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miércoles, 28 de noviembre de 2018

Barranquismo en Cantabria - Garganta del Calera

Hoy vamos con una de barranquismo en seco, fuera de nuestra provincia de Cuenca.

Vamos a mostrar algunos rápeles de la Garganta del Calera en su tramo inferior, en el municipio de Ramales de la Victoria (Cantabria) el cual descendí junto a Hermano Errante este verano pasado.

Nuestra intención, en un principio, era la de descender los dos barrancos que se encuentran en las inmediaciones del desfiladero de la Hermida, éstos son: barranco de Navedo y barranco de Cicera, que son muy acuáticos y en un entrono realmente espectacular, pero finalmente tuvimos que abandonar ese plan principal, dado que la carretera que une Potes con la Hermida, por donde teníamos que pasar, se encontraba cortada por obras; y dar un rodeo de tropecientos kilómetros no nos pareció una opción interesante... de modo que nos desplazamos desde Potes hasta Ramales de la Victoria, donde esos días aprovecharíamos también para hacer unas cuantas cuevas, que ya os mostré en entradas anteriores que formaban una trilogía de espeleología en Cantabria. Aquí las tenéis, por si queréis recordarlas: parte 1, parte 2 y parte 3.

Pues bien, este descenso se inicia en las inmediaciones de la Pared del Eco, un muro calcáreo impresionante de unos 250 metros de altura, que se encuentra a poco menos de 3 kilómetros al sur de Ramales de la Victoria en la carretera que une esta población con la de Lanestosa. Aquí el Río Calera, que hace de frontera entre el cántabro Valle de Soba y el vizcaíno Valle de Karrantza, suele llevar el agua subterránea, trayendo caudal solamente en época de fuertes lluvias. Y, menos mal...

A este barranco, buscando información por la red, lo definen como un descenso fácil, e incluso en alguna página de deportes de aventura dice que hacen 'descensos de iniciación' en este entorno. Y, que le pregunten a Hermano Errante, si nos pareció de iniciación o un sitio donde un pequeño error te puede costar caro...

Debe ser que no estamos acostumbrados a los barrancos del norte, pero la verdad es que no nos pareció muy adecuado para la iniciación en esto del barranquismo, y eso que iba totalmente seco... in situ, juzgamos que con un buen caudal de agua debía ser una locura suicida meterse en este descenso.

Hay que señalar que la instalación en las cabeceras de los rápeles, fijadas con químicos, están en bastante buen estado, aunque en algunos puntos es algo insuficiente (en uno de los rápeles más altos era bastante delicado subirse a montar la cuerda en la cabecera). Lo que deja mucho que desear en este lugar es la limpieza. El cauce por el que transcurre el descenso está lleno de deshechos provenientes de los pueblos que se encuentran más arriba, y es una pena que un lugar tan agreste y bonito esté tan lleno de desperdicios, plásticos, ruedas, cubos, botellas, latas y demás.

Y ya, sin más dilación, vamos con algunas fotos y un pequeño vídeo-resumen de este descenso, bonito pero delicado, y con muchos puntos donde la roca resbalaba como hielo y había que destrepar buscándose las mañas como fuese.

Mirada atrás después de haber pasado bajo el puente por el que cruza la carretera que nos lleva hasta este barranco.
Esta primera zona está encajonada y es bastante estética, pero no cuenta con rápeles hasta un poco más adelante.

En este primer sector nos metemos en el barranco y avanzamos pegando patinazos entre grandes bloques desprendidos primero, y luego por un tramo más encajonado y con pequeñas pozas que tenían algo de agua. No había rápeles, pero sí un par de destrepes delicados. Esta zona es muy oscura por lo cerrado del barranco y la exuberancia de la vegetación que lo rodea.

Justo a la izquierda de la foto anterior, en esa misma pared, hay una curiosa cueva labrada en la roca. No llevábamos más luz que las de los móviles, pero nos adentramos para echar un vistazo. A pesar de que el cauce estaba seco, dentro había muchísima humedad y te hacía resbalar por todas partes. Al buscar información antes de meternos en el barranco, leímos que dicha cueva vuelve a conectar con el barranco más adelante, pero que si tomas este camino, te pierdes el rápel más alto y estético de este descenso... de modo que volvimos a salir al exterior por donde habíamos entrado y seguimos avanzando por el cauce.

Aquí nos encontramos con el primer rápel, de unos 8 metros y en una zona de roca muy, muy, muy resbaladiza.

Yo dispuesto a bajar por este primer rápel que habíamos montado con la cuerda en doble, para ahorrar tiempo en la recuperación de la cuerda y evitar que se enganchase en algún saliente.
Los rápeles no eran parecidos en nada a los de Cuenca, y nos movíamos con más cautela de la habitual.

Después de este primer rápel de 8 metros estaba la cabecera del 2º rápel, el cual era el más alto de todo el descenso, con 15 metros. Hermano Errante montó la instalación y bajé yo el primero.

Después de estos dos rápeles quedamos a los pies de la salida de la cueva que habíamos visto más arriba. A partir de este punto el barranco se abría y había más luz. Esta zona en la que nos adentrábamos ahora estaba salpicada de grandes bloques de piedra desprendidos por todas partes y tenía bastantes más destrepes resbaladizos que rápeles.

Hermano Errante tras salvar uno de los numerosos destrepes que jalonaban este segundo tramo del barranco.
También había rápeles, pero ya de menor envergadura.

En este punto tuve un problemilla y, tras estar a punto de arrancarme la camiseta, decidí terminar el descenso con ella guardada en la saca. Decir que, si llevas ropa holgada (como era mi caso) no es difícil que ésta se enganche entre la cuerda y el descensor ocho (que es un poco lo que me pasó a mí) y nos puede dejar bloqueados en algún punto comprometido... de modo que, opté por quitarme la camiseta que traía, tras sufrir dos pequeños enganchones, e hice el resto del barranco sin camiseta. ¡Suerte que no hacía nada de frío!

Ya sin camiseta. Creo que este era el tercer rápel del descenso, un R9 (es decir, un rápel de 9 metros)
Detalle de la instalación. Solemos bajar en simple y con el descensor empotrado en el anclaje de la cabecera del rápel, es decir, en simple desembragable con ocho empotrado. En caso de haber algún problema o quedar bloqueados en el descenso, el compañero que está en la cabecera puede soltar cuerda poco a poco y descolgarnos, o ajustar la cuerda a la base del rápel para que podamos seguir descendiendo. También probamos a hacer algún rápel con la cuerda en doble, pero lo más habitual es que bajemos con ésta técnica de ocho empotrado desembragable. El mosquetón naranja es el de la saca donde llevábamos la cuerda, la cual se debe anclar siempre a la reunión para evitar que se caiga y nos deje sin cuerdas para salir del cañón.

Esta zona estaba llena de bloques muy lavados que resbalaban muchísimo. Había también algunos puntos en donde nos volvíamos locos buscando instalaciones de cabecera que no estaban por ninguna parte, lo que nos obligaba a destrepar encajándonos entre grietas para procurar no resbalar y caer. En resumen, que este barranco se nos hizo bastante físico, aunque sin llegar a agotarnos.

Así seguimos avanzando hasta llegar al último rápel, una caída de 12 metros en un entorno donde el color verde intenso parecía querer engullir todo a su alrededor.

Hermano Errante preparándose para hacer el descenso del último rápel de este barranco.

Tras este rápel de 12 metros aún nos quedaba una larga sucesión de destrepes y de caminar por el cauce, hasta dar con un puente por donde la carretera sortea el Río Calera, y éste desemboca en el Río Gándara, marcando aquí el final de nuestro recorrido.

Creo que tardamos algo menos de 3 horas en completar este descenso que, a pesar de lo leído por ahí, donde se decía que era muy fácil, incluso de iniciación, a nosotros nos pareció peligroso, y donde tuvimos que ir con pies de plomo para evitar un resbalón que pudiera causar alguna lesión y el consiguiente problema para salir del barranco.

Además, yo sigo pensando que, meterse en este barranco con algo de caudal, debe de ser una locura de las grandes...

Antes de despedirme, os dejo un vídeo-resumen con los 3 o 4 vídeos que grabé a Hermano Errante mientras bajaba los primeros rápeles, y os dejo también por aquí el plano del lugar y el recorrido realizado.

Vídeo-resumen de este descenso del Calera en su tramo inferior.

¡Y, ahí va el plano!

Aquí he marcado el recorrido en amarillo, que iba en dirección noroeste. La salida desde el párking de Covalanas y final en el puente que hay justo antes de la unión del Río Calera con el Río Gándara. Desde ahí, había que recorrer 2 kilómetros de vuelta por la carretera hasta el párking donde habíamos aparcado.

Y nada... espero poder hacer algún día los barrancos de Navedo y Cicera, que se nos quedaron en el tintero... aunque, con el descenso del Calera inferior, nos quitamos el mono de barranquismo y nos enfrentamos a un cañón muy diferente a los que estamos acostumbrados por nuestra tierra.

¡Bueno lectores errantes, hasta la siguiente aventura!

jueves, 5 de julio de 2018

PARTE II: Trilogía de espeleología en Cantabria – Cuevamur en Ramales de la Victoria: la excéntrica

Vamos con la segunda entrega de la trilogía de espeleología en Cantabria.

La impresionante Pared del Eco es un enorme muro calcáreo de unos 250 metros de altura situado a poco menos de 2 kilómetros en línea recta al sureste de la población cántabra de Ramales de la Victoria. En esta espectacular pared hay una ‘escuela’ de escalada deportiva con 52 vías preparadas, pero nosotros no veníamos a escalar, sino a meternos dentro de la pared, literalmente. Nos fijamos en dos grandes aberturas a media altura en el inmenso muro, pero únicamente nos interesaba la primera de ellas: una gran boca de forma, más o menos cuadrada, de 15 metros de lado. Ésta es la puerta de entrada a un mundo subterráneo fascinante a la par que extraño. Teníamos la mirada puesta en la excéntrica Cuevamur.

La gran boca de Cuevamur vista desde la senda de aproximación, que se adentra en ella por el margen izquierdo de la Pared.
Mapa de la situación de Cuevamur (en rojo la boca de la cueva) y la aproximación hasta ella (en amarillo) desde el parking de la turística caverna de Covalanas, a escasos 3 kilómetros por carretera desde Ramales de la Victoria.
Habíamos leído que Cuevamur tiene de todo: largos pasamanos, laminadores, gateras estrechas, trepadas, descenso de pozos, grandes salas y un montón de espeleotemas de las formas más variadas (sobre todo estalactitas excéntricas). Aunque, lo que nos pareció más curioso a la hora de su elección para recorrerla, fue que habíamos leído que se podía hacer una travesía integral por toda ella mediante un recorrido circular visitando todos los pasos de esta cueva de 2,3 kilómetros de desarrollo total.

Nos informamos y, tras cerciorarnos de que no era necesario pedir ningún permiso para acceder a ella, nos plantamos con (casi) todo el material en la boca de entrada para intentar realizar ese recorrido circular completo.


Ya dentro de la boca de Cuevamur. A este primer pasaje de la cueva se le llama Galería de la Luz. Se puede observar una cuerda que atraviesa la boca de lado a lado por la parte alta, y es que aquí se hacen muchas prácticas de espeleosocorro.
En las paredes de la boca de esta cueva se puede observar también una increíble cantidad de spits (tacos metálicos encajados en agujeros practicados en la roca, con una rosca en su interior para fijar en ellos chapas atornilladas y poder anclar una cuerda) realizados para poder montar, mediante un sistema de cuerdas y poleas, la instalación que permita sacar a un herido en camilla por este sitio de complicado acceso. En 1999 se tuvo que rescatar a un espeleólogo madrileño de Cuevamur, ya que se había roto varios huesos, y quizá fuese entonces cuando se realizó toda esta instalación para rescates de emergencia.
Vídeo desde la Galería de la Luz, o boca de Cuevamur, cuando aún nos estábamos poniendo el equipo.

Tras recorrer la senda de aproximación y ponernos el equipo... me doy cuenta de mi grave error: se me había olvidado coger una botella grande de agua. Sólo llevábamos una de medio litro para los dos. A esto se unía que Hermano Errante había olvidado, a su vez, coger la comida que nos llevaríamos al interior de la cueva... parece ser que nos levantamos algo espesos aquel día, y esto impidió que nuestro plan llegara finalmente a buen término.

Ya con todos los cacharros puestos, subimos un poco más por dentro de la gran boca de la cueva que está en rampa y, a mano derecha, nos encontramos con la estrecha entrada a la oscuridad que, a juzgar por el marco metálico que la bordea, estuvo cerrada durante algún tiempo.

Entramos y lo primero que vemos es una rampa en bajada y una cuerda fija al frente, donde comienza el primer pasamanos para evitar la rampa. En la pared derecha hay clavada una placa que explica en varios idiomas que se está trabajando para acotar las zonas de la cueva especialmente delicadas por la gran concentración de formaciones, y que conmina al visitante a progresar por ese terreno acotado (mediante palitos de plástico clavados en el suelo y unidos mediante hilo de pescar) y evite así rozar los espectaculares espeleotemas que hay en los puntos bajos y estrechos.

Anclamos ambos cabos de seguridad a la cuerda fija del primer pasamanos y comenzamos a progresar pegados a la pared derecha de esta cueva, que salva un pozo de unos 13 metros que queda a nuestra izquierda. Esta progresión por el pasamanos se realiza siguiendo una especie de balcón más o menos plano mientras se sortean estalactitas y columnas.


Desanclando los cabos para anclarlos al siguiente fraccionamiento del largo pasamanos de entrada.
Este pasamanos bordea la Sala de los Termómetros, que queda debajo de nosotros. Tras sortear este primer obstáculo llegamos al llamado Paso del Cordino, donde hay que trepar unos 3 metros por una cuerda fija para llegar así al primer laminador.

Ajustando el 'puño' a la cuerda fija para superar el resalte de 3 metros.
En plena faena, subiendo el resalte.


A partir de aquí toca arrastrarse un poco. Estamos adentrándonos en un laminador (sección de una cueva donde la anchura del paso es muy superior a la altura de éste) de un 1 metro aproximadamente de alto y 2 o 3 metros de ancho, con unos 20 metros de longitud, que nos conduce a un balcón sobre la Gran Sima, que es la sala principal de Cuevamur, y donde se divide el camino para hacer el recorrido circular.

Debemos seguir por este balcón bordeando por la derecha la Gran Sima que tiene forma de embudo de paredes inclinadas (sin llegar a ser verticales, pero sí muy resbaladizas a causa del barro) de gran longitud. Ahora hay que descender un tramo de unos 8 metros por otra cuerda fija antes de seguir progresando por un segundo pasamanos.

Hermano Errante progresando por el 2º pasamanos de esta cueva que bordea la Gran Sima, sala principal de Cuevamur.
Alma Errante progresando por el 2º pasamanos que en algún tramo consta de dos cuerdas a diferentes alturas. Toda esta instalación estaba montada en fijo y re-equipada desde 2014.
 Al final del pasamanos nos encontramos con un tramo de éste bastante inclinado en subida, sobre un terreno muy resbaladizo. Aquí volvemos a enganchar el jumar (también llamado 'puño') a la cuerda para ascender, sin resbalar, hasta el borde superior de la rampa, donde debemos dejar montada una cuerda de 50 metros en la instalación de la cabecera (ésta era la única cuerda que debíamos montar nosotros, ya que el resto de las instalaciones están realizadas en fijo y re-equipadas con materiales nuevos desde el año 2014) y descender mediante ella la fuerte pendiente de la Gran Sima para buscar un paso al fondo de ésta y seguir el recorrido circular. Luego, al volver por este resalte sobre la Gran Sima, deberíamos desmontar nuestra cuerda y guardarla de nuevo.

Pero no fue eso lo que hicimos...

Dado que íbamos sin comida ni agua suficiente, no quisimos continuar con nuestro plan de hacer el recorrido circular completo. Hermano Errante usó el sentido común y dijo que él no se arriesgaba a pasar tanto tiempo bajo tierra sin suministros y, pese a que en un principio yo me negaba a cambiar el plan original, finalmente tuve que reconocer que el no llevar agua suficiente era algo que nos podía pasar factura. Así, decidimos no montar nuestra cuerda de 50 metros y lo que hicimos fue continuar por el camino por el que deberíamos haber vuelto a este punto tras recorrer el resto de la cueva.

Este camino comenzaba por un laminador que desembocaba primeramente en la baja Galería de los Guantes, que es de las de arrastrarse, pero llena de espeleotemas. Aquí comenzaban a verse por todas partes las estalactitas excéntricas y más extrañas formaciones que contiene esta cueva. Estas galerías superiores son las más concrecionadas.

Hermano Errante en la Galería de los Guantes.

Observando las concreciones en la Galería de los Guantes.
En este punto dejamos las sacas de material que portábamos para avanzar más rápidamente, ya que toda esta zona es de techo muy bajo y apenas hay sitios para ponerse de pie hasta que no se progresa un poco más.

Aquí Hermano Errante me inmortalizó inesperadamente mientras alucinaba con las formaciones.

Techos y suelos totalmente concrecionados.

Vídeo mostrando la gran cantidad de espeleotemas de esta parte de Cuevamur.

Después de arrastrarnos un rato, el techo de la cueva se volvía a alejar del suelo y podíamos ponernos de nuevo en pie. Nos estábamos acercando a la Sala de los Cristales, que fue el punto más lejano de la entrada al que llegamos, después de descartar la idea de hacer la travesía completa sin agua ni comida. Por aquí ya abundaban las formaciones excéntricas.
Vídeo grabado por Hermano Errante. Aquí ya se ve un buen número de estalactitas excéntricas.

Columnas, estalactitas, estalagmitas, excéntricas... ¡este rincón tiene de todo!
Más formaciones nos asombraban a nuestro paso.

Detalle de algunas estalactitas excéntricas.
Otro vídeo dando una vuelta por esta sala.

Avanzamos un poco más y, tras pasar por una diaclasa con algunas formaciones de color blanco puro, se abre ante nosotros la Sala de los Cristales, donde aparecen cristalizaciones que no habíamos visto en ninguna cueva de las que hemos explorado por Cuenca. Parecidas a Rosas del Desierto, pero con las agujas que las forman más finas y delicadas que las de éstas. Como finas agujas de hielo oscuro.

Delicadas formaciones en la Sala de los Cristales (pulsar sobre la fotografía para ampliar y ver en detalle)
Más cristalizaciones de Cuevamur.
 Pequeño vídeo ampliando las cristalizaciones de esta sala.

Estábamos ya cerca del temido Paso de los Retales, que no es otra cosa que una estrecha gatera que se suele hacer en sentido contrario al que nosotros llevábamos. Ya con la sed acumulada decidimos que éste era buen lugar para dar por finalizada nuestra exploración a Cuevamur y en este punto dimos la vuelta, recorriendo todo el camino por el que habíamos venido a la inversa.

Subiendo por el resalte de 8 metros tras dejar atrás el segundo pasamanos, ya de vuelta a la salida.
Detrás, en la oscuridad, se encuentra la Gran Sima, depresión que forma la Gran Sala de Cuevamur.
No sé exactamente cuánto tiempo estuvimos investigando los rincones de esta cavidad, pero sin duda disfrutamos mucho de la variedad de formaciones y del técnico recorrido que hay que realizar para progresar por esta cueva (pasamanos, trepadas, descensos, laminadores... ¡de todo, vamos!) pero nos gustó bastante, a pesar de no haber hecho finalmente el recorrido circular integral por fallos de planificación...

Dejo por aquí la topografía con el recorrido realizado, y el que quedó pendiente de realizar:

En rojo el recorrido que realizamos hasta la Sala de los Cristales, y en amarillo el recorrido circular completo que habríamos hecho de no haber olvidado llevar suficiente agua...
A la salida de la cueva, el pico San Vicente no tenía niebla en lo alto (había estado envuelto en la niebla desde que llegamos a Ramales de la Victoria dos días antes de entrar en esta cueva) así que aproveché para inmortalizarlo... y con estas vistas despido esta entrada sobre la excéntrica Cuevamur.

Pico San Vicente, al suroeste de Ramales de la Victoria, frente a Cuevamur.
De todos modos... permanezcan atent@s a sus pantallas. En unos días, la tercera y última crónica de esta Trilogía de Espeleología en Cantabria, esta vez, por la mítica Cueva de Coventosa.

miércoles, 27 de junio de 2018

PARTE I: Trilogía de espeleología en Cantabria - Cueva Cañuela (también llamada Cayuela) en Arredondo: la grandeza

Llegar a las inmediaciones de la Cueva Cañuela, fue ya de por sí un pequeño reto. Una carretera cortada que nos obligaba a dar un monumental rodeo por casi toda Cantabria (veníamos de intentar hacer una vía ferrata y dos barrancos cerca de Potes, pero el corte de la carretera en el desfiladero de la Hermida truncó esos planes y alargó nuestro viaje hacia Ramales de la Victoria, que era nuestro segundo destino) y luego, ya con el coche aparcado y el equipo a cuestas, perderse en la aproximación a la cueva por un camino de cabras, andando por un complicado lapiaz entre un denso bosque cántabro a 24 grados y con una humedad brutal (casi me deshidrato subiendo la ladera) hacía prever otro fiasco como el de la Hermida... pero cuando el GPS dice que estás cerca de la cueva, un chorro potente de aire frío te sorprende; miras ladera arriba y ves la inmensa boca de entrada excavada en la dura roca caliza del norte y entonces parece que todo lo anterior ha merecido la pena con creces, porque te das cuenta de que ahora te enfrentas a algo grande. A juzgar por la niebla y el aire frío que emana de la monumental boca de la cueva, es algo muy grande.

Ya en 1925, J. Carballo, fundador del Museo Provincial de Prehistoria, escribía esto sobre la boca de la Cueva Cañuela: "En los días calurosos vomita nubes, y muchos metros antes de llegar, el explorador siente helársele el cuerpo, ...". Esto sigue ocurriendo actualmente al pie de la letra.

En azul el itinerario de la aproximación partiendo desde un poco antes del kilómetro 1 de la carretera entre Arredondo y Bustablado. El punto rojo refleja la situación de la boca de la cueva.

Boca de la Cueva de Cañuela expulsando niebla y un viento realmente frío hacia el exterior. Desde aquí aún no se aprecian bien sus importantes dimensiones.

Unos grajos, o cuervos, que han anidado en el alto techo parecen saludarnos con sus graznidos, que para nosotros suenan más curiosos que amenazadores. Nos parece un buen augurio. Nos gustan los cuervos.

Por supuesto, voy con mi hermano: Mario (a partir de ahora será el Hermano Errante). Él es mi ‘compañero de cordada’. Un verdadero seguro de vida para meterse en sitios chungos y hacer que cosas peligrosas parezcan más fáciles. Él pone más cordura que yo en estas lides. Él es quien se informa, aprende, practica, me enseña y se perfecciona. Él me guía. Contigo siempre hermano.

Vale, ¡al lío! Estamos ante el frío aliento del macizo de la Peña Lavalle que tenemos delante, coronado por la aldea de pastores de Buzulacueva, donde se haya la sima de Tonio, que conecta con esta cueva de Cañuela haciendo una de las travesías más recorridas de España por su nivel técnico medio-alto y sus 6 horas de recorrido total.
Esta cueva es también llamada, y referida en varias publicaciones, como Cueva de Cayuela ya que, al parecer, en tiempos pasados se extraía de ésta un material usado antaño para construcción y denominado con ese nombre por los habitantes de la zona: la 'cayuela'.

Ya habíamos oído algo sobre las cuevas sopladoras. Esto es, más o menos, así: el aire caliente y húmedo que sopla el mar Cantábrico hacia tierra adentro desde unos 25 kilómetros al norte, asciende por enormes laderas escarpadas, entra por la estrecha sima, recorre las galerías debido a la diferencia de presión entre la boca de la sima y la de la cueva, que está cerca del fondo del valle, y se enfría en todo ese recorrido subterráneo llegando a alcanzar gran velocidad en los puntos estrechos y buscar la salida por la cueva, condensándose al contacto con el aire caliente exterior y soplando niebla constantemente. Hay que tener en cuenta que estamos en el mes de junio. Supongo que en invierno saldrá una corriente de aire constante igualmente, pero no formará niebla… bueno, en cualquier caso nos sorprende y hace que nos pongamos el equipo rápido antes de quedarnos fríos tras sudar de lo lindo en la aproximación.

Hermanos Errantes en la boca de la Cueva Cañuela, ya con todo el equipo de progresión puesto y preparados para entrar a este grandioso mundo subterráneo.

Queremos entrar cuanto antes en esta inmensidad subterránea pero, tras informarnos en Ramales de la Victoria y sabiendo que vamos a adentrarnos solo dos personas en un entorno no invita a cometer errores, que ahí casi siempre se pagan caros, seguimos las recomendaciones y llamamos al 112 para informar de la hora de entrada a la cavidad y la hora prevista de salida, para que, en caso de que surjan problemas y ese horario se sobrepase, alguien vaya a echar un vistazo. Este sistema de actuación nos pareció eficaz y, sin duda, ofrece seguridad a quien se adentra en terreno peligroso, ya sea una cueva, un barranco o cualquier lugar que no ofrezca posibilidad de comunicación con el exterior una vez en él. Debería implantarse y seguirse en todos lados.

Vídeo de entrada a la Cueva Cañuela con los cuervos, o grajos, que habitan el alto techo recibiéndonos entre graznidos.

La boca de la cueva se abre en dirección norte hacia el río Bustablado, unos 100 metros de altitud sobre el fondo de valle por donde éste discurre.

Por su colosal boca de entrada y sus dimensiones interiores, esta cueva es conocida desde antaño, citándose ya en el año 1846 en que se exploran los 200 primeros metros hasta el escarpe, y P. Madoz en su 'Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar' comenta de ella que: "... se extrajeron, el año anterior, columnas y piedras de cal carbonatada cristalizada...". También, en el apartado arqueológico se menciona el hallazgo de materiales paleolíticos, otros de la Edad del Bronce y algunos restos Medievales. Quizá por ello, todo el amplio corredor de entrada está bastante limpio y no presenta formaciones. Debió ser muy recorrido en tiempos pasados, y se debió extraer gran cantidad de material de esta primera zona de la cueva.

Boca de la cueva vista desde unos 100 metros en el interior de la Galería de Entrada.

Galería de Entrada antes de llegar al pasamanos.
Aquí la luz de nuestros focos hace el mismo efecto que el de una cerilla encendida en medio de la noche; no iluminan apenas nada ante la inmensidad de techos y paredes.

Tras avanzar los primeros 200 metros por la amplia galería, nos encontramos con un desfonde que se ha de cruzar por la izquierda, anclando los cabos de seguridad del arnés a un largo pasamanos, de unos 30 metros, montado por la pared para evitar dicho punto peligroso. Este primer obstáculo se hace pesado por su longitud, pero para nada es difícil, dado el buen estado de las cuerdas fijas que hay montadas allí.

Después del pasamanos, se avanzan unos 150 metros por la continuación de la gran Galería de Entrada y aquí ya se pueden elegir dos caminos: uno que continúa por la gran galería bajo el bloque empotrado (hay un enorme bloque rocoso empotrado sobre la galería y suspendido como por arte de magia a unos 20 metros del suelo) y que llega al Cañón Oeste; y el otro camino, que parte de una galería colgada sobre la principal. Éste último es el que nosotros seguimos. 
Para subir los 15 metros que hay que salvar antes de acceder a esa galería colgada, hay una cuerda fija instalada, con un fraccionamiento, que superamos mediante los aparatos de progresión vertical (en este caso puño o Jumar y bloqueador ventral o Croll).

Aquí aparezco yo trepando el último tramo del resalte de 15 metros que hay que salvar para acceder al paso llamado 'El Bulevar'.

Vídeo donde aparece el Hermano Errante superando el resalte de 15 metros en ascenso.

Tras esta trepada, estamos a las puertas de El Bulevar, que sigue siendo una galería tan enorme que nuestros focos apenas rozan techos y paredes con sus luces tenues.

Topografía de esta primera parte de la Cueva Cañuela. En rojo el itinerario que nosotros seguimos.
Hacia la izquierda, Cañón Oeste, hay empresas multi-aventura de la zona que llevan grupos de personas de visita, ya que la progresión por esa parte de la cueva no es complicada y sus dimensiones siguen siendo espectaculares, pero nosotros no queríamos facilidades y seguimos nuestra exploración por donde la cueva se vuelve más laberíntica, aunque sigue siendo enorme.
Topografía sacada de la completísima página del Club Espeleológico Viana, de Guadalajara.

Ahora avanzamos hacia la Sala de la Encrucijada, la cual dejamos atrás rápidamente para ascender, por una cuerda fija con nudos, un resalte de 2 metros entre bloques y llegar a 'El Patinazo' donde al comenzar a andar por la resbaladiza arcilla que cubre el suelo nos damos cuenta de lo acertado del nombre de este pasaje. Una vez pasado este tramo, ya vamos viendo como la cantidad de concreciones de las paredes aumenta, jalonando el camino de estalactitas largas y finas y algunas coladas que se derraman por las paredes.

El Hermano Errante observando las estalactitas.

Ya estamos cerca de la Sala más curiosa de esta enorme caverna: la Sala de las Sierras, donde se dan unas formaciones únicas, que en el libro 'Los Colores de la Oscuridad: Cantabria, un paraíso subterráneo' el autor describe así: “Extraña y única es la génesis de “sierras gigantescas” en Cañuela, donde las estalactitas con bastantes metros de altura  penden del techo con formas planas y amenazadoras. Sin duda, fue el viento el responsable, al provocar el crecimiento de la concreción a su favor”. La Sala de las Sierras es sobrecogedora a la vez que extraña. Dejo un vídeo que, si bien no muestra claramente la belleza de este lugar, pondrá al lector más o menos en situación:

Sala de las Sierras de la Cueva Cañuela. Pido disculpas por la mala iluminación, al parecer 350 lúmenes no son suficientes para iluminar adecuadamente las grandes cuevas de Cantabria...


Desde aquí seguimos avanzando en dirección suroeste hacia la Galería del 10 de Agosto. Lo de la dirección suroeste, aquí es la clave. Me explico. En estas grandes cuevas, con redes de galerías a varias alturas y salas de dimensiones tan exageradas, se hace casi indispensable el uso de brújula junto con la topografía de la cavidad, ya que es fácil extraviarse y no saber luego qué camino coger. Por suerte, mi hermano iba mirando la topografía de vez en cuando para saber por dónde íbamos y solo tuvimos que echar mano de la brújula, que yo llevaba, un par de veces para cerciorarnos de que el rumbo seguido era el correcto. Es muy importante orientarse bien en las cuevas grandes o laberínticas ya que, por ejemplo, en esta misma cueva se han dado varios casos de intervenciones por parte del servicio de emergencias para rescatar a grupos de espeleólogos que vagaba perdidos por estas intrincadas redes subterráneas sin encontrar la salida... al parecer nuestro sentido de la orientación no es malo bajo tierra. Nosotros no nos perdimos ni anduvimos en ningún momento por galerías sin saber dónde estábamos. Somos Errantes, ¿no?

Alma Errante entre estalactitas y estalagmitas, cerca de la Galería del 10 de Agosto.

Grandes e impresionantes estalactitas en la Cueva Cañuela, en la sala al final de la Galería del 10 de Agosto.

Topografía y recorrido seguido en esta segunda parte de la Cueva Cañuela.

Tras pasar la Galería del 10 de Agosto se oye un rumor que se va acrecentando conforme avanzas por la cueva. Se trata del curso activo de ésta, un río subterráneo que atraviesa la cueva por un desfonde entre el que nosotros pasamos con mucho cuidado y prestando máxima atención, ya que caer aquí (son 23 metros de pozo bajo el que discurre el agua, a juzgar por el sonido, con bastante caudal) supondría un grave accidente. Desde ahí accedemos a la Sala del Vivac, la cual cruzamos sin detenernos.

A partir de este punto dejamos de tomar fotos y nos centramos en avanzar con cautela ya que, llegando a la Antesala, el recorrido progresa por un caos de bloques ascendente con gran pendiente en algunos puntos e incluso con un paso de 4 metros con cuerda fija que hay que trepar con mucho cuidado. Este caos de bloques sigue ascendiendo constantemente y, guiados por hitos de piedra y tiras reflectantes colocadas por algunos grupos para no perderse al hacer la travesía, subimos alrededor de 80 metros de desnivel trepando entre grandes fragmentos de roca desprendidos del techo. Este avance cansa muchísimo y obliga a estar atento en todo momento ya que un resbalón puede ser catastrófico a estas alturas.

Ya queda muy poco. Nos acercamos a nuestro objetivo: la gran Sala Olivier Guillaume. Queríamos llegar a ella. Ya casi estamos.

En lo alto del caos de bloques nos paramos en seco. Estamos ante nuestra meta. Los focos luchan contra la inmensa oscuridad que nos arropa. Se ven retazos de paredes y techos, pero muy desdibujados por la gran distancia que nuestros haces de luz tienen que recorrer hasta dar con ellos. No es para menos, pues estamos en la 2ª sala subterránea más grande de España que con 302 metros de largo por 115 metros de ancho, y una superficie aproximada de 26.800 metros cuadrados, nos sobrecoge y a la vez nos tranquiliza. Aquí es donde conecta la sima de Tonio con la cueva Cañuela para dar lugar a la travesía Tonio-Cañuela que tantos espeleólogos realizan cada año. Aun con todas nuestras linternas encendidas, apenas logramos arañar la oscuridad que reina por siempre en este inmenso lugar, pero somos conscientes de que lo hemos conseguido. 

Nos sentamos en un sitio, más o menos plano, de entre el caos de bloques que cubre el suelo para beber agua y comer unos higos secos que traíamos de aperitivo. El aire helado que recorre la cueva aquí también se deja notar y tras un breve descanso nos ponemos en marcha para volver sobre nuestros pasos antes de quedarnos ateridos por el frío y la humedad.

Recuerdo las palabras que leí en un libro sobre alpinismo: "La cima es sólo la mitad del camino." y ésta era nuestra cima, pero estábamos a mitad de camino de volver a la superficie. Hay que desandar lo andando y, en las oscuras entrañas de la tierra, esto no es fácil. Por ello, damos la espalda a esta maravilla subterránea e iniciamos la bajada por el inmenso caos de bloques con más cautela aún que a la subida. Piernas y brazos en tensión constante, ¡un buen ejercicio vamos!

Topografía sobre la que he marcado el recorrido de la tercera parte de esta cueva hasta la gran Sala Olivier Guillaume, que era el punto hasta el que queríamos llegar en nuestra exploración.

No hubo ningún contratiempo en este recorrido de vuelta. Avanzamos por las grandes galerías de nuevo hasta el resalte de 15 metros que habíamos subido, y que ahora bajaríamos ayudados de los elementos de descenso (yo con descensor Dressler y mi hermano con descensor Stop) y volvemos a la Gran Galería de entrada. Cruzamos el largo pasamanos de 30 metros y volvemos a ver la luz del sol tras 5 horas y pico bajo el subsuelo cántabro. Salimos cansados pero exultantes. Misión cumplida.

El Hermano Errante descendiendo el resalte de 15 metros de la galería del Bulevar hacia la Galería de Entrada. Tuvimos que pelearnos con la cuerda fija para poder descender. Debido a la humedad estaba hinchada y los descensores no corrían bien, haciendo que la bajada fuese lenta y trabajosa, pero sin apenas peligro de caída.

Vídeo de la Galería de Entrada con mi hermano a lo lejos caminando hacia la luz diurna.


Topografía completa de la Cueva Cañuela, sacada de la página del Grupo Espeleológico Viana. La pongo por aquí para que el lector/a se haga una idea de las dimensiones totales de la cueva y de los 16.211 metros de desarrollo total con que cuenta el sistema.

Pues, de momento, eso es todo. Ésta es la primera crónica de una trilogía para mostrar las grandes cuevas que visitamos en Cantabria, por los alrededores de Ramales de la Victoria, durante la tercera semana de este mes de Junio.

En la próxima entrega la excéntrica caverna de: Cuevamur.

¡Hasta entonces!