la Sala del Jamón. Es una pequeña sala que hace como una burbuja en la monótona galería principal. No es lo suficientemente alta como para ponerse en pie, pero es un respiro comparado con lo que nos encontramos antes y después. En ella hay una roca colgada con una cinta, como si fuese el hueso de un jamón terminado. De ahí el nombre de la sala.

Después de esto, más monotonía de arrastrarse y gatear. Así hasta llegar al Teléfono, donde debíamos ir por el ramal de la derecha, ya que el de la izquierda, aunque se junta más adelante con éste, es más duro para avanzar. Aun así, es bastante duro aun con rodilleras… pues el suelo es tremendamente irregular y no es fácil encontrar apoyos. Padre Errante dice que hace años había un teléfono (sería un genéfono, que es un teléfono autónomo para ser empleado donde no hay electricidad) en este punto. Lo habían instalado los primeros exploradores de esta cavidad, allá por los 70. Ahora no había nada. En llegar al Teléfono tardamos 47 minutos desde la boca y a su salida colocamos un reflectante para coger el mismo camino a la vuelta.

Después del Teléfono, que es bastante estrecho, la sección se abre un poco hasta llegar a La Ese, unos 10 minutos después de haber pasado el Teléfono, que se encuentra a unos 75 metros de distancia. Haciendo un cálculo sencillo se puede ver que se avanzan unos 7 metros y medio por minuto en esta sección de la cueva, que no es de las peores... para hacerse una idea de lo duro y cansado que se hace meterse aquí.

Después de La Ese, más terreno monótono, pero ya encontrando algunas gateras laterales que por lo estrecho e intrincado de su sección no invitaban a intentar meterse por ellas. Más adelante empiezan a salir gateras más grandes, pero que no invitan tampoco a intentar siquiera entrar. Llegamos así, 300 metros más delante de La Ese (que cubrimos en 32 minutos desde allí. En 1 hora y media desde la boca) al Fetén, que Padre Errante nos contó que se llamaba así porque, cuando estuvieron haciendo la topografía encontraron allí un paquete de tabaco vacío de la marca “Fetén” que habían dejado allí los primeros exploradores.

El Fetén tiene unos 100 metros y en su estrecha parte final conecta con el Caracol, que es el paso clave de esta cueva, pues de aquí ya parten diversas galerías hacia la zona laberíntica de la cueva de la Solana. Es el centro neurálgico.

En llegar al Caracol hemos empleado 1 hora y 39 minutos desde la entrada, avanzando a un buen ritmo, pero el desgaste a se va notando. El Caracol, se llama así porque hace un poco como una escalera de caracol. Me explico: llegas de la estrecha zona final del Fetén y parece que la galería se acaba, pero gira bruscamente 180º hacia la derecha, y cuando haces la curva te encuentras en una pequeña salita donde convergen dos galerías y una ventana a una galería colgada. Hacemos una parada, nos comemos unas barritas energéticas, reponemos agua, nos orientamos con la topografía y la brújula y nos encaminamos primeramente hacia el sifón. Más tarde tendremos que volver a este sitio para coger la otra galería que parte de aquí y se dirige a la Galería del Aragonito y el Oasis, que es la zona más alejada de la boca de la cueva. En el Caracol dejamos otro reflectante para guiarnos a la vuelta.

Al rato estábamos en la Sala de la Arena, desde donde parten más galerías hacia zonas laberínticas. Esta sala, evidentemente se llama así porque está cubierta de arena, pero permite ponerse de pie y estirar los músculos de la espalda y el cuello, castigados ya de tanto arrastrarse. De esta sala también parte una galería que conecta con el Laberinto, pero nosotros íbamos hacia el sifón. Aquí dejamos la saca que portábamos y cogimos solamente agua para llevar en otra pequeña mochila que se porteaba mucho mejor, al ser más pequeña. Desde la sala de la Arena la galería que nos lleva al sifón es alta, y se puede caminar por ella un tramo, pero después el techo va bajando de nuevo hasta hacer que la galería sea un laminador (muy ancho, pero con muy poca altura) por el que vamos reptando sobre dunas de arena. Este tramo de unos 300 metros lo recorrimos en 25 minutos, y así llegamos al sifón.
Llevábamos ya 2 horas y 28 minutos arrastrándonos bajo la montaña y ahora ante nosotros había un pequeño lago de quietas aguas turquesas. A la derecha, una chapa con un hilo de Ariadna colocado allí cuando se exploró el sifón que, por otra parte, se ciega y no hace continuar la cueva.

Breve descanso y vuelta a la Sala de la Arena. De ahí al Caracol llevando ya 3 horas y 19 minutos dentro de la cueva. En el Caracol dejamos nuevamente la saca grande y con la comida y el agua en la mochila pequeña, cogemos la galería que nos llevará hacia El Aragonito, que también queríamos ver en esta entrada. Salimos del Caracol y, esto ya no es como la zona de la que venimos de ver el sifón. Aquí no hay arena. Hay que gatear y arrastrarse sobre roca dura, de nuevo por una galería estrecha y de techo bajo. Llegamos hasta un cruce que creíamos que nos podría presentar alguna dificultad o confusión al salir, pero ‘in situ’ lo vimos bastante claro, y no pusimos reflectante. Un poco más adelante y llevando ya 4 horas y 2 minutos de recorrido, paramos 20 minutos a comer y reponer energías, que ya estaban bajo mínimos.

Cuando empezábamos a quedarnos fríos de estar parados, continuamos. Ya estábamos prácticamente en la Galería del Aragonito, llamada así por las formaciones cristalinas de mineral de carbonato de calcio que aflora en esta zona. Esta Galería del Aragonito avanza en sentido a la entrada, corriendo paralela a la galería principal, pero alejada de ella. En esta zona también se puede ir de pie, con concreciones a los lados de la galería y brillos de aragonito que destellan por todas partes al mover nuestras linternas frontales.

En este punto, al ver que se avanzaba rápido, nos vinimos arriba y seguimos hacia adelante a ver si llegábamos hasta el Oasis, pero ya estábamos muy cansados y cuando la sección de la cueva se volvió nuevamente estrecha y dura, nos paramos para dar media vuelta e ir hacia la salida. En llegar a este punto empleamos un total de 4 horas y 22 minutos (4 horas y 44 minutos contando también el tiempo de comida). Estábamos a la altura de la trigésima gatera lateral que sale (están numeradas con pintura verde). No llegamos finalmente al Oasis. Desde aquí aún nos quedaban aún más de dos horas hasta volver a ver la luz del sol. Más de dos horas, en las que ya las fuerzas no iban más que justas para abrirse camino entre la oscuridad a un ritmo mucho más lento que el que llevábamos a la entrada.

Nos pareció muy raro algo en esta zona... aquí, por la Galería del Aragonito, encontramos 3 murciélagos hibernando. Tan lejos de la boca de la cueva es extraño, pues no se adentran hasta tan profundo. Sabemos que en esta zona, y por la zona de la Sala de la Arena se está muy cerca de la calle. De hecho, los de Lobetum encontraron una cueva en un vallejo cercano a Valdecabras, que tiene la misma sección que esa parte de la Cueva de la Solana y que corre en la misma dirección, así que, seguramente antaño conectase y hubiese ahí una nueva boca para esta cavidad… pero se encuentra cegada. Picaron, pero con consiguieron desobstruir lo suficiente. Esos murciélagos que vimos debían haber entrado por algún hueco o alguna de las gateras laterales que nos encontrábamos, que son intransitables para nosotros.

Ya estaba bien hasta ahí. Nos dimos media vuelta en este punto.

Volvimos recogiendo los reflectantes que habíamos dejado (incluso aprovechamos y recogimos basura que algún desconsiderado había dejado cerca de la zona del Caracol para sacarla al exterior) y en un total de 6 horas y 48 minutos nos habíamos enfrentado al infernal recorrido de la Cueva de la Solana, saliendo completamente agotados y doloridos, pero con una sonrisa estúpida dibujada en la cara.

Y, eso es todo por esta entrada. Echadle un ojo al vídeo y, si vais a meteros ahí, hacedlo con cabeza y con alguien que conozca el lugar. No es fácil de recorrer y no hay que olvidar llevar abundante agua, reflectantes y rodilleras.

¡Hasta la próxima lectores errantes!